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Credicoop: “No hay nada”

Cuatro de las cinco caras de los ladrones que se alzaron con 2,7 millones de pesos fueron tomadas por las cámaras del banco, pero nadie los reconoce. El auto no aparece y las pistas se van desvaneciendo.

El célebre integrante de la Superbanda Daniel Cabrera, Tractorcito, describía la inteligencia para un gran golpe en pocas palabras: se estacionaba sobre la Panamericana, elegía un blindado, lo seguía hasta el final del recorrido, cronometraba y anotaba los movimientos. Y al día siguiente lo mismo. Y al siguiente. Algo parecido sucedió con el asalto al banco Credicoop ocurrido nueve días atrás en el microcentro de Rosario: dos hombres, día tras día, sentados en la vereda de un bar ubicado casi enfrente, observando movimientos, anotando. Eso sí: a diferencia de los blindados, esta vez la elección del blanco no fue al azar, aunque poco se sabe sobre quiénes integran la banda que se llevó 2,7 millones pesos en un minuto y medio sin más violencia que la presencia de sus armas de fuego, en un golpe limpito en el que la alarma activada por el custodio –atrincherado en su garita– no sonó. Más allá del convencimiento de que sus integrantes son foráneos, una pista que conduce a San Nicolás y otra a Córdoba están en punto muerto, según voceros de la investigación. Y más allá de la digitalización de las cuatro caras de las personas que entraron al banco, que hasta ahora no fueron reconocidas por testigos del golpe, también se ha avanzado poco con la detección del Volkswagen Bora usado en el asalto y en la ruta del escape, de acuerdo con las mismas fuentes. Graficó ayer la situación un alto jefe policial: “Te lo resumo en tres palabras: no hay nada”.

Diversas fuentes del caso consultadas admiten que la investigación sobre el millonario golpe al Credicoop de Santa Fe al 1000 ocurrido el pasado 11 de marzo sigue en pañales. Hasta anteayer, los pesquisas se entusiasmaban con una pista: una banda de cordobeses que había llegado a la ciudad para cometer el asalto con una pata local. Tenían fotos de los sospechosos, pero cuando los testigos las vieron en un mosaico de imágenes no apuntaron a nadie, dijo un vocero de la Policía local.

“Lo que pasa es que pese a que actuaron a cara descubierta y a que se pudieron reconstruir los rostros a partir de las imágenes de las cámaras de seguridad, estaban todos tuneados: alguno con anteojos, otro con peluquín, otro con un jopo tipo mohicano, alguno con barba o bigote”, describió esta fuente.

Otra pista, vigente desde el primer día del golpe, apuntaba a ladrones provenientes de la zona norte de la provincia de Buenos Aires, más precisamente San Nicolás, pero esta pista también se cayó. “Alguien creyó ver en el más grandote de los asaltantes a un pesado nicoleño muy conocido, pero no coincide en un detalle básico: ese tipo tiene un tatuaje en el brazo y el que aparece en la filmación, pese a que usa mangas cortas, no tiene tatuaje”, graficó otro comisario de la Policía local. Igualmente esta pista seguirá siendo investigada con entrecruzamiento de información con la Policía Bonaerense, deslizó un pesquisa.

La investigación está estancada por un motivo básico, según definió otro oficial de la UR II: “No surge nada de la calle; los buches no funcionan cuando hay una banda de afuera que viene a cometer el golpe y de acá sólo se aporta el dato y la logística.

Aunque aquí parece que también pusieron el chofer, cuya cara es la única que no tenemos”. En otras palabras: cuando no hay soplones que señalen quién cometió un delito, a la investigación criminalística le cuesta avanzar.

En este sentido, aún no se pudo establecer en qué dirección huyó el Bora con los asaltantes y dónde está ese auto. La Policía consiguió las filmaciones de las cámaras de algunas empresas ubicadas en Santa Fe al 1100, en la cuadra siguiente al banco, “pero las imágenes son muy borrosas, así que ni siquiera se sabe si doblaron por Mitre al norte o siguieron hacia el oeste por Santa Fe. Lo único seguro es que no doblaron por Sarmiento al sur”, dijo esta misma fuente.

Un vocero del ministerio público fiscal indicó anteayer que la pesquisa está “bien encaminada, hay pistas, y no son de la provincia de Buenos Aires”, aunque durante la semana el secretario de Seguridad Horacio Ghirardi había afirmado que la principal sospecha llevaba a territorio bonaerense. De todas maneras, este funcionario dijo que “la jueza tiene varias pruebas reunidas hasta ahora”.

Espías enfrente

Los testigos del caso que instruye la magistrada Roxana Bernardelli y que impulsa la fiscal Lucía Aráoz sostienen que dos meses antes del golpe dos de los integrantes de la banda estuvieron en la cuadra haciendo inteligencia. Según esta versión, cada día, después del horario bancario, llegaban dos hombres y se sentaban en una de las dos mesas ubicada en la vereda del bar Luka’s, asentado en Santa Fe 1031, casi enfrente al Credicoop (ubicado en el 1056), en la misma edificación donde funcionan oficinas del banco Municipal.

“La edad era entre 35 y 38 años, vestidos normales, sin tonada llamativa. Llegaban siempre a las 15.30 y se sentaban afuera. Tomaban café y después de un rato se iban”, describió una fuente del caso, la que añadió que ambos fueron reconocidos por testigos como dos de los cuatro ladrones que ingresaron al banco.

Un golpe limpito

Según la información oficial, poco después de las 16 del pasado viernes 11, tres hombres que aparentaban operar en los cajeros automáticos del banco Credicoop dejaron lo que estaban haciendo cuando el vigilador abrió la puerta para que saliera un cliente que fue atendido más allá de la hora de cierre por un reclamo en su cuenta sueldo. Unos instantes antes el mismo custodio (que no porta arma) le había abierto la puerta a la moza de un bar, que acababa de dejar un pedido y se dirigía a otro banco con un café que terminó desparramado en el suelo.

De acuerdo con lo que se desprende de las filmaciones, el más grandote de los tres se metió de golpe cuando el cliente salió de la entidad y antes que el custodio cerrara con llave, mientras que quien venía detrás tomó a la moza como rehén y apuntó al vigilador. Ambos usaban armas pequeñas, al parecer de calibres 7.65 y 6.35 –según los investigadores para que no se les notaran en la cintura ya que los dos usaban sólo remeras–. El tercer ladrón, vestido con ropa de fajina de la Policía, con chaleco antibalas, pelo corto y anteojos oscuros, se ubicó en la puerta de calle, con una nueve milímetros en su cartuchera y en ese sector de cajeros quedaron la moza y el cliente.

Mientras tanto, los otros dos asaltantes cruzaron el hall llevando apuntado al vigilador hasta la antesala del tesoro, tiraron una puerta de chapa revestida en madera de una patada y se encontraron con nueve sacas sobre una mesa. Luego, apareció en escena un cuarto ladrón, sin arma, y los tres cargaron el botín y comenzaron la retirada. En el camino, se les cayó una saca con monedas. Los cuatro huyeron en el Bora que los esperaba con un chofer a bordo en la puerta. El botín: 2,7 millones de pesos.

La Justicia investiga por qué la alarma no sonó: si por un sabotaje o bien por un desperfecto. Según se desprende del expediente, el policía que estaba en la garita se quedó encerrado, como lo manda la reglamentación, rompió el precinto y activó la alarma. Igualmente, llamó con su propio teléfono celular al 911 para avisar que se estaba concretando el golpe. Desde cuando logró comunicarse, pasaron tres minutos hasta que llegó la Policía. Para entonces, los ladrones habían huido.

También se investiga cuál era el horario previsto para la llegada del blindado de la empresa Prosegur que debía trasladar las sacas, razón por la cual el dinero estaba en el antetesoro. “Es habitual que un camión de caudales tenga una ruta fijada, pero con una tolerancia de media hora, y que en el camino se modifique porque en algún banco aún no está lista la documentación o bien no están dispuestos los billetes”, interpretó un comisario de la Policía local.

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