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De la casilla a la vivienda

En un asentamiento del barrio Ludueña los vecinos se reúnen todos los jueves con el objetivo de planificar la construcción de casas dignas en el mismo espacio geográfico en el que se manejan hoy.

Desde principios del año pasado vecinos de un sector del asentamiento irregular de barrio Ludueña junto a referentes de distintas instituciones se reúnen cada jueves para buscar soluciones a su problema de vivienda. Las reuniones, que llegan a tener más de cien personas, tienen dos consignas muy claras: la vivienda es el objetivo final de un camino que persigue logros en otros niveles de la vida social y la construcción no deberá hacerse fuera del barrio donde hoy viven.

Así lo entiende Ana María de Solhaune, ex directora durante treinta años de la escuela Luisa Mora de Olguín, conocida como la escuela del padre Montaldo, quien podría decirse que encabeza la Mesa Social de Barrio Ludueña: “Hicimos un relevamiento casa por casa. Desde Felipe Moré hasta Solís y la vía. Es difícil medirlo porque estamos hablando de un asentamiento irregular, pero serían de doce a quince cuadras de las convencionales. Censamos setecientas familias, y a un promedio de siete u ocho integrantes por familia serían cerca de cinco mil personas. Todos  nos abrieron las puertas de sus casas y nos dieron la información que necesitábamos”, cuenta.

“La idea es construir las viviendas en terrenos ociosos del ferrocarril y en otros que pertenecen a la provincia. Este último es una cancha de fútbol y una especie de basural, que ocupa cerca de dos manzanas” refleja Ana, quien luego aclara que “lo fundamental es que la gente no deje el barrio, porque cuando se la erradica se convierte en más pobre. Es muy importante mantener las redes sociales construidas durante tanto tiempo, que hacen a la subsistencia de las familias”, añade.

Del relevamiento en el barrio surgió también un detalle de los principales problemas detectados, a los cuales pretenden enfrentar junto a la solución de vivienda: “Alcoholismo y otras adicciones en edades cada vez más tempranas (niños y niñas desde los 8 años), embarazos adolescentes (desde los 13 años), violencia familiar, prostitución infantil, abandono escolar, desnutrición, disolución familiar, niños y jóvenes en situación de calle, muertes de jóvenes por homicidios y suicidios, robo a vecinos y escuelas, migraciones internas, agregado de viviendas en condiciones paupérrimas y peligrosas (cada vez más cerca de la vías o al pie del terraplén), alta peligrosidad para la circulación por pasillos internos, falta de luz y agua, saturación de pozos negros, accidentes callejeros por cirujeo a cargo de menores, trabajo infantil, proliferación de enfermedades venéreas, respiratorias, de la piel, tuberculosis y sida” enumera el trabajo.

Entre los objetivos que se trabajarán para pelear contra estas situaciones en paralelo a la construcción de la vivienda los miembros de la organización hablaron de “concientizar respecto de los derechos y deberes ciudadanos, construir ciudadanía para que actúen como sujetos sociales, trabajar las problemáticas más graves y urgentes, favorecer el conocimiento mutuo y la producción colectiva, difundir experiencias de otros barrios, discernir sobre la propia historia y experiencias del barrio, descubrir redes y construir acción social, difundir este proceso de construcción colectiva a través de los medios locales, funcionarios d gobierno y candidatos electorales”.

Un ejemplo de cómo se quiere trabajar lo brindó Solhaune en relación al tema salud: “En el barrio tienen el problema de que no se atienden las urgencias ni emergencias médicas por cuestiones de seguridad, porque las ambulancias no quieren entrar. Nosotros logramos que referentes del barrio esperen a las ambulancias y las acompañen hasta el lugar de la emergencia y lo coordinamos con al gente del Sies (Sistema Integrado de Emergencia Sanitaria) con quienes además planeamos brindar cursos de primeros auxilios para los vecinos”.

Según un informe de la Mesa Social la última experiencia para tratar de construir viviendas para los habitantes de este asentamiento “fue en 1994, cuando se intentó desde el Plan Arraigo, dependiente de Presidencia de la Nación. En ese momento se formó la Cooperativa Nueva Esperanza. Hubo mal manejo de la organización y enfrentamientos. Los vecinos, en su mayoría,  fueron defraudados. Algunas casas de la primera etapa se entregaron y las de la segunda fueron usurpadas”.

Los próximos pasos serán el estudio de la forma jurídica que se le da a la organización que impulsa las viviendas y las negociaciones con los distintos organismos del Estado para conseguir los terrenos y el dinero para construir las viviendas. Parece mucho lo que falta pero lo fundamental ya está hecho: hay cinco mil voluntades detrás de un proyecto donde la vivienda es el resultado final de mejoras en salud, educación, prevención y todo lo que hace al desarrollo integral de una persona.

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