Ciudad

Memoria y arquitectura

Demolición de inmuebles y nuevas edificaciones: disputa por el patrimonio de la ciudad

Fernanda Gigliani, presidenta de la comisión de Planeamiento del Concejo se refirió la venta del inmueble de una emblemática esquina de la ciudad, Mitre y pasaje Simeoni, donde estaba el bar Jekyll&Hyde y la alarma ante nueva pérdida. Alertó sobre especulación inmobiliaria y departamentos ociosos

Fotografía: @rosariosalero

¿Cómo se mide el valor de una esquina? ¿Qué convierte un lugar en un patrimonio a cuidar? ¿Su arquitectura, su historia, sus simbolismos? En el centro de Rosario a la altura de Mitre al 300, el bar Jekyll&Hyde, la esquina frente a “la plaza del Che”, la cuadra de los bajos de Berlín, la de la Parrillita de Don Alberto, cambia para siempre. ¿Su destino será el mismo que sufrieron tantos inmuebles del centro de la ciudad? ¿Una torre de departamentos que tape uno de los pocos pedazos de cielo que quedan a los rosarinos que viven en el centro?

Las preguntas pueden seguir y la concejala por Iniciativa Popular Fernanda Gigliani, al frente de la comisión de Planeamiento de ese cuerpo, se hace las siguientes: ¿Qué respuestas da el Estado frente a lugares que tienen valor patrimonial para un sector de la sociedad? ¿Cómo se mantienen estos lugares? ¿Qué niveles de ocupación tienen los edificios que se construyen día a día, año a año, en Rosario? ¿Estas construcciones son una respuesta al problema habitacional que padece la ciudad?

Este lunes se viralizó en redes sociales una foto de la emblemática esquina de Mitre y pasaje Simeoni junto a la noticia de que el bar Jekyll&Hyde ya no estará más, el inmueble fue vendido. Si bien todavía no está claro si será un terreno destinado a la edificación, muchas rosarinas y rosarinos se inquietaron por la posibilidad ante la enorme cantidad de torres construidas en la última década en la gran mayoría de las manzanas del centro.

Desde marzo de 2008 existe en la ciudad una ordenanza: “Inventario y Catalogación de Bienes del Patrimonio Histórico Arquitectónico y Urbanísticos de la Ciudad de Rosario”. En este catálogo se incluyen inmuebles desde la óptica de preservación por su valor arquitectónico, pero en estos lugares no necesariamente se contemplan, explicó la concejala, lugares que puedan tener un valor histórico, cultural o hasta sentimental.

Gigliani detalló que el inmueble de la esquina de Mitre y pasaje Simeoni no está catalogado pero que, de igual manera, “a la obra privada no se la frena con declaraciones de patrimonio cultural”. “Si se quieren preservar estos lugares, la única manera sería que el Estado se haga cargo de los inmuebles y defina sus funcionalidades. Es decir, para preservarlos hay que expropiar”, amplió.

Para la concejala, la normativa vigente es básicamente una declaración, por lo que debería existir, considera, una ley provincial para definir qué ocurre con tantos espacios de la ciudad que han sido demolidos o que están próximos a demolerse.

“Los arquitectos y especialistas que analizaron manzana por manzana para poder confeccionar este catálogo valoraron si los inmuebles pertenecían a algún movimiento arquitectónico o si fueron hechos por algún arquitecto reconocido. ¿Con el valor cultural cómo se hace? Con una ordenanza no se puede frenar que esos inmuebles no se derrumben ni se hagan edificios”, desarrolló la edila.

Avanzó en su planteo y consideró que sería bueno que el Estado se dé un debate donde las vecinas y vecinos estén involucrados. “Quizás sea hora de pensar al patrimonio desde una perspectiva cultural, histórica y simbólica, no sólo arquitectónica y urbanística. Con la participación de vecinos en cada barrio se podría pensar qué sectores tienen que estar protegidos y si coincidimos el Estado tiene que avanzar hacia la expropiación. Hoy existen convenios de patrimonio pero no siempre se destinaron donde más se lo necesita, como pasó con el (hotel) Savoy. Mientras tanto, hay personas que no tienen los recursos para mantener lugares declarados como patrimonio y pueden caer en el estado de ruina porque no hay con qué conservarlo”, señaló.

“Se trata de definiciones políticas de los gobiernos”, sostuvo Gigliani y afirmó: “Lo que muchas veces se siente es que en las gestiones municipales hubo complicidad para destruir algunos lugares, no hay ánimo de conservación”. Si bien hay sectores de la sociedad en línea con esta postura, hay otros que no lo están y que no encuentran amparo para sus reclamos.

“Más allá de la crisis se siguen emitiendo permisos de edificación. Lo que más me preocupa es que no se está pensando para quién se construye. Hay un avance en la construcción de edificios y unidades habitacionales pero por otro lado hay un déficit habitacional alarmante. No todas estas construcciones terminan habitadas por quienes realmente necesitan donde vivir. Por eso necesitamos discutir la sobretasa de los inmuebles ociosos. Como Estado hay que generar herramientas que resuelvan un derecho constitucional que es el derecho a la vivienda. Hoy solo se está construyendo para la especulación inmobiliaria”, concluyó.

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