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Cooperativa de Mujeres Solidarias para la olla en la pandemia fabricando tapabocas

Están organizadas desde 2004. Contaban con las materias primas, transformaron sus casas en talleres y empezaron a elaborarlos. “Hoy el cooperativismo nos vuelve a salvar”, dijo Susana Olivé, una de las fundadoras del movimiento


Las materias primas estaban. El proyecto de quienes integran la Cooperativa de Mujeres Solidarias Ltda. era confeccionar shorts de baño y venderlos para el próximo verano. Pero antes de iniciarlo sobrevino la pandemia y los planes debieron cambiar. Con esas mismas telas, empezaron a fabricar tapabocas para vender a las personas que deban circular por Rosario, ya que desde el 15 de abril su uso se hizo obligatorio. También elaboraron de forma solidaria barbijos para el sistema de salud local.

La Cooperativa de Mujeres Solidarias nació en 2004, en busca de una salida para varias familias de zona oeste golpeadas con dureza por la crisis económica de los primeros años del siglo XXI. “El cooperativismo nos salvó y ahora nos vuelve a salvar”, dijo a El Ciudadano Susana Olivé, una de las fundadoras.

“La situación en los barrios es muy dura. Tenemos vecinos que hasta marzo tenían trabajo y que vienen a decirnos que no tienen ni para comer”, graficó la cooperativista, quien enfatizó que la forma de organización que construyeron en los últimos 16 años hoy les brinda la oportunidad de tener opciones ante este contexto marcado por el cese de las actividades económicas, que siempre golpea más a los que menos tienen.

“Viendo cómo estaba la situación y entendiendo que iba a ser muy difícil salir a trabajar, nos pusimos confeccionar tapabocas”, contó Susana. “Hace unos meses una cooperativa de Buenos Aires nos donó unas telas para confeccionar shorts de baño. Ellos no las iban a fabrica más y por eso las pusieron a disposición, porque así es el cooperativismo”, detalló. El proyecto de la Cooperativa de Mujeres Solidarias era justamente ese: fabricar mallas para varones para comercializar para la próxima temporada. Pero cambiaron el rumbo.

“Ante la demanda, nos pusimos a confeccionar barbijos y tapabocas. En este momento estamos sosteniendo toda la organización con este trabajo”, detalló Susana. “La tela que tenemos es muy buena porque tiene una trama muy cerrada que por fuera tiene una impermeabilización”.

Estas mujeres contaban con asesoramiento propio: Laura Sisto, la presidenta de la Cooperativa, es técnica en seguridad e higiene. “Estamos hablando de salud, no estamos fabricando gorritos de lana. Buscamos los lugares más soleados, con buena ventilación, aislados del resto de la familia para que el trato con los elementos sea higiénico. Analizamos dónde vivía cada una para ver qué tareas podíamos hacer para tener una mejor operatividad”.

El grupo de mujeres coordinó todas las acciones para que la producción sea segura. “No podíamos estar todas en un mismo lugar”, enfatizó.

Así, patios de invierno soleados y quinchos de barrio Jardín Municipal –Provincias Unidas y Schweitzer– se convirtieron en cuatro bases operativas. Entre ellas distribuyen las tareas de corte, fabricación y control de calidad. “Cuando terminamos los tapabocas hacemos un lavado de todo el material y un planchado de vapor. Luego se envasa en una bolsa con cierre hermético y queda listo para entregar”.

Además, estas mujeres lanzaron una campaña solidaria: con parte de lo recaudado de la venta, adquieren alimentos para los adultos mayores de la cooperativa que no pueden trabajar. También compraron máquinas de cortar el césped para que los más jóvenes dentro de la cooperativa –que también integra a varones– puedan realizar esa actividad de mantenimiento.

La Cooperativa de Mujeres solidarias fabrican también barbijos de friselina que ya le hizo llegar a la Municipalidad para sumar recursos al sistema de salud.

Los pedidos de tapabocas pueden realizarse al teléfono de la cooperativa (341-6-818238)o vía mail a [email protected]

 

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