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Crisis social

Chile: el coronavirus se convirtió en nuevo actor político ante las protestas

La pandemia modificó el escenario del levantamiento popular frenando el plebiscito para una Constituyente para redactar otra Carta Magna y abolir la que data de la dictadura de Pinochet y hay riesgo de que el distanciamiento físico se transforme en social


Constanza Estepa y Marcelo Maisonnave **

La pandemia mundial que irrumpió este año y que llegó a Sudamérica antes de lo imaginado por los gobiernos de la región, modificó el escenario y la vida de todas las personas, individualmente y a escala social.

Al día de hoy no estamos en condiciones de imaginar ni de considerar las posibles consecuencias de los cambios que inevitablemente llegarán en los próximos meses.

En Chile se atraviesan desde el año pasado momentos de mucha intensidad social y política. Las multitudinarias protestas sociales que distintos sectores realizaron en las calles de Santiago y de todo el país, patearon el tablero del establishment político chileno y lo obligaron, después de un proceso que incluyó represión, violencia y muerte, a la convocatoria de una Constituyente para redactar una nueva Carta Magna que deje definitivamente atrás la Constitución impuesta por la dictadura de  Pinochet.

A estos fines, está convocado un plebiscito para que los chilenos y chilenas respondan a las preguntas: a) ¿Quiere usted una nueva Constitución? Apruebo o Rechazo; b) ¿Qué tipo de órgano debiera redactar la nueva Constitución? Convención Mixta Constitucional o Convención Constitucional.

Respecto de este punto, la diferencia radica en que la Convención mixta incluye a la mitad de convencionales surgidos de los actuales miembros del Poder Legislativo, en tanto la Convención a secas permite la elección de la totalidad de sus miembros por nuevo voto popular.

El plebiscito que estaba previsto para el 26 de abril, en razón del aislamiento social impuesto por razones sanitarias, fue postergado para el 25 de octubre. El coronavirus se convirtió en un actor político trascendental en Chile, al punto que replegó a la población a sus casas como no lo hubiera podido hacer el gobierno ni con el Estado de excepción.

Crisis en contexto de pandemia

El 18 de octubre del 2019 va ser recordado en la historia chilena como el día que comenzó uno de los ciclos de protestas más trascendentales en la configuración de un nuevo entramado político-social.

Si bien el foco inicial del conflicto estuvo relacionado con reivindicaciones estudiantiles, el llamado a una medida de fuerza de evasión del pago del boleto de transporte produjo empatía y adhesión social masiva de otros sectores.

La mayor novedad que nos muestra este proceso de protestas es que ha logrado conjugar demandas sectoriales de lo más heterogéneas provocando una crisis política que sigue desarrollándose, ahora en contextos de pandemia.

Una nota preponderante del estallido social chileno fue su capacidad de convocar a las calles a actores sociales que no venían de experiencias políticas anteriores.

A diferencia de otros procesos históricos de movilización, en las marchas chilenas no es posible identificar banderas de sindicatos, partidos políticos ni organizaciones políticas tradicionales.

Podría efectuarse un análisis sobre los liderazgos políticos, pero si algo caracteriza esta rebelión popular es la ausencia de liderazgos individualizables en un sujeto. Son las demandas relativas a educación, trabajo, salud, igualdad de género las que dominan la escena pública.

Cuando el avance popular se hizo incontenible para los canales institucionales establecidos, buena parte de los partidos políticos chilenos respondieron a la convocatoria del presidente Piñera para llamar a la Constituyente, por lo cual firmaron el denominado “Acuerdo Por la Paz Social y la Nueva Constitución”.

El Partido Comunista y una parte importante del Frente Amplio no suscribieron el documento, en rechazo a la ausencia de organizaciones sociales en la convocatoria y en disidencia con cuestiones relevantes. Camila Vallejo, diputada del Partido Comunista, recalcó que van a participar del proceso para “perfeccionarlo” y para que realmente cuente con la participación de las mayorías.

De todos modos,  las derrotas parciales de la derecha chilena y del presidente Piñera no significan una derrota definitiva, y la única garantía del avance de los sectores populares es la movilización y participación activa.

¿Habrá reforma?, ¿qué reforma surgirá? Habrá que estar muy atento a la correlación de fuerzas entre los sectores en los próximos meses.

Por el momento, la imagen pública de Piñera está por el piso y, en general, los partidos políticos tradicionales también son rechazados por la gran mayoría de la población.

Sin embargo, estos sectores tienen una capacidad de recomposición notable a través de sus redes en el poder mediático y económico.

Organizar las demandas

Augusto Pinochet destruyó por completo la salud pública chilena y los gobiernos posdictadura no la reconstruyeron. Buena parte de las demandas consistieron en acciones de impugnación al sistema de pensiones y de salud.

El sistema de salud de Chile se encuentra subsumido por el sector privado y, en efecto, el colapso del servicio de salud frente al avance del COVID-19 supone consecuencias devastadoras para la población chilena.

El coronavirus es un nuevo actor político que influye en el desarrollo de los acontecimientos. Por un lado, puede pensarse que es un “aliado” de Piñera, en tanto pudo merced a la cuarentena, nuevamente desplegar al Ejército en las calles, impedir todo tipo de reuniones o manifestaciones, y postergar el plebiscito constitucional.

En otra lectura, el sociólogo Carlos Ruiz Encina explica que “otra vez se vuelve a ver la misma situación de vacío político que durante las movilizaciones. El hecho de que la sociedad chilena se haya organizado y sea más solidaria, antes de que entrara la pandemia, la hizo mucho más permeable a la idea de que hay encerrarse no para cuidar de uno mismo, sino al otro.

Se activó una sociedad más organizada, empujada también por los vacíos de gobierno”. ¿Podrán los millones de chilenos y chilenas que protestan, y que reclaman una nueva Constitución, organizar sus demandas y conducirlas con liderazgos legitimados?

A los factores preexistentes, se suma ahora el coronavirus y la cuarentena. El desafío es que el distanciamiento físico no se convierta en un aislamiento social. Nada es fácil pero nada es imposible para las mayorías populares.

** abogados, maestros en Derechos Humanos  e investigadores del Centro de Estudios Jurídicos y Sociales Latinoamericanos de la Facultad de Derecho de la UNR

 

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