Ciudad, Política

Refrescar la memoria

De los lápices a la tablet: la organización Nietes cumple un año de actividad en Rosario

Herederas y herederos de las Madres y Abuelas de la Plaza 25 de Mayo celebraron su primer cumpleaños con una actividad frente a Tribunales Federales en el marco de la causa Guerrieri IV y del 46° aniversario de la Noche de los Lápices, en el medio de la escalada de la violencia política en el país

Foto: Franco Trovato Fuoco

En septiembre del año pasado, integrantes de la Ronda de Madres de la plaza 25 de Mayo volvieron a marchar alrededor de la estatua de los próceres, histórico lugar donde Madres y Abuelas se encuentran cada jueves para reclamar por la aparición con vida y el castigo a los desaparecedores de sus hijos e hijas. Esa tarde, un grupo organizado de chicos se sumó a rondar: eran les Nietes de desaparecidas y desaparecidos. La organización cumple sus primeros doce meses de existencia a pocos días de cumplirse un nuevo aniversario de la Noche de los Lápices y en medio de un escenario de creciente derechización de las expresiones políticas.

En conmemoración de los 46 años del secuestro y desaparición de estudiantes secundarios y militantes de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) y de la Juventud Guevarista por los equipos de tarea de Miguel Etchecolatz y Ramón Camps, la noche del 16 de septiembre de 1976, les Nietes realizaron este lunes 19 una actividad frente a Tribunales Federales, donde disertaron querellantes de la causa Guerrieri IV y luego llevaron adelante un conversatorio con el psicólogo Iván Fina, docente representante de la filial Rosario de Abuelas de Plaza de Mayo.

El director del Museo de la Memoria, Lucas Massuco, reflexionó con El Ciudadano sobre los orígenes del interés de tanta persona joven en abultar las filas de organizaciones reaccionarias y conservadoras, “¿Qué les ofrece a les jóvenes esas nuevas-viejas formas de los autoritarismos?”. Así mismo, el licenciado en Ciencias Políticas señaló que, un dato a tener en cuenta sobre esta nueva ola autoritaria está relacionado con el “infructuoso diálogo con los públicos nacidos en democracia y en el post 2001″ los cuales viven “innumerables violencias ‘democráticas’”.

“Si nosotres hubiéramos vivido la época del terror, hoy probablemente estaríamos desaparecides” afirmaron desde Nietes a El Ciudadano.

La conjunción de los dos aniversarios presenta la necesidad de retomar el guante de la memoria en tiempos de discursos y prácticas de odio político, en donde el amor como receta propuesta por las Abuelas y las Madres contrasta con guillotinas, antorchas y falsas bolsas mortuorias colgadas en las rejas de la Casa Rosada como expresiones de derechas radicalizadas. Todo en el mismo campo de acción y expresión social. En ese escenario estos militantes, algunos recién salidos de la secundaria, dan sus primeros pasos en la militancia por los derechos humanos.

Para estos jóvenes, hay una capital importancia en seguir organizándose a 46 años de la Noche de los Lápices: “Es la de mantener presente esa etapa de nuestra historia, que sigamos luchando como nos enseñaron nuestras Madres y Abuelas de la plaza”.

En sus redes sociales, la agrupación destacó: “Estamos en un momento crítico del poder judicial, con un gran retroceso en materia de derechos humanos y fuertes atentados contra la democracia, por lo que entendemos que es muy importante que las juventudes nos podamos encontrar en las calles, demostrando que los lápices siguen escribiendo”.

Nietas y nietos de desaparecidos de Rosario se organizan y retoman emblemática Ronda de los jueves

Los jóvenes militantes por la memoria conjugan las banderas de sus familiares con las luchas de hoy, en donde la búsqueda por la ampliación de derechos de las mujeres y el reconocimiento de los derechos de cuarta generación continúan y abultan la lucha por la memoria, la verdad y la justicia.

“Es indudable que hay una memoria colectiva del pueblo argentino, que se debe a la lucha originada por las abuelas y madres de Plaza de Mayo. Un gran ejemplo de esto es el movimiento de mujeres y disidencias donde retomamos el pañuelo como símbolo de lucha por la reivindicación de los derechos”, dijo una de sus integrantes a este diario, y agrega: “Estos movimientos supieron construir un lugar común para les jóvenes”.

“Muchos de los derechos que hoy tenemos es gracias a la política de aquella época, la generación de nuestres abueles, y muchas de las banderas que hoy levantamos son luchas en las que elles estaban, entonces a nuestra militancia la vemos como una continuidad a esas luchas  que ya vienen dando hace muchísimos años”, sostienen desde la joven organización.

Según dijeron a este medio desde Nietes, la militancia en la juventud se ve en los barrios, en las escuelas, en la universidad: “Continuamos luchas de aquella época, pero también tenemos algunas banderas nuevas a las de hace 46 años. Todavía se sigue viendo el miedo a meterse en política, la falta de cuadros y la incredulidad con lo político. Son marcas que nos dejó el genocidio de los 70”, reflexiona una de las referentes, y sostiene que “hay que perderle el miedo a la palabra militancia y a la política, porque como dice Taty Almeida, la militancia es compromiso, es compañerismo, es ocuparse del otro, es comprometerse”.

Lucas Massuco, politólogo y flamante director del Museo de la Memoria, advierte: “Hoy día nos vemos atravesados por el dilema que nos plantea la politización de las nuevas generaciones, cosa que siempre (desde el Museo de la Memoria) celebramos, atravesada por la aparición de los discursos reivindicativos del genocidio perpetrado por la última dictadura cívico-militar”. 

https://www.elciudadanoweb.com/el-genocidio-es-el-punto-de-partida-de-la-estructura-social-que-vivimos-hoy/ 

Sobre esta situación, el especialista en Evaluación de Políticas Públicas se pregunta por los elementos que llaman la atención de esas expresiones de la derecha vernácula: “¿Qué les ofrece a les jóvenes esas nuevas-viejas formas de los autoritarismos? ¿Qué no les ofrecemos desde las políticas de memoria? Un dato fundamental resulta del aún infructuoso diálogo con los públicos nacidos en democracia y en el post 2001, públicos, ciudadanes, que no han vivido ni un solo día de sus vidas en estado de sitio, por ejemplo, pero sí viven innumerables violencias ‘democráticas’”.

La tarea de los años por venir, reflexiona Massuco en conversación con El Ciudadano, consiste construir unas memorias que no sean objeto de contemplación y consumo, que escapen al ritual, que sean un trabajo de elaboración y que “ensanchen temporalmente el espacio de la experiencia, permitiéndole a las nuevas generaciones conectar con las experiencias de las anteriores y a éstas con las nuevas demandas de las juventudes” y recita al Indio Solari: “No vivamos en una Sandwichera de cristal, escuchemos las ansiedades de esos pibes y esas pibas”.

El politólogo entiende que es necesario transmitir que en Argentina sucedió un genocidio, pero no como un dato histórico “sino como una experiencia social que llega hasta hoy. Ayudar a comprender un presente post-genocida en el que la supervivencia del proyecto social, económico y político de la dictadura convive con su condena judicial”.

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