Rusia 2018

Viaje de locos

De Mendoza a Rusia en camioneta

Tommy, de 23 años, y Mariana de 21, junto a su perro Drako, un pitbull beige y blanco con ojos celestes partieron desde su Mendoza natal en octubre de 2015 a bordo de una camioneta Saveiro que por entonces era cero kilómetro.


Moscu El seleccionado argentino en un mundial de fútbol despierta pasiones que exceden cualquier lógica cuando de hinchas se trata, como por ejemplo recorrer 100 mil kilómetros a lo largo de dos años y medio para llegar a Rusia saliendo de Mendoza a fines de 2015, una travesía de una joven pareja argentina y su perro que hoy detuvieron su marcha en Bronnitsy, frente a la concentración del equipo de Lionel Messi. Foto: Maximiliano Luna/ Enviado especial

El seleccionado argentino en un mundial de fútbol despierta pasiones que exceden cualquier lógica cuando de hinchas se trata, como por ejemplo recorrer 100 mil kilómetros a lo largo de dos años y medio para llegar a Rusia saliendo de Mendoza a fines de 2015, una travesía de una joven pareja argentina y su perro que detuvieron su marcha en Bronnitsy, frente a la concentración del equipo de Lionel Messi.

Tommy, de 23 años, y Mariana de 21, junto a su perro Drako, un pitbull beige y blanco con ojos celestes, que tiene la misma edad que el tiempo de duración de este viaje, partieron desde su Mendoza natal en octubre de 2015 a bordo de una camioneta Saveiro que por entonces era cero kilómetro (tiene patente O y es la única argentina en Rusia), con el norte puesto en este Mundial.

“Al mundial de Brasil me fui solo y la verdad que el ambiente que se crea en torno a la selección me atrapó tanto que me prometí seguirla cada cuatro años a donde fuera”, le empezó a contar Tommy a Télam.

“Por eso a mediados de 2015 le dije a mi novia Mariana que emprendiéramos este viaje y ella aceptó. El primer tramo lo hicimos hasta Río de Janeiro y allí estuvimos trabajando como 10 meses para juntar plata, ella como fisioterapeuta y yo como cocinero”, precisó.

El siguiente mojón lo establecieron en México, donde juntaron “más dinero para mandar el auto en barco a Europa. Nos cobraron 1.500 dólares, pero nosotros nos fuimos en avión y recogimos el vehículo en Bélgica. Sabemos que al volver al país, algo que en principio tenemos pensado hacer dentro de dos años, después de recorrer otros países, vamos a tener problemas”.

“Es que la ley argentina establece que los autos no están autorizados a salir del país por más de seis meses, y nosotros ya pasamos los dos años, así que seguramente me lo van a retener. Pero, nadie podrá quitarnos esta experiencia”, remarcó.

Drako se deja acariciar por el cronista mientras luce una camiseta argentina sobre su musculoso cuerpo. El techo de la camioneta tiene plotteada la bandera argentina y en los costados de la cabina esta instalado un cartel que dice “América del Tour”.

“En esa cabina tenemos una cocinita y nuestras camas. Nos faltaría una ducha, porque ahora hace más de tres días que no nos podemos bañar. Pero por suerte en todos lados a donde vamos la gente es muy hospitalaria y nos presta un baño para hacerlo. Es nuestro modo de vida y lo estamos disfrutando mucho”, enfatizó.

Mientras transcurría la charla un grupo de periodistas de la televisión sueca se acercó para pedirles si los podían llevar como acompañamiento del micro del seleccionado argentino que estaba próximo a partir hacia Moscú y ambos accedieron. Inmediatamente los enviados procedieron a colocarle una pequeña cámara de video sobre el porta equipaje para ir siguiendo a la delegación albiceleste en los 64 kilòmetros de recorrido desde Bronnitsy hasta la capital rusa.

“Uhhh, les dije que sí y arrancaron con todo. Me coparon la camioneta. Ustedes que dicen, que tengo que hacer?”, le consultó Tommy a Télam. “Y, por lo menos que te paguen la nafta y te presten el hotel para bañarse”, respondieron estos enviados.

“Tienen razón, vamos a hacer todo eso”, se alegró el mendocino viajero. “Ahhh, y de paso, que le den de comer al perro”, se les sugirió. “Ni hablar”, cerraron al unísono Tommy y Mariana. Y Drako movió el rabo agradecido.

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