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Deuda, dólares y oro, ejes de la futura monetización argentina

Los desafíos monetarios argentinos indican una fuerte presión de compromisos externos asumidos por la administración de Mauricio Macri que deberán ser renegociados críticamente, al igual de establecer fuentes genuinas de financiamiento estatal que fueron discontinuadas


La vigencia de la afamada Diplomacia del Dólar como nódulo central de la obra de cabecera de Juan Domingo Perón La Hora de los Pueblos, publicada a fines de la década del sesenta –y previo al descalce del oro como respaldo del dólar por los Estados Unidos en 1971 por la administración de Richard Nixon– nos halla frente al despliegue geopolítico imperial de manera global que emana la orden de la acumulación de dólares por parte del resto del mundo.

Naciones poderosas del corte de China y Rusia –y en parte leve Alemania– han comenzado con una política de acumulación monetaria basada en el oro, desprendiéndose lenta pero continuamente de emisiones denominadas en dólares americanos y en el largo plazo realizar intercambios comerciales por fuera de la moneda imperial, algo que ciertos países de Medio Oriente como Irán comenzaron a comercializarse en euros. Venezuela trata de hacer lo propio también.

Los desafíos monetarios argentinos –a partir del supuesto 10 de diciembre de 2019– indican una fuerte presión de compromisos externos asumidos por la administración de Mauricio Macri que deberán ser renegociados críticamente, al igual de establecer fuentes genuinas de financiamiento estatal que fueron discontinuadas. No sólo para enfrentar dichos empréstitos sino para afrontar las diferentes emisiones por parte del BCRA, que son un elemento desestabilizante absoluto del tipo de cambio.

Dicho esto, los abundantes yacimientos de oro argentino explotados por empresas extranjeras deben ser objeto de una política no sólo minera sino monetaria, donde se establezca –al igual que en Ecuador– un fuerte arancel sobre la extracción del metal y que pueda ser cancelado en mineral para que su destino final sea genuinas reservas monetarias del Banco Central que permitirán estabilizar el tipo de cambio evitando una presión inflacionaria relevante.

Asimismo, al ritmo de que se incorporen reservas áulicas, los billetes de dólares deben ser utilizados para su giro externo bajo un sistema de monitoreo de los giros financieros por parte del capital concentrado en la Argentina, que van a ser compensados por el grosor de las reservas locales que actuarán como monetización estable del peso argentino donde la emisión –independiente para lubricar el mercado interno– será desafectada de los guarismos inflacionarios.

Bajo un programa monetario de largo plazo con objetivos claros y precisos, también se evitarán los efectos de las crisis cíclicas del capitalismo –en esta etapa de carácter financiero– protegiendo el trabajo y el ahorro de todos los argentinos.

Un capítulo aparte merece la atención sobre la presencia de bases extranjeras que operan en el país, donde se debe emular el accionar del presidente de Bolivia, Evo Morales, quien puso un punto final a dichas intromisiones en nuestros territorios nacionales.

La Geografía siempre dice presente, en particular en el 8° país con mayor despliegue territorial del planeta, donde es claro hace ya casi dos siglos los intereses geoestratégicos de la potencia imperial sobre la potencialidad de nuestros recursos.

Recuperemos lo nuestro.

Geógrafo (Universidad de Buenos Aires) y analista político

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