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Contaminación sin control

Estudios de la Universidad Nacional del Litoral produjeron hallazgos sobre el uso del glifosato, presente hasta en el aceite y las milanesas secas de soja. Coinciden en solicitar mayor regulación sobre el tema

A pesar del proceso industrial, el glifosato permanece en las milanesas de soja.(Foto: Marcelo Masuelli)
A pesar del proceso industrial, el glifosato permanece en las milanesas de soja.(Foto: Marcelo Masuelli)

Por: Ezequiel Nieva / Corresponsal Santa Fe

¿De qué hablamos cuando hablamos de contaminación por agroquímicos? La pregunta aparece cada vez con mayor frecuencia y las respuestas son múltiples y contradictorias, según de donde provengan.

Sin embargo, en los últimos años las organizaciones ecologistas y una buena parte de la comunidad científica han unido sus esfuerzos para hacer visible el problema y plantear la necesidad de un sistema de controles más fuerte.

Recientes ensayos de laboratorio realizados en la Universidad Nacional del Litoral (UNL) demostraron la toxicidad del glifosato en organismos acuáticos. Los mismos probaron que puede afectar la fecundidad de microcrustáceos que componen la base de la cadena trófica. El herbicida no afecta su sobrevivencia, pero sí el recambio generacional. El descubrimiento, al que arribaron probando distintas dosis de glifosato, afecta la reproducción de una especie de microcrustáceo que habita ríos, lagunas y charcas de la zona. “Nos interesó conocer qué efectos podía llegar a tener el glifosato sobre organismos clave de ecosistemas acuáticos continentales”, explicó Ana María Gagneten, que trabaja en la línea de ecotoxicología de zooplancton de agua dulce en la Facultad de Humanidades y Ciencias.

En los ensayos descubrieron que la sobrevivencia no se vio afectada por el glifosato, pero sí la fecundidad, lo que tiene un efecto directo sobre la posibilidad de mantenimiento de una población en el transcurso del tiempo, ya que debe haber una capacidad de recambio determinada por la cantidad de crías producidas.

Otro estudio, del grupo de Medio Ambiente del Intec (UNL-Conicet), detectó restos de glifosato en milanesas de soja e incluso residuos de endosulfán en aceites. “Se encontró glifosato en las milanesas secas, aunque no en cantidades altas, pero significa que luego de los procesos industriales se siguen hallando residuos. También se trabajó en aceites y allí había residuos de endosulfán”, dijeron los investigadores que lograron demostrar que las sustancias permanecen en los granos maduros y verdes, y aún en alimentos ya procesados, aunque en cantidades permitidas. Y además en el suelo usado para la siembra, lo que causa la contaminación de las capas freáticas.

Para comprobar los niveles de residuos que pueden quedar en las semillas, realizaron pruebas con aplicaciones controladas de Roundup –la marca de glifosato de Monsanto– en tres lotes de la localidad de

Franck, departamento Las Colonias. En muestreos con una aplicación no se encontraron restos del herbicida, pero luego de analizar la soja sometida a más de dos aplicaciones observaron que aparecían residuos. “Si bien estaban debajo de los límites permitidos, ya era un llamado de atención, porque es un cultivo transgénico que encima tiene el agregado de un tóxico muy discutido”, enfatizó Maitre.

El equipo también realizó pruebas en alimentos a base de soja para ver si los tóxicos permanecían después del proceso de elaboración. Analizaron tofu –una especie de queso–, leche de soja y milanesas húmedos y secos. Y encontraron residuos de glifosato en las milanesas seca que se venden en supermercados y despensas.

A principios de año un estudio del investigador del Conicet Andrés Carrasco encendió la mecha. El Laboratorio de Embriología Molecular comprobó que con dosis hasta 1.500 veces inferiores a las utilizadas

en las fumigaciones sojeras se producen trastornos intestinales y cardíacos, malformaciones y alteraciones neuronales. Esa investigación sirvió como fundamento para que la Asociación de Abogados Ambientalistas lleve el tema a la Corte Suprema de la Nación, ante el que pidieron la suspender la venta y aplicación de glifosato.

El pedido no prosperó, pero a lo largo del año se sucedieron las investigaciones científicas. Ya desde el exterior los especialistas venían coincidiendo en señalar que la legislación argentina en materia de agroquímicos es, como mínimo, anticuada.

La Red de Acción en Plaguicidas y sus alternativas para América Latina (Rapal) sostuvo que las leyes que regulan el registro, la comercialización y la aplicación de plaguicidas son “incompletas, permisivas y obsoletas”. “Es necesario redactar leyes efectivas, adaptadas a la realidad. Se requiere sensibilidad, atención y valentía para prohibir los productos más tóxicos, restringir el uso de los de menos impacto y controlar todas las etapas, desde la fabricación pasando por la comercialización, el uso, hasta el desecho de envases de estos tóxicos”, dice un comunicado de la Rapal.

Un estudio anterior encabezado por el investigador de la UNL Rafael Lajmanovich asegura que algunos plaguicidas provocan malformaciones en la fauna y que, además, han causado una importante disminución en la población de sapos y ranas. “Es una apreciación que podemos casi decir que es cierta y que no sólo se observa en nuestro país sino a nivel mundial”, explicó. “El fenómeno se observa en todo el mundo y es multicausal, pero una de las causas es el uso de agroquímicos”. “Se supone que cuando se estudian animales considerados como indicadores ambientales, uno de los objetivos es alertar sobre lo que podría suceder eventualmente en poblaciones humanas. Pero yo no opino sobre la salud humana. Extrapolar resultados es aventurado. Sólo me remito a decir que existen leyes que reglamentan la distancia desde donde se debe aplicar el agroquímico”, agregó.

Desde 2000 está probado que los plaguicidas afectan la leche materna. Ese año, especialistas del Laboratorio de Medio Ambiente del Intec detectaron la presencia de plaguicidas organoclorados en la leche de un grupo de mujeres del cinturón hortícola de Santa Fe.

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