Coronavirus, Región

En fase 1

Casilda en cuarentena dura: una semana marcada por los contagios de coronavirus y una batalla campal

La localidad cabecera del departamento Caseros llegó a los 206 contagios de coronavirus y se posicionó como la segunda ciudad más afectada en territorio santafesino. Los accesos están cerrados y la vida social en pausa. Hubo desembarco de más policías por un incidente en barrio Nueva Roma


Cada noche, a las 19, la sirena de los bomberos suena en Casilda. El ruido, que llega a cada rincón de la ciudad y solía alarmar a la población por estar asociado a incendios y siniestros viales, tiene desde el 4 de agosto otra función. Desde ese día, en el que la cabecera del departamento Caseros regresó a la llamada fase 1 de la cuarentena, la sinfonía inquietante resuena para marcar el horario en que los comercios esenciales deben bajar las persianas. Las calles, raleadas de por sí, quedan desiertas hasta un nuevo día.

Casilda, de casi 40 mil habitantes, es la segunda ciudad de Santa Fe –después de Rosario– con más casos de coronavirus. Hasta el mediodía de este viernes, las autoridades sanitarias tenían registro de 206 positivos. Acaso ese número cobre más relevancia si se tiene en cuenta que hace 20 días sólo había tres contagios.

El aumento progresivo, ya en etapa de circulación comunitaria, ameritó que la vida social en la Capital Provincial de la Miel quedara en pausa. Hoy los accesos a la ciudad se encuentran sitiados: “Está todo cerrado, no ingresa mercadería salvo lo esencial. Las empresas de Casilda deben enviar un correo electrónico a la Secretaría de Salud avisando que está viniendo un equipo a traer mercadería. Entonces, personal de sanitización se llega al ingreso donde informan que va a entrar ese camión, el cual se desinfecta y sigue su camino”, explicó Marcelo Zanetti, secretario Legal y Técnico del municipio.

Nadie tiene en claro al ciento por ciento qué ocurrió. Tanto Zanetti como el intendente, Andrés Golosetti, atribuyeron el inusual aumento de casos al relajamiento de las medidas de prevención y a las reuniones afectivas y familiares. Para Zanetti, parte de la responsabilidad en la cadena de contagios la tuvieron quienes participaron de partidos de fútbol, según indicó el rastreo de casos.

Omar Moya, director del Hospital San Carlos, dijo que “hay dos orígenes muy concretos: las reuniones sociales, y la llegada a Casilda de obreros de la construcción, venidos de Rosario, que podían ingresar dado que la actividad estaba permitida, y eran asintómáticos, y que pudieron ingresar el virus”.

Las situación, de todas maneras, no es catastrófica, a decir de Moya, que también es médico integrante del Comité Epidemiológico Local: “Con respecto a la ocupación de camas en los distintos nosocomios de Casilda, tanto en el Hospital como en sanatorios o clínicas privados, podemos decir que estamos dentro de todo bien, aunque atentos a lo que pueda suceder, habida cuenta de que es como se ha repetido una situación que cambia de manera permanente, y ante la aparición de nuevos casos, lo que en los próximos días va a seguir sucediendo”. Según informaron desde el San Carlos, hay 1.300 personas aisladas por contactos con casos positivos: un tres por ciento de la población.

Hasta el momento la ciudad registró cuatro muertes relacionadas con covid 19, aunque las víctimas –explicaron voceros– padecían serias enfermedades preexistentes.

A partir de la cuarentena, cobró relevancia la posición de la ciudad como centro comercial y de actividades para la región. Casilda no será una metrópoli, pero es esencial para un pueblo aledaño como Sanford, que no posee estación de servicio, ejemplificó Zanetti. “Así y todo, mucha gente viene a supermercados y locales de indumentaria”, agregó el funcionario.

La terminal, antes con movimiento a toda hora, sobre todo por el ir y venir de estudiantes hacia y desde Rosario, es un páramo. Hay sólo dos horarios de colectivos que van a Rosario. Y otro par con destino Casilda. Pero no ingresan a la terminal: el fin del recorrido es en la ruta 33 y bulevar Ovidio Lagos (a metros de la Facultad de Veterinaria). Allí un equipo de trabajadores municipales se encarga de la sanitización de los pasajeros que llegan de Rosario. Se les mide la temperatura, se constata su llegada y se les informa las recomendaciones vigentes, dijeron desde el municipio.

No toda Casilda estuvo supeditada a la agenda sanitaria. Cadenas de Whatsapp atribuidas a comerciantes no considerados esenciales –obligados a volver a cerrar sus locales hasta nuevo aviso–, comenzaron a inundar los teléfonos de la ciudadanía. “Plomeros, albañiles, fábricas, comercios en general, gimnasios, bares, restaurantes, kinesiólogos, profesionales, cuentapropistas, peluqueros, jardineros, personal de tareas domésticas, talleres mecánicos, carpinterías, gomerías, oficinas privadas y de servicios: no tenemos otro sustento, ¡necesitamos trabajar urgente!”, dice una de las misivas destinadas a Golosetti, uno de cuyos secretarios dio positivo de coronavirus, por lo que parte de su gabinete permanece aislado en pos de prevenir más contagios. Otro frente de tormenta para el Ejecutivo local que, de todas maneras, no tiene total potestad de aplicar medidas de apertura o cierre, ya que depende de los decretos del Ejecutivo provincial.

La crónica policial, sin embargo, disputó la hegemonía de la agenda covid en Casilda esta semana. El incidente, que levantó temperatura en el termómetro del humor social, ocurrió el martes por la noche en un sector postergado de barrio Nueva Roma D, donde se registró una batalla campal entre dos grupos antagónicos que sumaron una treintena de personas y duró varias horas.

Cuando efectivos policiales llegaron al lugar, Alberdi y Pescio, se llevaron la peor parte: cuatro agentes heridos a piedrazos y móviles policiales destrozados a gomerazos. Incluso hubo quienes escucharon disparos de arma de fuego. La respuesta policial no se hizo esperar: al otro día las autoridades locales anunciaron el desembarco de 30 efectivos de la Policía de Acción Táctica (PAT), enviadas por el jefe policial provincial Víctor Sarnaglia. Además, este viernes hubo allanamientos con detenidos bajo sospecha de participar de la trifulca.

Pero no fue todo. Aun con las calles desiertas y controladas el jueves por la madrugada, cuatro comercios céntricos fueron vandalizados: las vidrieras de los locales fueron reducidas a astillas. Y de sólo uno se llevaron un magro botín: 200 pesos.

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