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banda del palier

Condenan a joyero por reducidor


El joyero que se encargaba de reducir el botín de la Banda del Palier fue condenado ayer a tres años de prisión condicional en un abreviado homologado por el juez Gustavo Pérez de Urrechu. El reducidor fue apresado en octubre pasado junto con otros cuatro integrantes de la organización que se caracterizaba por tener oficios como el de plomero-gasista y técnicos en aires acondicionados. El fiscal de Investigación y Juicio Nicolás Foppiani los acusó de al menos 28 golpes en departamentos del centro donde casi la totalidad de sus víctimas fueron personas mayores.

El joyero Miguel Ángel Gómez firmó un juicio abreviado ayer a las 10 por una pena de 3 años de prisión condicional. El fiscal lo había imputado por su responsabilidad en algunas de las entraderas cometidas desde enero de 2015 hasta su detención en octubre pasado. Su rol era facilitar su negocio de compra y venta de joyas para vender lo robado y cobrar un porcentaje.

Los voceros judiciales agregaron que Anahí A., cuñada del jefe de la banda, firmó un abreviado con condena condicional por una participación secundaria. Otros tres miembros, entre los que se encuentra Emanuel M. –esposo de Anahí y hermanastro del jefe–, tienen en negociación procesos abreviados y Gustavo Gabriel V., el plomero marplatense sindicado como el líder de la organización, espera el juicio oral.

Roles

En la audiencia imputativa del 25 de octubre pasado Foppiani dio detalles del rol de cada uno. El jefe era el plomero, Gustavo; Emanuel M., gasista y plomero; Ricardo Roberto “Pitu” G. D., instalador de acondicionadores de aire por la zona del centro; colaborador Fabián “Huevo” P.; el joyero Miguel Ángel Gómez, y Anahí Beatriz A., esposa del gasista.

De la investigación que empezó en abril de 2016 se determinó que el jefe hacía las tareas de inteligencia. Con las llaves que les daba su hermanastro, sacaba los números a través de internet y los datos de personas de la tercera edad que vivían en el edificio. De ahí salían sus víctimas. La trama seguía desde locutorios donde Gustavo llamaba haciéndose pasar por personal de Ansés para sacarle información sobre la rutina y la cantidad de personas que vivían en el lugar. El paso siguiente era la vigilancia. Gustavo verificaba las cámaras de seguridad en la zona. Por último, era uno de los que irrumpían en los domicilios de las víctimas, dijo Foppiani.

El jefe reunía a la banda en el bar La Tana, de San Martín casi Mendoza, a metros de la joyería Nefertiti de Gómez. Otro lugar que usaba como “oficina” era un bar que está cerca del Pami, en Sarmiento y Tucumán.

La mano derecha de Gustavo era su hermanastro Emanuel M. Su función era entregar las llaves de acceso a los edificios en los que había trabajado. Después, actuaba de vigía. Entró algunas veces a las viviendas . El tercer eslabón era Ricardo Roberto G. D., apodado  Pitu. Era el encargado de ingresar a las viviendas. Por su parte, Néstor Fabián “Huevo” P., fue incorporado a la banda en la última etapa. Colaboró con las tareas de inteligencia y entró a algunas de las casas junto a Gustavo y Pitu, dijo la acusación.

El último eslabón  fue Gómez, quien –según el fiscal– revendía las alhajas robadas a cambio de un porcentaje.