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Costa Rica entró en 2019 ratificando la eliminación de combustibles fósiles

Mientras el presidente de EEUU Donald Trump amaga con retirarse del Acuerdo de París por el cambio climático, un pequeñísimo país a poco más de 3 mil kilómetros al sur de su territorio, Costa Rica, entró en 2019 reafirmando su plan para liberarse por completo de los combustibles fósiles


Mientras el presidente de la principal potencia del mundo, Donald Trump, amaga con retirarse del Acuerdo de París por el cambio climático, un pequeñísimo país a poco más de 3 mil kilómetros al sur de su territorio, Costa Rica, entró en 2019 reafirmando su plan para liberarse por completo de los combustibles fósiles, que cumplió cuatro meses antes de la pasada Navidad.

El todavía nóvel presidente de Costa Rica, Carlos Alvarado, anunció el pasado 22 de agosto la prohibición de los combustibles fósiles, estableciendo al pequeño país como un pionero en la lucha mundial contra el cambio climático.

Más de 2.000 personas llenaron la Plaza de la Democracia en la capital San José para presenciar el anuncio histórico, al que Alvarado, quien había asumido en la víspera, hizo más evidente su compromiso al llegar en un ómnibus impulsado por hidrógeno.

“La descarbonización es la gran tarea de nuestra generación y Costa Rica debe ser uno de los primeros países en el mundo en lograrlo, si no el primero“, dijo Alvarado desde el estrado.

“Tenemos la tarea titánica y hermosa de abolir el uso de combustibles fósiles en nuestra economía para dar paso al uso de energías limpias y renovables”, agregó.

Alvarado ratificó así el plan gradual al que el país centroamericano había puesto proa desde hacía tiempo. Incluso en 2017 estuvo 300 días sin utilizar combustibles fósiles para generar electricidad. Actualmente, el país obtiene más del 99% de su energía a partir de fuentes renovables.

Claro que hay algunas razones para el éxito de Costa Rica en el ecodesarrollo. La geografía del país permite obtener el 78,3% de la energía por generación hidroeléctrica. Además su población relativamente pequeña –poco más de 5 millones de habitantes– no requiere mucha energía. A la ecuación se suma que los líderes políticos locales se han comprometido desde hace tiempo a luchar contra el cambio climático.

Años antes de que el acuerdo de París obligara a los países a considerar objetivos en relación a la huella de carbono, Costa Rica había establecido un programa propio en 2011 con un objetivo en 2021.

El nuevo anuncio del presidente Alvarado del año pasado aumentó el compromiso anterior. Convertirse en “carbono neutral” y eliminar los combustibles fósiles parecen objetivos similares, pero son muy diferentes.

Convertirse en carbono neutral significaría que Costa Rica pueda reducir sus emisiones netas a cero invirtiendo en esfuerzos de eliminación de carbono: plantar árboles, expandir los humedales y desarrollar tecnologías de absorción que almacenen carbono. Prohibir los combustibles fósiles significa que Costa Rica quiere eliminar las emisiones de carbono por completo, un objetivo mucho más difícil de alcanzar.

Para alcanzarlo, el país tendría que reconvertir todos los autos y transportes, incluidos los barcos, que funcionan con derivados de petróleo, una hazaña que ningún otro país ha logrado.

Países como China, India, Francia, el Reino Unido y Noruega han anunciado planes para prohibir la venta de autos propulsados a nafta y gasoil, pero ningún otro país ha prometido eliminar a los vehículos que emiten carbono.

Aunque el objetivo de Costa Rica es radical en comparación con lo que otros países están haciendo, el Acuerdo de París básicamente requiere que las emisiones de carbono se eliminen rápidamente si las temperaturas mundiales suben menos de 2 grados por arriba de los niveles preindustriales.

La llegada de Alvarado en un transporte a hidrógeno mostró que se puso a cuestas el tema. Antes de asumir había prometido eliminar el transporte con nafta y diesel para 2021, el bicentenario de la Independencia de Costa Rica.

“Cuando alcancemos los 200 años de vida independiente llevaremos a Costa Rica adelante y celebraremos que hemos eliminado la gasolina y el diesel de nuestro transporte”, había dicho tras su victoria en las presidenciales del 4 de febrero.

 

Todo eléctrico para “descarbonizar”

Aunque la “descarbonización” nacional tiene como claro líder global a Costa Rica, lo cierto es que hay otros países e incluso gobiernos a otros niveles que vienen comprometiendo metas o impulsando iniciativas en el mismo sentido. Uno es el de Santa Fe, donde el gobernador Miguel Lifschitz anunció puestos de carga para vehículos eléctricos a lo largo de la autopista que une Rosario con la capital provincial.

En el continente europeo, Holanda y Noruega avanzaron en la prohibición de vehículos diésel en el corto plazo, mientras que capitales como París, Madrid o Londres ya están estableciendo moratorias. Al mismo tiempo, las políticas medioambientales más avanzadas habían optado por restringir o prohibir la utilización del carbón o el gas natural en las centrales energéticas.

Pero no son todas políticas punitivas. Para el cambio de paradigma resultan clave los incentivos, destacan expertos. En esa línea se inscribe, por caso, el programa Prosumidores de Santa Fe, que impulsa la generación distribuida de electricidad por parte de los propios vecinos a quienes el Estado les compra la energía a precio preferencial.

En Costa Rica, una de las políticas es eliminar todos los impuestos asociados a los vehículos eléctricos, que hasta ahora son muy caros, por lo que sólo había un centenar circulando en el país.

La creación de una infraestructura de estaciones de carga a lo largo y ancho del país es un requisito insoslayable. En esa dirección está avanzando, precisamente, Uruguay, que es el país que ya alcanzó mayor cobertura en ese sentido en Sudamérica.

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