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Diez años sin el Negro más querido


Evocar la figura del Negro Fontanarrosa podría resultar un lugar común si no fuera porque en cada relato que se acerca o se escucha vuelve a aparecer la sorpresa, la empatía, y sobre todo lo entrañable. Se cumplen hoy diez años de su muerte, y más que nunca, está presente en un imaginario colectivo que resiste su partida, un hecho que confirma que los grandes artistas viven a través de su obra y de su anecdotario.

La resistencia y al mismo tiempo el deseo de ser famoso, los comentarios sottovoce acerca de los demás, el fútbol, las mujeres, los prejuicios y la ineludible competencia masculina, discurren en la obra de este artista gráfico y escritor sorprendente, casi tan rosarino como el Monumento a la Bandera, el clásico del fútbol local o el histórico Bar El Cairo de Sarmiento y Santa Fe, donde surgió y aún continúa en pie La Mesa de los Galanes, un vergel de datos surgidos de charlas interminables que luego se transformaron en la materia constitutiva de algunos de sus relatos, y hasta incluso en un libro homónimo.

Dimensionar la figura

A través de un sinnúmero de actividades, por estos días, la ciudad rinde homenaje a uno de sus más grandes referentes. Una película, una megamuestra en el Galpón 13, encuentros, charlas, y programas especiales de radio y tevé, buscarán dimensionar su enorme figura, la de un intelectual que no renegó de la belleza del costumbrismo ni de la sabiduría de las cosas simples.

“El Negro era un tipo al que se lo veía más bien introvertido; de todos modos es algo que quizás  cambió con el paso del tiempo. Recuerdo cuando lo acompañé al Congreso de la Nación, donde fue reconocido, y me dijo: «Pensar que de estas cosas nosotros nos reíamos, no le dábamos bolilla; la verdad es que ahora me siento bien». Seguramente, todo lo maravilloso que está pasando en estos días le hubiese gustado, lo hubiese recibido de buena manera. Y ahí está el hombre, ahora lo tenemos por todos lados, siempre muy presente”, expresó Ricardo “Negro” Centurión, histórico integrante de La Mesa de los Galanes y amigo personal del Negro.

En la belleza de los detalles del anecdotario pareciera estar la clave de la obra de un artista que hizo un culto de la amistad. De hecho, La Mesa de los Galanes es una herencia en sus amigos que noche a noche siguen apostando a charlas interminables en el corazón de El Cairo, frente a la barra, un espacio que logró superar el cambio estético y cultural que tuvo que atravesar años atrás. “Todo lo que el Negro escribió sobre mesas y reuniones de amigos estaba muy cerca de la realidad; hay un origen en La Mesa de los Galanes de muchas cosas que surgieron en las charlas y que nosotros ni siquiera las advertimos. Lo que para nosotros terminaba siendo una pavada, el tipo lo agarraba y lo transformaba en genialidades”, expresó Centurión. Y agregó: “El tema de La Mesa de los Galanes, que claramente es una ironía, sólo basta ver a los integrantes (risas), fue una idea que maduró, pero que surgió en la radio con el programa «La Linterna», que hacía el recordado Félix «El Pelado» Reinoso. Era un programa de cinco horas, y él, que era un personaje divino, un improvisador, cuando le surgía alguna laguna, recurría siempre a lo mismo: «Pasé por El Cairo, y estaban los muchachos, los de la mesa de los galanes», decía, y terminaba contando alguna cosa. Para El Pelado era un recurso, y a esa altura, en los 80, no había cuento, no había libro, no había nada. Los oyentes de la radio iban a El Cairo a buscar a «los galanes», y los mozos, que eran como parientes nuestros, no lo podían creer, se reían mucho y nos ofrecían: «Llévese el que quiera, señora», solían decir, pero cuando las señoras veían lo que había para llevarse, se daban cuenta que habían sido víctimas de la fantasía de la radio (risas). Después eso se transformó en un libro maravilloso”.

Los temas de la Mesa

“Hablábamos de muchos temas: de fútbol, de mujeres, de muchas cosas, algunos temas vinculados a la política. La cuestión era que si hablabas mucho, te cortaban, porque siempre queríamos hablar todos, y en principio, éramos diez, más allá de que con el tiempo se sumó otra gente. La idea era la de la opinión, no la de la disertación. Y algunos temas y algunos de los integrantes terminaban siendo motivo de broma”, expresó quien mañana se sumará a recrear La Mesa de los Galanes en el Galpón 13, en el marco de una muestra homenaje a Fontanarrosa, junto a sus amigos Rubén “Pitu” Fernández, Chelo Molina, Chiquito Martorel, Colorado Vázquez y Luis Castillo, entre otros, con la participación como moderador del periodista Roberto Caferra.

Diálogos interminables de personajes reales que una vez en la ficción adquirían un vuelo inusitado, marcan la obra literaria de Fontanarrosa. “El Cairo era y es el lugar del encuentro diario. Nosotros tomábamos café, el Negro, mate cocido, y también había algún borrachín. Era ese lugar para los amigos. Yo soy muy de abrazarme con la gente pero entre nosotros, los de la mesa, que nos creíamos unos duros tremendos, no. Me acuerdo que un día, cuando el Negro ya estaba bastante mal de salud, empezamos a saludarlo con un beso en la frente. Me dijo: «No está mal esto de darnos un beso entre hombres». El tema era que no podía darnos la mano. De todos modos, nos reíamos mucho entre nosotros y de cada uno de nosotros, ése era el tenor de la mesa, y el Negro recibía el crudo de todo eso, de ese «maltrato» medio actuado que se transformaba en cosas maravillosas cuando él lo volcaba al papel. Todo eso está en sus relatos”.

Fue, también, la mesa por la que pasaron figuras emblemáticas del espectáculo y la cultura nacional e internacional, como Eduardo Galeano o Joan Manuel Serrat, entre muchos otros. “Pasó mucho tiempo, pasaron casi cuarenta años, pasó mucha gente; los grandes artistas que pasaban por Rosario estaban ahí, con nosotros. Creo que el Negro fue un tipo al que no han leído tanto como lo han querido. Mucha gente sabía quién era, alguien a quien querías enseguida, mucha gente que compartía ese momento con él, porque estaba en la mesa de al lado. El entraba a El Cairo y saludaba a todo el mundo”, agregó Centurión.

“En La Mesa hablábamos mucho de fútbol, mucha cargada por los equipos locales, pero eran otros tiempos, esperábamos el lunes para encontrarnos después de los clásicos y no como ahora que al toque te mandan la foto del gol por el celular; un poco se ha perdido esa mística de la gastada inocente entre amigos. Y hablábamos también de mujeres, porque en aquellos años un poco de bolilla nos daban (risas). Pero básicamente hablábamos de Rosario, de cosas de acá, tanto es así que, como la ciudad, La Mesa tampoco tiene fecha de fundación, si nos preguntan a cada uno, vamos a dar diez fechas distintas, de todos modos, tomamos como punto de partida un partido de futbol que jugamos, donde todos teníamos unas camisetas blancas con una ilustración del Negro con un camellito pisando la pelota, que decía El Cairo. Nos veníamos juntando desde un poco antes, pero eso fue a fines de los años 80. Igual, en mi caso, voy a El Cairo desde los 14 años, era otra época, que muchas veces añoramos pero que no extrañamos porque no se extrañan los lugares sino las personas que ya no están”.

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