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Desde los tehuelches y pese al extractivismo, aumenta la población de guanacos en Santa Cruz

La población de la especie sigue aumentando en la región a pesar de actividades como la minería, y de los intensos fríos temporales. Es una presencia que tiene continuidad desde los tiempos en los que esa tierra estaba poblada solo por los pueblos originarios


La población de guanacos sigue aumentando en Santa Cruz a pesar de las actividades extractivistas, como la minería, en una presencia que tiene continuidad desde los tiempos en los que esa tierra estaba poblada solo por los tehuelches y, si bien el crudo invierno produjo la muerte de muchos animales, expertos y pobladores aseguran que la cantidad de camélidos en la provincia continúa en aumento.

Un equilibrio profundamente alterado

Los tehuelches, primeros habitantes de la zona sur del país, a partir de las barreras naturales que establecían los ríos, convivieron con los guanacos “desde siempre” porque “les servía para mantener una dieta muy equilibrada, que puede ser una causa de su longevidad; y también con sus cueros se cubrían y construían sus tolderías”, explica el docente investigador de la Universidad Nacional de la Patagonia Austral (Unpa) Juan Vilaboa.

“Este equilibrio se alteró profundamente, cuando estas tierras se integraron al mercado mundial a partir de la cría del ovino. Varios trabajos detallan cómo muchas especies autóctonas fueron extinguidas para que no compitan por el alimento con las ovejas” y por ello el número de guanacos fue disminuyendo significativamente hasta que “a partir de los años ochenta se inició una campaña para frenar su exterminio”.

“Ya en los años cincuenta los estudios del ingeniero Soriano, fueron dando indicios de un proceso acelerado de desertificación del suelo en la zona de la meseta central de la provincia, que hoy cuenta con cientos de establecimientos ganaderos cerrados”, resalta Vilaboa.

La polémica, “es en escala pequeña como los debates que afectan al planeta: o se opta por un extractivismo salvaje, que no considere a las especies autóctonas, o del otro lado la idea de conservar todo en estado natural.

Para nada las generalizaciones, a partir de unos casos en determinada región, nos brindan un panorama global del camélido. La naturaleza y su explotación es un espacio de debate político con conclusiones que podrían no coincidir con la verdad académica”, aseguró el catedrático.

Plan de manejo sustentable: una acción estratégica

El último censo del año 2015 precisó que en el territorio provincial habría un millón quinientos mil camélidos, informó Amanda Manero, de la dirección de fauna del Consejo Agrario Provincial (CAP) y “este año fueron cientos los guanacos muertos hallados pero no podemos hablar de mortandad. Murieron muchos con las condiciones climáticas del duro invierno pero nacen y nacerán muchos”, aseguró la académica.

El plan de manejo sustentable es una de las principales acciones que llevan adelante el Estado, los privados, los investigadores y las ONG. A esas acciones concretas realizadas “este año no se sumó mucho más por la pandemia” y, según informó Javier de Urquiza, presidente del CAP, la declaración de emergencia agropecuaria por parte de la Nación, incluye a los camélidos y los programas que quedaron truncos.

“Lo convalidaron a nivel nacional, reconociendo la situación. Hemos solicitado alguna ayuda económica, para ver si se puede en parte atenuar el efecto que ha tenido el invierno en algunas zonas de todos los departamentos”, aseguró públicamente el funcionario.

Abundancia de guanacos

Productores ganaderos ven en la explotación de los guanacos una salida eficiente a los actuales padecimientos del campo. Tullia Castillo, de la estancia La Porteña, cercana a Las Heras (zona norte provincial) dijo que “si el gobierno me dice que me ayuda para la cría de guanacos, sería la mujer más feliz del mundo porque aquí es lo que más tenemos”.

“Hay muchísimos más que antes”, aseguró al recordar que en las zonas de explotación minera “se cuida mucho el medio ambiente y los guanacos viven tranquilos; aunque comen el mejor pasto y toman la mejor agua” y recordó que “el principal enemigo en esta época de parición es el zorro colorado que nos hace mucho daño”.

Cecilia Fernández Gotti, ganadera de la zona sur, en el departamento Lago Argentino, aseguró que “hubo guanacos muertos en el campo de veraneada, arriba, que los encontramos ahora. Se ve que con la nieve no pudieron bajar; pero igual hay muchísimos”.

Las condiciones de este año no permitieron hacer un relevamiento integral: “Tuvimos datos de personal del Consejo Agrario por un lado, de Parques Nacionales, de la Policía Provincial, donde no había nada que pudiera sugerir que no murieron por causas naturales.

Cuando el frío es intenso, persistente, con nieve, tienen menos posibilidades de alimentarse y son víctimas de otras enfermedades”, insistió Manero.

Todo depende de decisiones políticas

Santa Cruz, final continental del territorio, tiene poco más de 250 mil kilómetros cuadrados que, se presume, fueron ocupados a partir de migraciones por el estrecho de Bering. Sus habitantes han convivido hasta hoy con los guanacos.

“La polémica, como en el resto del mundo, se desarrolla en torno a un sistema extractivista que no considere a las especies autóctonas o en el otro extremo a los que sostienen que se debe conservar todo en estado natural”, insisten.

En el medio, “la academia tratando de pregonar un desarrollo sustentable con acciones y resultados a largo plazo” que siguen dependiendo de decisiones políticas.

Una drástica reducción desde la época colonial

“Guanaco” (Lama guanicoe), del quechua “wanaku” o “Luan” en lengua mapudungún hablada por la etnia Mapuche, es uno de los cuatro camélidos que viven en Sudamérica, abarcando ambientes áridos y semiáridos desde el nivel del mar hasta los 4500 metros de altitud.

En Sudamérica, desde la colonización europea, el número de guanacos se redujo de entre 30 y 50 millones a 600 mil ejemplares. Hace unos ocho mil años atrás, el guanaco se transformó para las poblaciones aborígenes que habitaron el territorio de la Patagonia (Selk’nam, Tehuelches y otras), en el recurso básico para su subsistencia ya que les proveyó de alimento, vestimenta y vivienda.

Antes de la introducción de la oveja en la Patagonia vivían libremente unos 22 millones de guanacos.

A principios del siglo XX quedaban unos siete millones, y en ese entonces, los ganaderos de Santa Cruz convocaron a una erradicación total de la especie, con el argumento de que hacían competencia con sus ovejas y que no era una especie que se pudiera comercializar, postulando una visión sólo rentable de un animal que es parte del ecosistema de la región y que estaba allí mucho antes que los asentamientos ganaderos.

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