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Aguante ribereño

Ciro resiste desde las islas

El granjero Requino y su familia luchan para no ser desalojados del territorio que habitan en el río Paraná, frente a Puerto Gaboto, el cual quedó dentro de un parque nacional en 2010 y desde entonces son hostigados por sus cuidadores.


“Soy tercera generación de pobladores isleños y quieren desalojarme. Lo único que quiero es vivir tranquilo, pero me mataron moralmente”. De esa manera lamentó Ciro Requino la situación que padece desde que la zona isleña que habita en el río Paraná, ubicada frente a la localidad santafesina de Puerto Gaboto –75 kilómetros al norte de Rosario–, quedó dentro de un terreno que la provincia de Santa Fe le cedió a la Nación en 2008 para la creación del Parque Nacional Pre Delta e Islas de Santa Fe; lo que se concretó en 2010.

Según relató el hombre, es hostigado permanentemente por los guardaparques e intentaron desalojarlo. Por eso, el equipo Atajo de Rosario, dependiente del Ministerio Público Fiscal, intervino mediante una presentación a la Justicia Federal santafesina para evitar el desalojo del isleño y denunció a los guardaparques.

Si bien el gobierno de la provincia dispuso relocalizar a Requino en un terreno similar al que habita, el hombre no se mostró del todo conforme.

Actualmente, Requino vive en la isla La Mabel junto a su mujer, donde se gana la vida criando animales de granja. Su hijo Pedro, de 17 años, suele visitarlos los fines de semana, ya que estudia en una escuela agrotécnica de la ciudad de Totoras.

El granjero es tercera generación de pobladores isleños y, si bien vivió un tiempo en Puerto Gaboto, hace 30 años regresó a las islas que están frente a la localidad. Primero estuvo en la isla del Medio, para luego mudarse a la isla Campo El Rico. Tras la declaración de la zona como parque nacional, la provincia lo relocalizó en La Mabel.

A finales del año pasado, producto de la crecida del río, Requino, su mujer y su hijo debieron abandonar la isla y llevar sus vacas con ellos. Así, estuvieron durante casi seis meses cuidando el ganado en las calles de Puerto Gaboto. “Esperando la relocalización se me murieron 20 vacas, porque no tenían ni agua ni comida”, se lamentó en diálogo con El Ciudadano desde La Mabel.

Una vez que el río bajó, la familia intentó regresar a la isla, pero las trabas comenzaron a acumularse. “Estábamos con los animales en Puerto Gaboto y nos empezaron a llegar cartas de desalojo. Cuando fui al río para volver a La Mabel y subí las vacas a la barcaza, me las hicieron bajar y ahí se murieron dos más. Por eso decidí largarme al río por mi cuenta con los animales y ahora estoy buscando las vacas que se me fueron cansando”, contó Requino en un relato que cualquier guionista cinematográfico envidiaría.

“Entre la espada y la pared”

Si bien el Ministerio de la Producción de Santa Fe decidió relocalizar a Requino y su familia, la situación de incertidumbre no cesa. “Estoy entre la espada y la pared. No sé si me van a reubicar, pero si lo hacen quiero que sea en un terreno donde pueda tener mis animales”, expresó el poblador isleño, quien relató el hostigamiento que sufre por parte de los guardaparques: “Mataron a varios de mis chanchos; los vi con las manos en la masa. Encontré dos veces mi casa toda revuelta, algo que nunca me había pasado cuando no estaban, por lo que sospecho de ellos”.

“Corremos riesgo de vida, porque no sabemos con lo que puede salir esta gente. Cuando mataron mis chanchos, mi mujer tuvo un ataque de nervios y la tuve que llevar al médico”, recordó.

Requino aseguró que otros isleños viven una situación similar, pero las agresiones se dan contra él por su lucha para quedarse en el territorio: “En la zona somos seis isleños y a todos nos pasa lo mismo, pero yo me rebelo”.

Reclamo político

El habitante de la isla La Mabel considera que la solución a su problema debe venir desde la política, pero manifestó que no confía en la dirigencia santafesina. Si bien se definió como “un militante peronista de toda la vida”, reveló que en la última elección su voto fue en blanco, ya que a su entender “los políticos santafesinos son una vergüenza”.

“Sólo la diputada nacional Lucía De Ponti se la jugó por mi problema, junto a los chicos de Atajo. Pero desde Parques Nacionales le pusieron trabas. No entiendo cómo nadie se pone las pilas”, expresó.

“En el norte del país, a los aborígenes les quitaron las tierras y los metieron en las villas, ¿quieren hacer lo mismo con nosotros? Somos gente de la isla: pescamos y criamos animales para sobrevivir. El turista viene a pescar y nos compra animales, no sé qué clase de turismo quieren promocionar”, se quejó el habitante de La Mabel.

Una escapada veraniega

El encanto de las islas del Paraná atrae a los adolescentes de Puerto Gaboto, a quienes Requino les ofrece visitar la isla a cambio de que saquen buenas notas en el colegio. “Mi isla es como una granja. Hay muchos animales y es una alegría para los chicos. No entiendo qué daño puedo hacerle a la naturaleza con esto”, se preguntó el granjero de Puerto Gaboto, quien también da consejos a los estudiantes: “Les digo que tienen que estudiar para desarrollarse en la vida, porque son chicos marginados por la sociedad. La directora de la escuela me dijo que mejoraron sus notas para venir en verano a la isla”.

Expansión conflictiva

El Pre Delta e Islas de Santa Fe es el primer parque nacional creado en territorio santafesino.

En el año 2008, la Legislatura santafesina aprobó la cesión de 2.900 hectáreas a la Nación para crear el parque. Además, el proyecto fija un área de 160.000 hectáreas como futura zona de ampliación.

En el año 2010, el Congreso Nacional sancionó la ley que estableció la creación del parque y desde ese momento es que Requino viene luchando para no perder su territorio, ya que la Fundación Hábitat y Desarrollo de la ciudad de Santa Fe intenta integrar las 160.000 hectáreas del proyecto inicial, extendiéndose desde el puerto de Santa Fe, hasta la confluencia de los ríos Coronda y Paraná.

Este parque nacional fue constituido por una decena de islas fluviales: isla Campo El Rico (la de mayor superficie), El Conscripto, La Gallina, Mabel, El Lago, del Medio, El Alisillar y Pajas Blancas.

Desconfiando y no viendo con buenos ojos su reubicación, aunque dispuesto a negociar, Requino propuso “medir el terreno para determinar qué lugar será parque nacional y allí sí proteger la naturaleza”.

“En lo que queda, podemos vivir nosotros. Originalmente son 2.900 hectáreas, ya sumaron 6 mil más y ahora quieren otras 4 mil”, expresó el poblador de la isla La Mabel y señaló que si el parque se conforma con una extensión de 5.000 hectáreas no habría inconvenientes con los isleños. “No entiendo qué es lo que quiere Parques Nacionales, tengo muchas dudas de todo”, agregó Requino, desconfiando de las intenciones de las autoridades.

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