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Bandas narco

Del Fonavi al glamour: la historia de Daniela Ungaro

La mujer detenida en su casa de Funes es la hija del Bola Ungaro, conocido pirata del asfalto. Es hermana de Chapita, célebre asaltante. Y de René, que está preso por el crimen del Pimpi Caminos, quien fuera líder de la barra brava de Newell's. Y hasta tuvo una época donde se codeó con famosos.


Por Daniel Schreiner y Silvina Tamous

El nombre de Daniela Ungaro siempre estuvo presente en la crónica policial a partir de sus hombres. Es la hija del Bola Ungaro, conocido pirata del asfalto. Es hermana de Chapita, célebre asaltante. Y de René, que está preso por el crimen del Pimpi Caminos, quien fuera líder del paravalancha leproso y quien fue acusado por los investigadores de liderar la banda de traficantes opuesta a la de Alexis Caminos y que tiene en el exterior a los Funes, ahora presos o muertos.

Pero también tuvo su época de glamour. El hombre con el que eligió compartir más de una década de su vida fue Luis Medina. Cuando eran pobres, ella y su marido tenían un bar de su propiedad ubicado en Avellaneda y Gálvez, frente al boliche Mogambo. Se llamaba Daylu (por Daniela y Luis). Daniela Ungaro era por entonces la pareja de Luis y con él armaron el polémico boliche Esperanto en 2012, una especie de blanqueo que salió mal ya que fue clausurado por el municipio. Pero nada quita el glamour de la inauguración, donde las figuras más mediáticas de la tele se sacaron fotos con unos elegantístimos Medina y Dany, que brillaron en los Facebook y en los programas que auspiciaban un futuro lleno de famosos para el lugar, que nunca logró funcionar más de unos fines de semanas y marcó la caída de Medina, que un año después fuera acribillado a balazos.

“En este país tenés que hacer primero la plata. Cuando tenés la plata, tenés el poder. Cuando tenés el poder, tenés las mujeres”. Luis Medina, alias Gringo, se identificaba con Tony Montana, aquel personaje de un cubano exiliado en Miami que cumple el sueño americano de dinero, poder y mujeres a fuerza de violencia y tráfico de drogas; Medina tenía un yate llamado como la película Scarface (Brian De Palma, 1983), y encargó a un artista plástico local un óleo del personaje interpretado por Al Pacino para la inauguración –en agosto de 2012– de Esperanto Rosario.

La pintura la tenía en su casa, mientras que en el VIP del local se podía ver un póster con la foto que lo había inspirado. Fue parte de su estrategia de blanqueo de convicto por robo calificado a empresario hecho y derecho a través de la franquicia de un boliche que en Buenos Aires convoca a ricos y famosos y que en su capítulo rosarino terminó mal: jaqueado por los vecinos que se quejaban por ruidos molestos y denunciaban que funcionaba como disco y no como bar, tal el rubro por el que había sido habilitado. El cuerpo de Medina, al volante de un Citroen DS3, fue hallado en el amanecer del domingo 29 de diciembre de 2013 agujereado por los disparos de sicarios que se movilizaban en una moto y un auto en el acceso sur, a la altura del bajo Ayolas. Con él fue asesinada su novia, la joven modelo rosarina Justina Pérez Castelli, de breve fama como botinera del Ogro Fabbiani bajo el alias de Justine Fuster.

Fue a fines de mayo de 2005 cuando Medina cayó al mando de un utilitario Peugeot Boxer en 27 de Febrero y Alsina en el que llevaba pantalones y camperas de jean que habían sido sustraídas a punta de pistola esa misma madrugada de un lavadero industrial de Corrientes al 2000. Según dijo Medina, las había comprado y señaló que el resto estaba en un bar de su propiedad ubicado en Avellaneda y Gálvez, frente al boliche Mogambo. Fue incautada la mercadería y el Gringo marchó preso por algunos días. El local se llamaba Daylu (por Daniela y Luis). Daniela Ungaro era por entonces su pareja (lo fue hasta la inauguración de Esperanto) y con quien mantuvo negocios hasta su asesinato. El padre de Daniela, el Bola Ungaro, fue un conocido pirata del asfalto. Un hermano de Daniela, apodado Chapita y célebre asaltante, también mantuvo negocios con Medina hasta que hubo una separación comercial que incluyó tiros. Otro hermano de Daniela, René, fue condenado por el crimen de Pimpi Caminos, jefe de la barra ñulista.

Ese año 2005, tal vez por haber tocado fondo, parece haber sido determinante para el futuro de Medina y su mujer. A fines de noviembre, Daniela cayó presa en la casa que compartían en barrio Belgrano luego de que la Policía hallara allí diez mil tarjetas telefónicas robadas a mano armada en un falso operativo de tránsito tres meses antes. A Medina lo acusaban de ese robo, pero al buscarlo ya estaba preso por otro asalto. Días antes cayó en Totoras al intentar robar un cargamento de agroquímicos en una semillería, lo que se frustró por la llegada de la Policía. Por ese hecho Medina recibió la única condena en su prontuario: el juez de Sentencia 1ª, José María Casas, lo penó con cinco años y medio de cárcel.

También Daniela venía para entonces de arresto en arresto, pero por la ley de drogas. En octubre de 2002 había sido detenida en el Fonavi del Parque del Mercado donde creció con sus hermanos, y corrió la misma suerte en mayo de 2003, cuando en procedimiento conjunto la Policía Federal y la Digedrop provincial le incautaron unos magros 50 porros en su departamento de la torre 8 del complejo de Sánchez de Thompson al 200 bis.

Cuentan que Medina estuvo a la sombra poco más de un par de años en Cañada de Gómez, la Alcaidía de Rosario, la prisión de Coronda y el penal de la seccional 25ª, hasta que a principios de 2008, cuando estaba “preso” en una granja de rehabilitación de adictos, tuvo su oportunidad: Roberto Padilla, alias Tuerto Boli, cayó preso al desbaratarse la primera cocina de cocaína en Rosario y la zona noroeste, a fuerza de pagos a la estructura recaudatoria policial, se la quedó el Gringo. La manejó con mano dura hasta su ejecución, lo que le valió incluso verse como sospechoso de instigar el atentado contra la casa del gobernador Antonio Bonfatti.

En mayo de 2017 Daniela Ungaro fue detenida en un control vehicular sobre la ruta 9 en Funes. La mujer estaba alcoholizada pero además los inspectores hallaron en su poder una escasa cantidad de droga y una balanza digital, por lo cual se le abrió una causa en la Justicia Federal por infracción a la ley 23.737 de estupefacientes.

Fuentes policiales confirmaron que luego del procedimiento se allanaron dos domicilios pero no se encontraron elementos que la comprometieran. Horas más tarde Ungaro recuperó la libertad.

Hoy volvió a caer. Estaba junto a su hija en su casa de Funes. Esta vez en el marco de una investigación de una narcobanda.

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