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Opinión

Comienza el torneo femenino y las desigualdades siguen jugando de titular

La denuncia de Candela Cejas, ex jugadora de Platense, y la polémica programación de los partidos: protagonistas en el torneo de Primera de AFA


Arte El Ciudadano.

La pelota volverá a rodar este fin de semana en el Torneo Rexona, pero tendrá una baja. Significativa desde lo deportivo, pero también desde lo simbólico. La volante de Platense Candela Cejas, hasta hace unas semanas, capitana del Calamar, no estará en la cancha cuando su ex equipo visite a Gimnasia el domingo desde las 17. Su ausencia dice mucho. La futbolista tuvo que dejar el club y la actividad por la incompatibilidad de los horarios de entrenamiento con los de su trabajo. Porque el fútbol no es su trabajo, aunque en AFA digan lo contrario. Como muchas de sus compañeras y colegas, a pesar del anuncio de la “profesionalización”, no tiene contrato, es decir, no tiene un sueldo.

“Nos siguen discriminando por una cuestión de género, tiene que ver netamente con eso, dudo mucho que suceda lo mismo en el masculino. No veo a Platense perdiendo a su capitán del fútbol masculino. Además, tuvimos varias compañeras afectadas por el cambio de planificación y no hicieron nada para poder continuar en el club”, afirmó la jugadora en diálogo con Télam hace unos días, cuando se confirmó su salida de la institución.

En diciembre del 2019 le comunicaron la variación de los horarios y desde el club la instaron a “modificar la organización” de su trabajo, pero al encontrar dificultades decidieron dejarla libre con otras compañeras.

El fútbol argentino femenino cuenta desde junio del año pasado con ocho contratos profesionales como mínimo por plantel en la Primera División, donde hay 16 equipos. Algunos clubes, tal vez los más poderosos, lograron firmar más contratos. Y a la larga, esa desigualdad también se ve dentro de la cancha. Hay equipos que tienen todo el plantel con sueldos que les permiten a sus jugadoras sólo pensar en jugar y no tener que alternar preocupaciones como coordinar el horario laboral con el de los entrenamientos.

“Me da impotencia que digan que el fútbol femenino es profesional. No se puede llamar profesional cuando hay jugadoras que abandonan porque no le resulta compatible ir a entrenar y jugar con sus trabajos. No tenemos cobertura médica si nos sucede algo dentro de una cancha”, explicó Cejas, que ayer volvió a despedirse del Calamar por medio de sus redes sociales luego de que anunciara que va a continuar con su carrera en Sportivo Barracas, de Futsal.

Allí, fue contundente y denunció: “Nadie quiere jugadoras que exponen problemáticas, nos quieren calladas y sumisas, pero yo no juego así”.

Este fin de semana, cuando la acción vuelva al fútbol local serán dos los partidos televisados. A pesar de que la empresa que cuenta con los derechos televisivos anunció en su momento que iban a televisar cuatro. Los elegidos esta fecha son los partidos entre Racing y UAI Urquiza, y el clásico barrial entre San Lorenzo y Huracán. ¿Los horarios? Ambos programados a las 9 de la mañana del sábado y domingo. Resulta por lo menos raro, querer que una disciplina crezca en un país en donde cientos de mujeres juegan a la pelota, y poner dos partidos claves, a esa hora de la mañana.

Dificultando no sólo que los simpatizantes se acerquen a la cancha, sino el normal funcionamiento de los planteles, que tendrán que madrugar para poder jugar.

Cuando las futbolistas se ven obligadas a dejar de entrenar, y jugar, porque los horarios de entrenamiento cambian; cuando sólo 8 tienen contratos y los clubes no les abren los estadios; y también cuando el discurso de querer difundir se cae, las jugadoras levantan la voz. Y decir que es profesional suena a engaño, o al menos a no contar todo la historia.

Falta mucho camino por recorrer, claro que por algo se empieza, pero decirle profesional al torneo de fútbol femenino, es eso, sólo una forma de decir.

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