Policiales

Violencia sin fin

Dos viviendas fueron baleadas con minutos de diferencia en la zona oeste y sudoeste   

Los ataques armados ocurrieron en la primera hora de este jueves y coincidieron en que las dos familias desconocen los motivos y no vieron a los tiradores. En uno dispararon seis veces en Vicente Medina al 6700 y en el otro gatillaron en 15 oportunidades en Castellanos al 5200   


Las viviendas de dos familias fueron blancos de las habituales balaceras y como pasa en la mayoría de estos ataques la angustia de los moradores se acrecienta porque no encuentran el motivo.  Los dos tiroteos que se conocieron en los primeros minutos de este jueves y con segundos de diferencia; uno fue en la zona oeste y el otro en la sudoeste.  Voceros policiales indicaron que no hubo heridos.

De acuerdo con fuentes policiales, el personal de Comando Radioeléctrico llegó a las 0.10 de este jueves a una vivienda de la cuadra de Vicente Medina al 6700, en la zona oeste.

En la vereda, los estaba esperando la propietaria, identificada como Eva, de 39 años, quien les  contó que escuchó media docena de detonaciones y cuando salió, se encontró con cuatro impactos en su ventana y dos en la pared.

La damnificada dijo que no alcanzó a ver a los autores y agregó que desconocía los motivos de tal agresión porque no había tenido problemas con nadie.

A las 0.20, unos gatilleros pasaron por la cuadra de pasaje 2028, continuación de Castellanos,  al 5200 y abrieron fuego contra la fachada de una casa que está casi en la esquina con Aurora, en barrio Plata de la zona sudoeste.

El dueño de la casa se llama Osvaldo y tiene 58 años. Tras los tiros, el hombre salió a la cuadra y paró a personal de Comando que pasó por la cuadra. Les contó a los uniformados que los disparos lo levantaron de la cama y cuando se asomó pudo advertir que el frente tenía al menos 15 impactos.

Dos plomos  traspasaron el portón de la cochera y quedaron incrustados en su auto mientras que otro entró por una de las ventanas. Además, la víctima entregó 10 vainas servidas a los policías mientras les contaba que desconocía el motivo de la balacera.

Osvaldo dijo desesperado ante los medios de comunicación que era enfermero, que hace dos décadas que vive en el mismo lugar, que no tiene problemas con nadie y que uno de los proyectiles traspasó la ventana y quedó incrustado en una de las paredes de la habitación de su hija. “Fue una desgracia con suerte”, concluyó con resignación el enfermero.

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