Ciudad, Política

Sin Filtro

Ciro Seisas: “Es fundamental que el intendente pueda definir los operativos de seguridad”

El candidato a concejal por el Frente Progresista se refirió a la inseguridad y sostuvo la necesidad de abrir el debate hacia la autonomía de Rosario. A pocos días de las elecciones, habló de sus proyectos para fomentar la educación y el empleo, y destacó el trabajo del Ejecutivo local


En su primera incursión en la política Ciro Seisas se destacó entre sus competidores. Lideró la interna del Frente Progresista y se consagró como el precandidato más votado en las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (Paso). Apadrinado por el intendente Pablo Javkin, el “heredero del megáfono” -como se mostró en los primeros spots publicitarios- asegura que se acercó al espacio por un objetivo en común: “Estar cerca de los vecinos”. En esa línea, apunta a “devolver la cultura de la educación y el trabajo” hacia donde promete orientar sus primeros proyectos en el Concejo tras las elecciones del próximo 14 de noviembre.

En diálogo con El Ciudadano, valoró la actual gestión municipal y manifestó la necesidad de abrir el debate hacia la autonomía de la ciudad. Confía, al igual que Javkin, en que el manejo propio de recursos frene la inseguridad, uno de los reclamos más urgentes que se tradujo en una serie de marchas con duras críticas al poder político durante las últimas semanas.

—La pandemia afectó los índices de empleo. ¿Qué se puede hacer desde el Concejo para favorecer una reactivación?

—Con la pandemia todos los desafíos que imprime la desigualdad se multiplicaron y el panorama se hizo más complejo. La reactivación económica se empieza a sentir a partir de los datos macroeconómicos nacionales y Rosario se recupera con una tasa del 20 por ciento, que duplica la nacional. La ayuda de las áreas de Desarrollo Humano, Hábitat y Economía Social de la Municipalidad sigue en los mismos niveles que en pandemia, lo que significa que la necesidad se multiplicó y continúa a pesar de esta reactivación que evidentemente no derrama en todos los sectores. Se pueden generar herramientas a través de planes, como el Cuidar, en el que intervienen más de 1.350 organizaciones y 220 puntos que tienen la Municipalidad y la Universidad Nacional de Rosario (UNR) para cuidar y contener a las personas a través de espacios y organizaciones intermedias: merenderos, centros comunitarios, vecinales, lugares donde se dan alimentos y enseñan oficios. No alcanzan a resolver el problema de fondo económico y social hacia donde apuntamos los proyectos con los que queremos llegar al Concejo.

—¿Cuáles son las principales propuestas para llevar al Concejo?

—La idea de Pablo (Javkin) y mía es estar cerca de los vecinos. Es fundamental devolver la cultura de la educación y el trabajo. Tengo proyectos que lo fomentan. Con la Escuela de Oficios y equipos socioeducativos de la UNR buscamos contener a jóvenes que dejaron la escuela y, a través de los datos del plan Vuelvo a Estudiar, retomar ese vínculo. A través de la Escuela de Oficios buscamos generar el primer empleo. También estar en diálogo permanente con las empresas regionales para saber qué mano de obra necesitan. Es una salida laboral y un objetivo de vida que no se puede postergar, porque sino se profundizan las condiciones de desigualdad que terminan generando los hechos de violencia de los que nos arrepentimos todos. Otro proyecto busca fomentar, a través de alguna serie de beneficios económicos, que los empresarios tomen a más de la mitad del personal mayor de 40 años. Hay que intervenir de manera urgente sobre estos aspectos. No es la utopía de resolver el problema del desempleo o la falta de educación pero hay herramientas concretas que se pueden usar desde un lugar dentro del Concejo.

—La semana pasada hubo una masiva marcha contra la inseguridad y es uno de los temas de la agenda diaria. ¿Qué se puede hacer desde el Concejo para aportar a resolverlo?

—La marcha es una expresión legítima de la bronca. Rosario es una ciudad cuyo volumen impide que las decisiones se tomen lejos del territorio. Por eso, tiene que tener autonomía. Un primer paso fundamental es que el intendente pueda definir cómo se diseñan los operativos de seguridad, en qué barrios tienen que estar y de qué manera deben sostenerse en el tiempo. Hemos visto muchas medidas, como corredores seguros u operativos especiales de control, que no han durado en el tiempo. El ex jefe de Policía de la provincia Víctor Sarnaglia dijo: «Las decisiones se toman en lugares en los que Rosario no importa y muchos de los integrantes del cuerpo policial que trabajan en la Unidad Regional II no son de Rosario, no conocen la ciudad ni les interesa conocerla». Es gravísimo para los problemas de violencia que tiene esta ciudad que no tiene fiscales, jueces, ni una estructura para perseguir y castigar el delito. Como rosarinos debemos reclamar que la corrupción no tenga lugar en esos espacios, como lo tiene dentro de las cárceles desde donde se ordenan balaceras y amenazas con la finalidad de gobernar territorios en el contexto de la economía delictiva organizada y el narcotráfico.

—¿Considera que tener una policía local podía ser una herramienta?

—Sin dudas sería una herramienta más, pero el primer paso es que el intendente defina los operativos de seguridad. Eventualmente una policía local podría darse y tener resultados, pero hay que estudiar cómo y ser cuidadosos en la forma de implementarla.

—¿Cómo favorecería a la ciudad tener autonomía?

—Favorecería que Rosario pueda manejar mejor los recursos. Es mucho lo que le aporta a la provincia y la Nación en términos de producción y exportación. Además, Rosario ya maneja su propio aparato de Salud, como no sucede en casi ningún municipio. Es un derecho adquirido y una política de Estado que se tiene que poder replicar en otras áreas. Es un camino largo pero es un momento histórico y no se puede dejar pasar la oportunidad. Es un clima político en el cual nadie le puede sacar el cuerpo a la discusión.

—La pandemia impactó en un sistema de transporte público que ya mostraba deficiencias. ¿Cuál es el principal problema y qué aporte se puede hacer desde el Concejo?

—El principal problema que tiene hoy el transporte es el financiamiento y la distribución inequitativa de subsidios. A la pandemia se ingresó con un sistema golpeado con casi medio millón de viajes diarios, una cifra que cayó 10 veces y tuvo una lenta recuperación. Hoy estamos cerca de 310 mil viajes diarios, debajo de la línea prepandemia. Se resuelve con más gente en los colectivos, por eso se empezaron a recuperar algunas líneas, y a otras las tuvo que tomar el municipio, como la 115. La gestión municipal tiene la idea de que siga siendo un sistema mixto público y privado. Con el esfuerzo económico del municipio y privados, sumado a un aumento de subsidios de la Nación, podemos tener una idea de cómo rediseñar el sistema y hacerlo más eficiente.

—El Concejo aprobó un proyecto para la readecuación del centro que tuvo duras críticas. ¿Cómo considera que ayuda a la revitalización?

—En pandemia la crisis económica del sector comercial se profundizó más en el centro que en los barrios. La facturación cayó el 30 por ciento. En cambio, los centros comerciales barriales se fortalecieron porque no se podía circular y la gente eligió moverse dentro de su barrio. El centro empezó a necesitar medidas de auxilio. La idea de esta gestión es volver a poblarlo. Hay proyectos aprobados por el Concejo para tentar a los inversores a construir viviendas para clase media y jóvenes, y dejar de enviar a la gente a lugares alejados de la ciudad, donde los servicios aún no llegaron. La idea es parar la desertificación del centro y volver a hacerlo un lugar habitable.

—¿Qué proyectos de urbanización hay para los barrios?

—En los barrios hay un contrapunto muy fuerte que se puede ver en el desarrollo de urbanizaciones en barrios populares. Se trabaja con fondos propios, de provincia y de Nación a través del programa Mi Casa en la construcción de algunas viviendas. Lo importante es la llegada de servicios. Se anunció para barrio Banana y está previsto para Las Flores, Cordón Ayacucho, Nuevo Alberdi, Moreno, Cullen y La Cerámica. Hay que intervenir para mejorar los aspectos de ciudadanía y volver a una ciudad más equitativa en sus oportunidades, aprovechando lo generado por la pandemia, donde la gente se apropió de sus barrios. El año pasado hubo que reasignar a Salud el mismo volumen de fondos –6.500 millones– que se está asignando ahora para obras y mejoras. Es un camino largo y la única alternativa es sostenerlo con una política de Estado.

—Hay un evidente crecimiento de la construcción pero no se refleja en la baja de los precios de los alquileres. ¿Se puede intervenir con algún tipo de regulación?

—Intervenir directamente sobre los precios de alquileres es imposible, porque termina siendo un acuerdo entre privados. Para el inquilino la situación es muy difícil. La ley de Alquileres tiene un mecanismo de ajuste que en el primer momento produce un impacto muy fuerte. A los locales les impacta la realidad macroeconómica que tiene que ver con el nivel de actividad. Existen algunos servicios y oficinas como la Defensoría de la Vivienda Única, el observatorio del Concejo que se encarga de revisar los alquileres y la Oficina Municipal de Defensa al Consumidor. Se pueden hacer planteos puntuales, pero un avance global es difícil porque estaríamos hablando de cambiar una norma de la órbita nacional. Se puede intervenir generando mejores condiciones para que se construya más y haya más oferta, pero Rosario es una ciudad donde hay tanta demanda que vamos a tardar mucho en regularla a través del exceso de ofertas que, además, es muy segmentado y variado.

Comentarios