Edición Impresa, Policiales

imputado por confuso crimen en avellaneda oeste

Domiciliaria para empleado de la EPE


“Saqué el arma. La tenía en el bolsillo con las herramientas de trabajo. Empecé a disparar”, dijo Ezequiel Nicolás M., imputado ayer por asesinar a un supuesto ladrón. El hombre reconoció que pasadas las 14.30 del martes mató en barrio Avellaneda Oeste a Daniel Vallejos, de 23 años. Dijo que lo hizo para defender su vida. Según declaró, Vallejos le robó el celular y la billetera, apuntándole con un arma y él se defendió a tiros. Después, llevó al perro a la veterinaria –tenía, dijo, una cirugía programada– y luego se entregó a la Policía.

Al llegar a la Jefatura, presentó ante el personal de la División Judiciales el arma con la que disparó: una pistola Glock 9 milímetros registrada a su nombre, pero sin permiso de portación. También entregó un revólver calibre 22 que, dijo el tirador, usó Vallejos y que será sometido a pericias. El acusado señaló que la había juntado del piso para que el sindicado ladrón no pudiera dispararle.

La versión del amigo de Vallejos es otra. Dijo que un encapuchado les tiró desde una moto azul. Que también había otras dos personas en una Ford F-100  blanca y amarilla que los encerró desde atrás. El hombre vinculó los supuestos ataques con un hecho anterior del que fue testigo. El juez Héctor Núñez Cartelle creyó la versión del acusado, y le dio prisión domiciliaria por 15 días. El plazo podrá reverse según los avances en la investigación.

Versiones encontradas

Ezequiel Nicolás M. se sentó ayer en el banquillo de los acusados y narró su versión de los hechos. Enfrente estaban la esposa y el hermano. Dijo que era la primera vez que los veía desde el martes, cuando quedó detenido después de confesar haber matado a Daniel Alberto Vallejos. Contó que pasadas las 14 de ese día volvió a su casa de Valparaíso al 3200 en una moto verde Econopower, después de trabajar todo el día controlando medidores de la EPE.

La mañana del martes le había tocado la ruta de Mitre desde Ituzaingó a 27 de Febrero. Eran más de las 14 y, según declaró, quería comprar facturas para almorzar. Fue hasta la panadería de Rueda y Valparaíso y, al doblar por Rueda, frenó para atender el celular. El hombre contó que en ese momento dos personas se le acercaron desde atrás. Lo apuntaron con un arma y le pidieron las pertenencias. Ezequiel Nicolás M. dijo que se bajó de la moto y entregó el celular y la billetera. “Si se llevaban todo me hacían un favor. Defendí mi vida. Ya tenían mis cosas y me seguía apuntando”, contó el acusado, y dijo que sacó las herramientas que guardaba en un bolsillo del mameluco de trabajo y las tiró contra el supuesto ladrón.

Siempre según la versión del imputado, Vallejo gatilló el arma pero el tiro no salió. El hombre aprovechó ese tiempo: sacó una pistola Glock 9 milímetros que guardaba en el mismo bolsillo y disparó. “No miré alrededor, ni sobre la moto. Sólo miraba el arma apuntando”, contó.

Vallejos giró para irse y volvió a gatillar, dijo el acusado. Se trastabilló y cayó. Ezequiel Nicolás M. pateó el arma y la guardó junto con el celular y la billetera. Se subió a la moto que estaba en marcha y manejó en contramano hasta su casa por calle Rueda.

El empleado contó que la esposa lo esperaba en una Ford F-100 roja para llevar a la mascota al veterinario. Le confesó lo que había pasado y fueron a la clínica para una cirugía programada. Cuando volvió, se entregó en la Jefatura de Policía. “No salí ese día con intención de matar. En un complot. Perdí la sensación de control de mi vida. La tuvo esa persona y ahora la tienen ustedes”, agregó el acusado.

Aquel martes, dijo ante el ju ez, fue la primera vez que usó el arma que tiene hace dos años. Está autorizado a tenerla pero no tiene permiso de portación. Contó que rara vez la llevaba al trabajo, pero que ahora tenía miedo por una disputa que mantuvo con una persona que está detenida. No dio más detalles sobre el tema. El imputado negó identificar a los supuestos ladrones, que viven  sólo tres cuadras de su casa: dijo que en esas cuadras no se habla con nadie. Al entrar en la sala de audiencias, saludó a un guardia de seguridad: se conocían del barrio.

La otra versión

El fiscal Pablo Pinto describió los hechos narrados por el acompañante de Vallejos. Dijo que iban caminando hacia la casa de la abuela del testigo para cobrar un trabajo. Y que una moto azul que circulaba por Valparaíso frenó delante de ellos. Desde Rueda, una Ford F-100 amarilla y blanca con dos hombres con parte de sus caras tapadas estacionó dejándolos encerrados. El motociclista, un hombre de unos 30 años, con barba blanca y encapuchado, se bajó y disparó unos 12 tiros. Vallejo empujó a su compañero y recibió los disparos en el abdomen y glúteos. El testigo dijo que corrió y chocó el hombro contra el auto, y que no pudo asistir a su amigo porque el encapuchado seguía disparando. Ellos, aseguró, no llevaban armas. El hombre dijo que no conocía a los agresores, pero relacionó el hecho con una causa anterior. El amigo de Vallejos había sido testigo en un homicidio cometido por un integrante de la llamada Banda de Pandu, asentada en Villa Banana.

El fiscal Pinto dijo que la autopsia determinó que Vallejos murió por una hemorragia abdominal severa. Tenía tres orificios de entrada, en la cara anterior de abdomen, lateral del glúteo izquierdo y cara posterior del glúteo derecho: un balazo por delante, dos por la espalda. Dijo que en la billetera del imputado había un carné de conducir de una Ford F-100. El modelo coincide con el denunciado por el testigo, pero el color es distinto. Pinto solicitó peritar el celular del imputado y las armas de fuego, y sumar el testimonio de una oficial que llamó al 911 para denunciar los disparos.

El fiscal pidió prisión preventiva por homicidio agravado por uso de arma de fuego con portación ilegal de arma. Pero el juez Núñez Cartelle consideró que el relato de Ezequiel Nicolás M. fue admisible. Valoró que confesará el hecho y entendió que puede tratarse de legítima defensa con algún exceso. El magistrado le otorgó prisión domiciliaria por 15 días, con la posibilidad de salidas laborales.

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