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China y EE.UU.: mal clima

Los dos mayores contaminantes del planeta se acusaron mutuamente ante la falta de avances sobre el tema ambiental. Los chinos dijeron que los americanos son como “un cerdo que se mira en un espejo”.

Los dos mayores contaminantes del planeta, Estados Unidos y China, se acusaron mutuamente ayer de la falta de un verdadero avance en las negociaciones sobre el cambio climático, lo cual es un mal augurio para la próxima cumbre de Cancún, México, del próximo mes de noviembre y que se supone debe reparar el fracaso de Copenhague del año pasado.

Ayer fue el último día de una semana de negociaciones en Tianjin (China), en la recta final antes de la reunión que tendrá lugar en la ciudad mexicana de Cancún del 19 de noviembre al 10 de diciembre.

Todo avance a largo plazo chocó con las propuestas divergentes de los dos principales actores de las negociaciones, China y Estados Unidos, que suman el 50 por ciento de las emisiones globales.

“Estamos particularmente decepcionados de haber logrado sólo escasos avances en la cuestión central del control de las acciones emprendidas por cada uno de los países respecto a su emisión de carbono”, declaró el negociador estadounidense Jonathan Pershing.

“No hay solución al problema (…) a menos que encontremos una solución de conjunto”, dijo. Pero “parece que hasta ahora, los intereses de los dos países no coinciden”, agregó.

Más tarde, el principal negociador chino, Su Wei, replicó que “no es justo criticar a los otros cuando no se hace nada”, afirmando que China ejerce un “control nacional” de sus compromisos y comparando Estados Unidos a un “cerdo que se mira en un espejo”.

En tanto, Pekín se fijó un objetivo de reducción de las emisiones de carbono por unidad de su Producto Interno Bruto (PIB) de 40 a 45 por ciento entre 2005 y 2020.

El presidente estadounidense Barack Obama se comprometió a reducir las emisiones de CO2 en un 17 por ciento de aquí hasta 2020, con respecto a su nivel de 2005.

Sin embargo, pese a las acusaciones cruzadas, hubo puntos de vistas optimistas como el de la costarricense Christiana Figueres, máxima responsable de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para el cambio climático.

“Las conversaciones de esta semana nos acercaron a un conjunto estructurado de decisiones que pueden significar un acuerdo en Cancún”, sostuvo.

Se trata de cuestiones cuyo principio había sido recogido en las actas del acuerdo de Copenhague a fines de 2009 y que podrían llegar a ser operacionales, como el Fondo Verde, –un mecanismo para la transferencia de tecnologías o para ayudar a los países más vulnerables a “adaptarse” a los impactos del cambio climático y la lucha contra la deforestación.

Todos estos avances fueron destacados por la ONU, que quiere evitar por todos los medios comenzar de cero en Cancún, corriendo el riesgo de ver desacreditado todo el proceso que auspició, sobre todo después del fracaso de Copenhague.

Por otra parte, para numerosas delegaciones presentes –de más de 170 países– y según las palabras de Figueres, Cancún también debe “sentar las bases” de lo que sería un acuerdo global que permita luchar eficazmente contra el cambio climático.

La conferencia de Copenhague tenía como misión elaborar un acuerdo internacional de lucha contra el calentamiento global que tomase el relevo del Protocolo de Kyoto, que expira en el año 2012.

Por el contrario, culminó en un texto no vinculante, negociado a última hora por un grupo reducido de jefes de Estado, que fija como objetivo limitar el alza de la temperatura del planeta a 2 grados, pero que se mantiene impreciso sobre los medios.

Por el momento, los objetivos en materia de emisión de gas de efecto invernadero propuestos por los países industrializados y por 37 países en vías de desarrollo están lejos de permitir mantenerse por debajo de los 2 grados.

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