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GEOPOLÍTICA INTERNACIONAL

Desafíos de cara a un nuevo orden internacional

Los últimos 28 años, enmarcados en la imprecisión del concepto de Posguerra Fría, fueron escenario de múltiples cambios que, con pocas excepciones, no aportaron ni estabilidad ni equidad a nivel global. Evaluar lo acontecido y aseverar una prospectiva sobre su evolución no es una tarea sencilla.


La caída del Muro de Berlín y la implosión de la URSS evidenciaron el fin de la Guerra Fría y, simultáneamente, el inicio de un período de transición del orden mundial que se proyecta hasta nuestros días.

Los últimos 28 años, enmarcados en la imprecisión del concepto de Posguerra Fría, fueron escenario de múltiples cambios que, con pocas excepciones, no aportaron ni estabilidad ni equidad a nivel global. Evaluar lo acontecido y aseverar una prospectiva sobre su evolución no es una tarea sencilla y, por ello, constituye un desafío para la disciplina de las Relaciones Internacionales.

La historia de las Relaciones Internacionales muestra que las transiciones de un orden a otro nunca fueron calmas.

En la actualidad ese proceso está atravesado por cuestiones de diversa envergadura y distinto grado de impacto.

Algunas afectan al mundo como totalidad y otras aquejan a algunos estados y a sus sociedades.

A nivel global, ciertos datos muestran las diferencias entre el presente y el orden liberal creado después de la Segunda Guerra Mundial; así podemos destacar algunos aspectos:

• La ausencia de un actor estatal capaz de crear valores universales y bienes públicos que habiliten la gestión de una “hegemonía benevolente”; hoy Estados Unidos ya no cumple ese rol, todavía no aparecen actores estatales que puedan reemplazarlo plenamente y el mundo es más multipolar que en el siglo pasado.

• El traslado del eje económico internacional de Occidente hacia la región del Asia-Pacífico, evidenciado en el incremento de los atributos de poder económico y político de China.

• La debilidad de la diplomacia multilateral, representada por organizaciones que fueron diseñadas a imagen y semejanza de un mundo que ya no existe.

• La globalización y su articulación con el capitalismo financiero en detrimento del capitalismo productivo.

• La participación social vía referendums que abordan desde planteos secesionistas hasta el rechazo de los criterios establecidos para procesos de pacificación.

• La presencia de una agenda global con temas que reclaman una solución de conjunto, algo que no solía ser común durante la Guerra Fría.

A nivel estatal también se detectan cambios importantes.

Aunque la erosión de las capacidades del Estado como actor estructurante del orden mundial es un dato existente desde los setenta, con el paso de los años su autoridad tendió a enfrentar nuevos desafíos. El incremento del crimen transnacionalizado –cuyas manifestaciones incluyen, entre otras, el tráfico ilegal de armas, el narcotráfico y la trata de personas– aumentó la violencia al interior de las fronteras y afectó la calidad de las democracias.

En el ámbito de las amenazas, el terrorismo internacional se destaca no sólo por su capacidad lesiva sobre blancos civiles sino por convertirse en el eje en torno del cual giró, desde 2001, la política exterior de Estados Unidos y otras potencias.

Sin embargo, la “guerra contra el terrorismo” no ha logrado aún detener su expansión sino que, por el contrario, las consecuencias políticas, económicas y militares surgidas de las operaciones multinacionales, en los países identificados como “santuarios terroristas”, habilitaron nuevas manifestaciones de este fenómeno, como el caso del Estado Islámico, cuyo nivel de violencia se hizo sentir a través de numerosos ataques.

Otro aspecto clave de la debilidad estatal se vincula con la consolidación del capitalismo financiero y, consecuentemente, del sector financiero transnacional como actor no gubernamental con amplia capacidad para influir en el destino de las distintas sociedades nacionales. Si bien este fenómeno se inició con los cambios operados en los ochenta de la mano de la revolución neoconservadora liderada por Ronald Reagan y Margaret Thatcher, la hegemonía neoliberal alcanzó su plenitud en los noventa, con el impulso de actores políticos progresistas como Bill Clinton y Tony Blair.

Las consecuencias negativas de este proceso se evidenciaron primero en los países en desarrollo, con una sucesión de crisis financieras que se iniciaron en México, pasando por el sudeste asiático, Rusia, Brasil y llegando a la Argentina en 2001.

En ocasiones, estas debacles económicas generaron severas crisis de representatividad política.

Aunque en un primer momento los sistemas políticos de los países centrales permanecieron inmunes, esta tendencia comenzó a modificarse a partir de la crisis financiera de 2008, que afectó la calidad de vida de varias sociedades desarrolladas.

Por esta razón, como afirma Nancy Fraser, la “insubordinación política” interpeló al mundo en los últimos dos años: el Brexit en el Reino Unido, la oposición a las reformas propuestas por Matteo Renzi en Italia, la fortaleza inesperada de las propuestas de Bernie Sanders en las primarias estadounidenses, el triunfo de Donald Trump, la llegada de Marine Le Pen al balotaje en Francia son muestras que, con ideología y objetivos políticos distintos, estas rebeliones de los votantes comparten la crítica hacia la alianza entre el establishment político y el económico, la concentración de la riqueza a nivel global, la precarización laboral, el endeudamiento excesivo y los reclamos de austeridad, todas pautas fomentadas desde el capitalismo financiero.

Frente a todo esto, politólogos e internacionalistas, conscientes de la inexorable conexión entre las condiciones domésticas e internacionales, comenzaron a reflexionar sobre las consecuencias de este proceso de transición del orden mundial.

La caracterización de los populismos de derecha y de izquierda, el resurgimiento de la xenofobia y el racismo, la concentración de la riqueza, las tensiones entre proteccionismo y apertura, los cambios en los procesos de integración, la persistencia de conflictividad en numerosas regiones, y el ascenso y descenso relativo de las capacidades de poder de ciertos actores estatales, son algunos de los temas analizados en el campo disciplinar de las Relaciones Internacionales. Las certezas no suelen ser parte del quehacer cotidiano de los científicos sociales, pero el orden internacional de nuestros días es inestable, inequitativo e involucra innumerables desafíos políticos. Simultáneamente, la academia debe avanzar en la conformación de diagnósticos robustos que nos permitan a los argentinos enfrentar los inmensos e inesperados desafíos del presente y del futuro.

(*) Investigadora de Conicet y Docente Titular de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la UNR.

Espacio de colaboración entre este diario y la Escuela de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales para promover la reflexión y opinión de los asuntos globales.