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Pandemia y controles

Covid-19: el panorama euroasiático y las oportunidades de cooperación sino-rusas

El virus impuso una drástica coyuntura sanitaria, económica y social que forzó a los Estados a actuar con rapidez. Aunque al principio tuvieron distintos enfoques China y Rusia acordaron un seguimiento mutuo de la crisis, ayuda recíproca y el compromiso de cooperar para conseguir una vacuna


Gabriel Caston / Florencia Cusumano**

Lo que comenzó como un brote proveniente de un insalubre mercado chino llegó en tres meses a tomar su lugar entre las grandes pandemias de la historia humana.

El virus, ya propagado a escala global, impone una drástica coyuntura sanitaria, económica, política y social que ha forzado a los Estados a actuar con rapidez. Idealmente, la toma de medidas anticipatorias y la cooperación internacional hubiera permitido aplacar la curva de contagios, elaborando estrategias de contención y apoyo entre los respectivos sistemas sanitarios.

No obstante, en la mayoría de los casos, las administraciones minimizaron el posible impacto e intentaron prorrogar cualquier medida de fondo para tratar la situación, configurando así una tendencia de corte reduccionista –incluso hasta “negacionista”– que priorizó los riesgos de mercado antes que los sanitarios.

Alarma en el extenso escenario asiático

Por otra parte, dentro del extenso escenario asiático, vastamente poblado y desigual, la sensación de alarma se difundió rápidamente y el cierre fronterizo aéreo y terrestre fue la norma. Desde los comienzos del brote, India adoptó rápidamente el cierre total sus fronteras y el establecimiento de un estricto control de toda persona que hubiera viajado recientemente.

La decisión fue controvertida en la opinión pública pero felicitada por la OMS, tras lo cual las medidas se hicieron extensivas al cierre parcial interno de sus 29 estados provinciales, toques de queda, y el confinamiento total en sus principales ciudades. Si bien no puede soslayarse una gran cantidad de críticas e interrogantes respecto a la cantidad y calidad de las medidas de testeo implementadas, sus casos de contagio continúan siendo menores a los cuatro dígitos.

Diferente es el caso de la península coreana, en la que los contrastes entre norte y sur son drásticos aun en términos de tratamiento epidemiológico. Al día de la fecha, Corea del Norte no ha reportado casos positivos de contagio.

No obstante, el gabinete de Kim jong se aprestó desde el primer momento a dispensar medidas que implican el cierre casi completo de la sensible frontera con China, el confinamiento obligatorio para todos aquellos que hubieran viajado al país y la implementación de una ley marcial que ejecuta a cualquiera que lo incumpla.

Las actividades de la mesa de enlace ubicada en la ultra militarizada frontera con su vecina del sur han sido suspendidas, aunque el paso se mantiene abierto.

Corea del Sur llegó a reportar una elevada cantidad de casos de covid-19 para finales de febrero, con cifras cercanas a los mil positivos, y ocupando junto a Italia un lugar entre los países más afectados.

Interesante es también mencionar el caso mongol, ubicado entre Rusia y China, que cerró todas sus fronteras al conocerse su primer caso positivo.

No sólo el país quedó virtualmente aislado, sino que las autoridades pusieron en una cuarentena de 14 días al propio presidente, Jaltmaa Battulga, quien había estado en China algunos días antes.

Seguimiento de la crisis y cooperación entre Rusia y China

El accionar de la Federación de Rusia fue el siguiente: dentro del plan de gobierno, una de las primeras medidas del gobierno de Vladimir Putin se basó en la deportación de ciudadanos chinos y la suspensión temporal de entrega de visados electrónicos a los mismos.

Posteriormente, el 30 de enero, se anunció el cierre de la extensa frontera oriental y el establecimiento de zonas de cuarentena contiguas. Si bien esto le permitió tomar una gran ventaja ante la expansión del virus, dichas medidas fueron rotuladas como agresivas por los ciudadanos chinos residentes, y generaron gran tensión por su publicación repentina.

Eventualmente ambos países lograron coordinar nuevos principios de cooperación que fueron discutidos por vía telefónica entre los mandatarios Xi Jinping y Vladimir Putin, a mediados del mes pasado.

Estas conversaciones resultaron en el acuerdo para un seguimiento mutuo de la crisis, ayuda recíproca y para terceros en el sector sanitario, e incluso el compromiso de trabajar para el desarrollo de una vacuna contra el COVID-19.

La materialización de estas conversaciones devino en el envío de refuerzos a Italia –equipos médicos y recursos humanos–, hasta el momento uno de los países más afectados, y con un sistema de salud al borde del colapso.

Estos recursos también fueron destinados a Estados Unidos, y a su vez encontraron réplica por parte de Washington, que también adhirió al envío de ayuda sanitaria al Estado italiano y ha asegurado estar desarrollando una vacuna.

Ayuda por vía euroasiática a los acuciados países occidentales

Puede decirse entonces que están surgiendo de a poco las tan esperadas iniciativas de cooperación, aunque tardías, descoordinadas y con ciertos recelos competitivos.

La complejidad de la coyuntura pone de relieve la incomunicación y contradicciones internas entre los bloques regionales y las tradicionales alianzas occidentales.

La administración norteamericana se ubicó primera y modélica entre aquellos países de la tendencia negacionista. Esto resultó en que actualmente el país llegue a ser el más afectado en materia de contagios y con un panorama sombrío para todo su sistema de salud pública.

A diferencia de otros contextos históricos, ya no cabe esperar un salvavidas de la potencia norteamericana, que actualmente aplica un plan de contención, con la seguridad de la liquidez que le prevé la Reserva Federal.

Entre tanto, la ayuda efectiva llegó a los acuciados países occidentales por la vía euroasiática, e incluso por parte de Cuba, país largamente vituperado. En tal contexto se vislumbra una re-configuración de posicionamientos y nuevas oportunidades para las potencias euroasiáticas.

Para Rusia, implica una oportunidad de estrechar relaciones con sus pares europeos, y tal vez incluso mitigar el peso de las sanciones con las que carga desde la anexión de Crimea.

Mientras tanto, China es el primer país en superar el pico de la curva de contagios, procurándose unas condiciones de control que no sólo anticipan su recuperación antes que el resto de los países, sino que además la posicionan adecuadamente en su rol de potencia de orden mundial para liderar el proceso de recuperación de la crisis.

**Estudiantes de la Licenciatura en Relaciones Internacionales (FCPOLIT-UNR) y miembros del Grupo de Estudios sobre Rusia (GERR)

 

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