Sociedad

Entrevista a Néstor Berlanda

Casos de abducción: entre el “secuestro extraterrestre” y la “iniciación chamánica”

Este sábado a las 22 por Youtube, el psiquiatra Néstor Berlanda y el psicólogo Juan Acevedo estarán en una nueva edición del Café Ufológico con María Angélica Vidal y su hijo quienes dicen haber vivido un caso de abducción en Cipolletti en los años 90. El caso de "Los nenes del sur"


“Madrugada del Sábado 11 de Febrero – 4:00 aproximadamente. En algún lugar de la ruta Nacional Nº 251, a pocos kilómetros de General Conesa. Aparentemente la primera en despertarse es María Angélica, aunque podría decirse que todos despiertan al mismo tiempo, Juan despierta plenamente consciente, casi como si no hubiera dormido, sin embargo al mirar su reloj se da cuenta que pasaron 2 horas. En ese instante María le comentaba que había tenido un sueño extraño en el que veía a unos «nenes» pequeños y pelados, muy brillantes que le habían hecho algo en el brazo izquierdo”. Así detallan en parte del capítulo “Los nenes del sur”, del libro Los extraños (Ediciones MC 2000), el psiquiatra Néstor Berlanda y el psicólogo Juan Acevedo al extraño caso de la familia Vidal que, en la década del 90, asegura que vivió en Cipolleti, Río Negro, lo que podría considerarse un caso de abducción. Madre e hijo fueron sometidos al método que el equipo de profesionales llama “técnicas de recuperación de recuerdos conscientes” y experiencia y resultado quedaron plasmados en ese libro.

Este sábado a las 22 por Canal Demonios de Youtube, estarán María Angéliga y su hijo. También Berlanda y Acevedo, en una nueva edición virtual del Café Ufológico Rosario que coordinan Lorena Schiaaratta y Paulo Colacrai, para contar la experiencia acontecida a mediados de los 90.

En diálogo con El Ciudadano, el psiquiatra Néstor Berlanda cuenta la investigación que realizó junto con el psicólogo Juan Acevedo en Río Negro, en 1995, y que quedó plasmada en el libro Los extraños, editado por única vez en la Argentina en 2000 y reeditado en España 20 años después. En ambas oportunidades la obra se agotó y se espera una nuevo lanzamiento en Europa para octubre de este año.

 

—¿Cómo se enteraron del caso de Río Negro?

—Por intermedio de nuestro amigo fallecido Luis Reinoso, que tenía una prima que a su vez era amiga de María Angélica Vidal. Tuvimos una conversación telefónica de más de una hora en donde nos contó los pormenores de lo que había sucedido y el caso nos resultó lo bastante interesante como para hacer ese viaje de unos 2.500 kilómetros a Cipolleti. Fuimos dos veces, estuvimos siete días la primera vez y cuatro o cinco días el segundo viaje, parando en la casa de la prima de Luis. Pero prácticamente todos los días estuvimos en la casa de la familia Vidal. Eso implicó muchas entrevistas. El método que teníamos junto con Juan Acevedo y Luis Reinoso también en ese momento era una investigación del tipo participativa: estar conviviendo, entrar en confianza con la familia y colocarse desde un lugar de observador participante. Eso nos permitió hacer tres regresiones: dos a María Angélica y una al hijo que en ese momento tenía 17 años.

—¿Qué les contó la familia Vidal sobre lo ocurrido?

—Lo más interesante como hecho concreto es el sueño que tiene María Angélica y toda su familia en circunstancias un poco raras, porque la familia estaba acostumbrada a viajar y paran  a dormir en un estacionamiento al costado de la ruta. Ven ese lugar las luces de San Antonio Oeste que era la estación de servicio en donde habían cargado nafta hacía poco y cuando despiertan, a las dos horas y media, no estaban en el lugar donde habían parado porque no había yuyos, era un sitio vacío y no se veía ningún tipo de luces. Verifican que están todos bien, María Angélica le cuenta el sueño a su marido y arrancan, y cuando hacen unos 20 o 30 kilómetros se encuentran con un cartel que dice “Gral Conesa, 53 kilómetros” y eso significaba que de haber parado en la ruta 3, habían cambiado de ruta y estaban en la 251, a unos 80 kilómetros del lugar en donde se habían detenido. El tanque de nafta estaba lleno y no habían gastado prácticamente ni una gota, cuando lo habían llenado en la estación de servicio ubicada en el cruce de las rutas 3 y 251. Ellos le preguntaron cuánto tenían que haber gastado para hacer ese trayecto y era algo más de un cuarto de tanque y seguía lleno. Eso fue lo más sorprendente y el sueño que tuvo María Angélica que los ubica en casos de abducción.

—¿Cómo fueron sus intervenciones cuando viajaron a Cipolleti?

—Éramos dos profesionales de la salud mental. En primer lugar, esta observación participante nos permitió ver la estructura familiar, la personalidad de cada uno de los integrantes, el funcionamiento, inclusive con los amigos. Era una familia completamente normal, sin ningún interés de dar a conocer lo que había pasado. Prácticamente esto que cuentan que le sucedió, no salió en la prensa, ellos no tenían interés de hacerlo público.  Lo que salió a luz sobre el caso, a través de las redes, fue porque lo sacaron del libro nuestro. Son testigos confiables, que no mienten y no tenían interés de trascender de ninguna manera.

—¿Cuál fue el método que utilizaron para ahondar en la experiencia que contó la mujer?

—Se prestaron a lo que nosotros llamamos Técnicas de Recuperación de Recuerdos Conscientes, para diferenciarlo un poco de lo que la agente suele asociar con la hipnosis. Nosotros nunca hicimos hipnosis. En estos casos es una herramienta bastante compleja porque puede una pregunta mal hecha, inducir a una falsa memoria de parte del testigo. Lo que hacemos es trabajar en un estado de relajación profunda en donde el sujeto en todo momento si quiere contar las cosas, las cuenta y si no quiere hacerlo no lo hace. Una vez que sale del estado puede volver a hablar del tema porque lo recuerda. Eso permite que se meta más en ese recuerdo.

—¿Cuál es la diferencia con la hipnosis?

—Para diferenciarlo más concretamente de la hipnosis, en ella el sujeto trabaja en estado alfa-beta, que es como si estuviera durmiendo pero despierto a la vez mientras que en relajación profunda el sujeto estaría en un estado beta, que es el estado que se produce antes de entrar en sueño profundo, o antes de despertar. Es un estado muy particular, de gran creatividad donde se estimula la memoria. Es e que hicimos en estas regresiones.

—¿Qué contó María Angélica en ese estado de relajación profunda?

—En este estado de relajación profunda María Angélica recuerda como sueño es que salen todos por el techo de la camioneta, elevados hacia un lugar de donde salía una luz blanca desde distintos lugares y ella se ve en una camilla, acostada y con un brazo extendido y unos nenes, tal como ella los describe y por eso el capítulo del libro Los extraños se llama “Los nenes del sur”, que juegan con ella y como que le hacen cosquillas. También ve a dos señoras con la misma características que estos nenes, pero más altas y vestidas con una especie de cofia y una bata blanca. Según contó María Angélica tenían los ojos ovalados y negros, típico de este tipo de experiencia, los llamados grises dentro de la terminología omnilógica. Estas mujeres le tocan el brazo y ella siente un fuerte dolor en el pecho. Ella lo vive dentro de la experiencia y nosotros l sacamos del estado de relajación cuando siente de nuevo ese dolor y es lo que recuerda.

—¿El hijo también se sometió a la regresión?

—Sí, pero lo curioso del caso es que cuando le hacemos la regresión al hijo él no describe nada, sino que está en un lugar oscuro, que lo ve como un galpón. No ve luces ni seres pero sí siente que es sacado de la camioneta y es el primero en regresar. Esa forma de salir de la camioneta coincide con el relato de la madre. Ninguno sabía lo que había contado el otro en estado de relajación profunda. El esposo no quiso participar, tenía mucho miedo y de hecho tuvo mucho miedo cuando María Angélica le cuenta el sueño que tuvo.

—¿Cuáles fueron las conclusiones del equipo?

—La misma conclusión que tenemos con todos estos eventos. Algo pasó. Evidentemente fue más que un sueño, pero no sabemos a qué obedece.

—¿Algún integrante de la familia Vidal sufría algún tipo de patología psiquiátrica?

—No. No hay ningún tipo de patologías en la familia. Sí hay patrones del orden de lo psicológico, en el sentido de que hemos encontrado, ya sea en casos que hemos investigado nosotros, tanto en la Argentina como en el exterior, de que han sufrido algún tipo de evento traumático en la infancia. En el caso de María Angélica, había tenido una enfermedad de chica, creo que era epilepsia, lo que le impedía jugar normalmente con otros chicos. En todos los casos tienen esa constante. Eso significaría que de chico el niño no quiere vivir esa realidad traumática que le toca enfrentar, cuando está formándose la personalidad, y adquiere cierta gimnasia para entrar en estados no ordinarios de consciencia, irse a otro lado. Esa gimnasia aparece en casos de abducción y también en personas que han tenido experiencias cercanas a la muerte. De alguna manera el cerebro se acostumbra a entrar en estos estados particulares en donde se perciben otras cosas, por decirlo de alguna manera, o se alteran las leyes de la realidad. Eso es lo que hemos encontrado en Cipolleti: no hay patologías, son testigos confiables, algo les pasó, todos quedaron muy conmovidos por la experiencia de cambiar de ruta y, sumado al sueño que María Angélica contó como sueño, sumó un componente más y generó un temor en la familia.

—¿Las abducciones existieron?

—Si bien aparecen estos grises que están vinculados a la ovnilogía, nosotros pensamos que el tema de las abducciones tienen que ver con otra cosa, más con un fenómeno particular de la consciencia, con un fenómeno de la realidad y que hoy, en nuestra cultura, aparece como secuestro por parte de extraterrestres. En la antigüedad se consideraban iniciaciones chamánicas. Aquella persona que iba a ser el médico chamán o el líder espiritual de la comunidad tenía ininciaciones en las que era llevado por  entidades espirituales que lo llevaban a un lugar determinado, como una caverna de forma circular, también muy iluminado, en algunos casos les hacían exámenes físicos colocándole piedras sobre el cuerpo y después volvían a la comunidad con un mensaje para dar o con una fuerza de liderazgo. Las abducciones siguen el mismo patrón que tenían las inciaciones chamánicas y, básicamente, tienen como resultado un cambio profundo en la personalidad de esa persona.

(*) Néstor Berlanda es psiquiatra, docente de la cátedra Psiquiatría Adultos y de la carrera de posgrado en psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Rosario (UNR). Fue subdirector del Centro Regional de Salud Mental Agudo Ávila entre 2001 y 2003, donde actualmente trabaja. Es investigador en etnopsiquiatría, estados ampliados de conciencia, culturas precolombinas, y aplicación potencial de plantas sagradas en psicoterapia. Presidente de la Fundación Mesa Verde (Rosario), es autor de numerosos libros

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