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Como al final de una guerra

Así definió la situación post terremoto y tsunami el premier japonés, Naoto Kan. Admitió preocupación por plantas atómicas pero minimizó peligros. Hay 3.200 muertos y sumarían 10 mil más sólo en Miyagi.

Numerosas regiones permanecen aisladas y las acciones de socorro se ven obstaculizadas por las réplicas sísmicas, los alertas de posibles tsunamis y los incendios.

“Considero que la situación actual, con el sismo, el tsunami y las centrales nucleares, es de cierta manera la crisis más grave que enfrentamos en los últimos 65 años, después del fin de la Segunda Guerra Mundial”, afirmó ayer el primer ministro, Naoto Kan. Reconoció que la situación en la planta nuclear de Fukushima 1 sigue siendo preocupante pero advirtió que “no habrá otra Chernobyl”. En tanto, algunos funcionarios oficiales comienzan a reconocer que la cifra de muertos superará los 10 mil sólo en la provincia de Miyagi.

El premier japonés llamó en una conferencia de prensa a mantener la “máxima unidad” en el país, y agradeció la tarea de la población para afrontar la crisis provocada por el terremoto y tsunami, y subrayó que la situación sólo puede ser superada con “solidaridad”.

Por otro lado, sostuvo que “12 mil personas fueron rescatadas por los equipos socorristas” y agregó que “se dispondrán aviones y barcos para llevar asistencia alimentaria, agua y medicinas”.

En Miyagi, el jefe de la Policía provincial, Naoto Takeuchi, aseguró al canal NHK “no tener ninguna duda que la cifra de muertos superaría los 10.000 tan sólo en Miyagi”. Hasta ayer, oficialmente se confirmaron 3.200 víctimas mortales en todo el país.

La Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU informó que “unas 380.000 personas fueron evacuadas de las zonas golpeadas por el sismo y el tsunami, y fueron trasladadas a 2.050 centros de recepción”.

La ONU advirtió, además, que “numerosas regiones de la costa nororiental permanecen aisladas”, y que las acciones de socorro se ven “obstaculizadas por las continuas réplicas de asentamiento, las alertas de tsunami y los incendios”.

En ese marco, la Agencia Meteorológica japonesa advirtió que existe un 70 por ciento de riesgo de que se produzca una nueva réplica de magnitud 7 o más en los próximos tres días.

El gobierno afirmó haber duplicado de 50.000 a 100.000 el número de soldados que participan en una enorme operación de rescate en las zonas siniestradas de la costa pacífica, con la ayuda de 190 aviones y decenas de navíos.

Los primeros equipos de socorro enviados por Australia, Nueva Zelanda, Corea del Sur, Suiza, Gran Bretaña y Estados Unidos empezaron a llegar ayer.

De acuerdo con la agencia de noticias japonesa Kyodo, más de 3.400 edificios de viviendas quedaron destruidos.

En núcleos urbanos, como la ciudad de Sendai, continúan apareciendo cuerpos sin vida en las playas y la labor de los equipos de rescate se ve dificultada por las constantes réplicas y la magnitud de la devastación causada el terremoto de 9 grados de magnitud en la escala abierta Richter.

Al menos 5,6 millones de hogares siguen sin electricidad y la compañía Tepco advirtió de riesgos de interrupción del servicio eléctrico en Tokio y sus alrededores. Además, un millón de casas siguen privadas de agua potable.

Kan anunció que el gobierno autorizará a dos compañías eléctricas a efectuar a partir de esta mañana cortes rotativos de luz para garantizar el suministro en las áreas afectadas. Esas interrupciones del servicio paralizarán a parte de la economía, sobre todo la industria automovilística, el motor de la economía japonesa, la tercera del mundo.

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