Ciudad

Gala de trabajadores

Ciudadanos ilustres: una construcción colectiva

Ya anunciado por redes, en la web y en el diario en papel, el tercer evento con que El Ciudadano festejó sus veinte años concretó “en vivo y en directo” la línea indisoluble que es su marca de identidad


Ya anunciado por redes, en la web y en el diario en papel, el tercer evento con que El Ciudadano festejó sus veinte años concretó “en vivo y en directo” la línea indisoluble que es su marca de identidad: la conexión con aquellas personas que se posicionan activamente desde su ámbito o profesión, buscando ampliar los espectros de libertad y justicia, y que fueron, con sus acciones y actitudes, llenando las páginas del diario, ahora y siempre.

El Ciudadano decidió reconocer a algunas de esas personalidades, a veinte para empatar con su cumpleaños, en una suerte de encuentro entre los seleccionados, el público en general y los trabajadores del diario que adoptó la forma de una emotiva celebración en el teatro principal de la Plataforma Lavarden. Fue el martes por la noche y la convocatoria tuvo sesgos de una gala donde lo que brilló no fueron ni la ropa, ni lo resplandeciente de los asistentes, ni alguna alfombra, sino la calidez con que ese encuentro tuvo lugar y lo que los “ciudadanos ilustres”, como se los denominó desde este medio, expresaron sobre sus luchas, su resistencia, su modo de entender lo colectivo mientras sostenían la pieza simbólica que se les había otorgado. Para este evento, como para los anteriores en este festejado cumpleaños, hubo mucha transpiración entre los trabajadores de la cooperativa La Cigarra, los que producen este diario: hubo reuniones, discusiones, preparativos, producción, se ajustaron detalles para transmitir por redes, por streaming, para dar cuenta a Rosario y al país de que un medio puede perfectamente celebrar con aquellos que dan ejemplos, con sus lectores, con la gente que cree que es posible un periodismo con agenda propia. Y los trabajadores del diario transpiraron la camiseta pero esa noche, la noche del martes, sacaron a relucir sus mejores pilchas, aquellas con las que probablemente nunca se los vea en la Redacción.

Mujeres Ilustres

Como uno de los rasgos distintivos de El Ciudadano son sus tapas, varias de las más significativas poblaron el hall y el primer piso de la Lavarden y fueron un colorido preámbulo para dar la bienvenida a quienes, de a poco, irían llenando la sala y poniendo algo nerviosos a los organizadores que habían cuidado cada detalle, desde la puesta escénica –set de luces incluido– hasta el obsesivo guión con que se programó cada momento de la noche. Cuestiones que un equipo de compañeros del diario a cargo del dispositivo logró que funcionara con encomiable dinamismo, mientras otros seguían trabajando en y desde la Redacción.

Así, cada uno de los seleccionados fue llamado al escenario donde dos compañeros oficiaron de anunciantes mientras el público en las plateas acompañó con un estentóreo aplauso. La espontaneidad, la frescura, la emotividad, la empatía, el humor y el tono dramático confluyeron para que la cita tuviera el carácter de inolvidable experiencia, una performance donde los atributos fueron las palabras expresadas y el sentido tono con que sonaron en el aire inmóvil de un auditorio atento y entusiasta. La actriz Andrea Fiorino fue una magnífica maestra de ceremonia que desplegó algunos de sus histriónicos personajes para pintar con color y humor la velada y hasta cantó un tango con arrastrado estilo. Si hay un componente que podría destacarse sobre muchos otros fue que los ciudadanos ilustres resaltaron con particular énfasis que ellos eran sólo uno más de un engranaje de una construcción colectiva y que recibir el reconocimiento en forma individual era siempre en representación de algo más grande que los contenía, y era el modo más eficaz de luchar por causas justas, se trate del teatro independiente o de la Edudación Sexual Integral. “Como la cigarra”, la canción de María Elena Walsh, tendría una bellísima versión en la voz de Eugenia Caraviotto y en el piano de Pablo Jubany, dos exquisitos artistas de la cantera rosarina.

Momentos de la escena

Cada uno de los distinguidos festejó esa comunión construida con este medio. Destacaron el espacio que encontraron cada vez que necesitaron hacerlo y lo confiable que resultaba para transmitir consignas, demandas, protestas, denuncias. El Ciudadano resultaba el medio que potenciaba sus voces. Si bien la noche se empapó con un tono de festejo, hubo un momento donde la tragedia de unos padres cuya hija está desaparecida llenó de tensión la platea. Fue cuando Alberto Perassi –quien usa un chaleco antibalas y tiene custodia policial– y su esposa Alicia, desde el escenario, apelaron una vez más a la Justicia para que encuentre a Paula, de quien no se conoce su destino aunque ya haya inculpados en la causa, y desde el dolor que los acongoja saludaron a sus abogados por la invalorable ayuda prestada en esta difícil y terrible situación.

Figuras de la escena

Hubo algunos de los seleccionados que no estuvieron presentes –con aviso– por diversas causas, entre ellos el juez Marcelo Molina, el basquetbolista Marco Giordano, la futbolista Vanina Correa y el ex jugador de Newell’s y escritor Kurt Lutman. Algunos saludaron a través de imágenes de video reproducidas atrás del escenario, donde al principio circularon otras que rememoraban sucesiva movidas de los periodistas de El Ciudadano: cierres, mudanzas, celebraciones. Hubo un distinguido que aportó un toque de humor: el inefable Piripincho, quien se “desdobló” en el personaje mientras Héctor Ansaldi le discutía las virtudes para recibir el reconocimiento. Hubo instancias políticas también, como cuando Sonia Alesso, secretaria General de Amsafé, dijo que el macrismo “vino a traer sufrimiento” y pidió por la implementación de la ESI; la hermana de Jonatan Herrera, Julieta Riquelme, agradeció el reconocimiento en nombre de los marcados “por el dolor, la injusticia y la pérdida”; el director de teatro y dramaturgo Rody Bertol apeló a la conciencia colectiva como motor de los cambios. Dijo: “Esto es un reconocimiento para todos los compañeros (de teatro). No creo en las distinciones individuales. El Ciudadano aportó a la construcción de un nosotros más amplio”. Luego vendría una mini marea verde que igual pobló el escenario y agitó sus pañuelos como señal de emblemática militancia, al tiempo que Noelia Figueroa, pionera en la aplicación del protocolo de violencia de género, agradecía la distinción a esa lucha, apuntando que todo lo que aprendió fue en esa instancia. El médico genetista Ramiro Colabianchi, quien trabaja con fertilización asistida, habló de “El patrón  común” (de los distinguidos): “Es tratar de mejorar ese pequeño espacio que ocupamos. Son muchas las luchas representadas”; el secretario general de Luz y Fuerza, Alberto Botto, expresó: “Lo que es ilustre es la causa de entender que defendiendo al otro estamos defendiendo a nosotros mismos”; una joven Renata Labrador agradeció a este diario haber dado “un lugar a las pibas”. Ignacio Canabal, presidente de la Asociación de Usuarios y Profesionales del Cannabis, dijo que esta distinción era “un premio de trabajadores a trabajadores” y es lo que lo “pone más orgulloso” y destacó que estaban sacando del lugar de tabú a una medicina (por la marihuana). El cierre tendría al secretario General del Sindicato de Prensa Rosario, Edgardo Carmona, quien dijo sentirse muy emocionado y gratificado al ser distinguido por “estos compañeros” y saludó el crecimiento con conciencia protagonizado por los trabajadores de El Ciudadano porque “de organizar las parrillas con choripán y quemar gomas a organizar este encuentro hubo un verdadero salto de construcción colectiva”. Palabras finales que dieron acabada cuenta del espíritu que animó este evento, una verdadera construcción colectiva donde muchos compañeros daban el punto y aparte en la redacción, de la nota que saldría el día siguiente y partían apresurados a la Lavarden a entregar algunas de las distinciones. La foto de conjunto entre los seleccionados y los trabajadores de El Ciudadano como cierre de la noche invocó el sentido más elevado de comunidad y de construcción colectiva.

El C-20 de Rosario

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