Rosario, sábado 08 de agosto de 2026
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Rosario, sábado 08 de agosto de 2026

De los turnos de 12 horas en Villa Constitución a los contratos de Leo: la historia poco conocida de Jorge Messi

Dejó la planta metalúrgica de Villa Constitución para acompañar el sueño de su hijo menor. Una historia rosarina atravesada por el trabajo obrero, los sacrificios de madrugada y una decisión que le cambió la vida a toda la familia
De los turnos de 12 horas en Villa Constitución a los contratos de Leo: la historia poco conocida de Jorge Messi
Jorge Messi, obrero de Acindar

En el barrio La Bajada, el apellido Messi es sinónimo de historia conocida, pero también de un entramado de esfuerzos cotidianos que arrancó mucho antes de que el mundo entero se rindiera a los pies del número 10. Antes de que el nombre de Jorge Horacio Messi figurara en las mesas de negociación más exclusivas de Barcelona, París o Miami, el hombre de la casa vestía mameluco, llevaba casco de seguridad y marcaba tarjeta en la planta industrial de Villa Constitución.

Apodado «Peluca» por sus compañeros de fábrica, Jorge dividía sus días entre el control de calidad como técnico químico en la metalúrgica Acindar y el acompañamiento constante a los primeros pasos futbolísticos de su hijo Lionel en las canchas de baby fútbol de Grandoli y Newell’s Old Boys.

La rutina del colectivo y la fábrica

Durante los años 80 y 90, la vida de la familia Messi-Cuccittini estuvo marcada por la cultura del trabajo de la clase obrera del Gran Rosario. Las jornadas de Jorge se extendían por 12 horas seguidas en turnos rotativos. La rutina exigía madrugadas frías, colectivos interurbanos o viajes compartidos en auto hasta la planta metalúrgica para garantizar la estabilidad económica del hogar junto a su esposa Celia.

A ese ritmo frenético se sumaban las responsabilidades en el club de barrio, donde Jorge no solo dirigía los equipos infantiles, sino que también acondicionaba la cancha, trasladaba a los chicos y administraba los escasos recursos para que el pibe del barrio tuviera sus botines listos cada fin de semana.

La decisión que lo cambió todo

A finales de la década del 90, la crisis estructural del país y la aparición del problema de crecimiento de Lionel pusieron a la familia frente a un dilema crucial. Las obras sociales y la economía familiar no alcanzaban para cubrir de manera sostenida el costoso tratamiento hormonal que el pibe necesitaba.

Cuando la oportunidad del FC Barcelona apareció en el horizonte con la promesa de asumir el tratamiento médico, Jorge Messi tomó la decisión más arriesgada de su vida: renunciar a la seguridad de un empleo estable con años de antigüedad en el sector metalúrgico para subirse a un avión rumbo a Europa junto a un adolescente que soñaba con jugar al fútbol.

Del mameluco a los despachos internacionales

El desembarco en Cataluña no fue sencillo. Mientras Lionel intentaba adaptarse a La Masía, Jorge debió reinventarse en un entorno completamente ajeno. La precisión y el rigor que aplicaba en el control de calidad industrial se trasladaron gradualmente a la gestión de la carrera deportiva de su hijo.

Con el paso de los años, aquel obrero rosarino terminó encabezando la gestión integral de uno de los deportistas más grandes de todos los tiempos, negociando acuerdos comerciales globales y contratos millonarios con los dirigentes más poderosos del deporte mundial.

Pese al salto cuantitativo y la exposición mediática involuntaria, Jorge Messi mantuvo un perfil decididamente bajo. Lejos de los flashes, las cámaras y las declaraciones altisonantes, conservó el estilo reservado de quien aprendió el valor del esfuerzo en el calor de los talleres metalúrgicos del sur santafesino.