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Casas donde estuvo el Fuerte

Tras años de lucha se construirán 91 viviendas para las familias que hasta 2004 vivieron en una estructura de hormigón abandonada que se derrumbó sola días antes de que la demolieran. Ayer se firmó el contrato.

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Se lo conoce como Fuerte Apache, tal como su similar del Gran Buenos Aires. Pero en este caso no se trata de un complejo de monoblocks sino de un asentamiento de familias que quedaron en la calle después que en 2004 se derrumbara la estructura de hormigón de un edificio a medio construir que habitaban en zona sur y que pertenecía al Sindicato del Calzado.

Así el predio donde se levantaba el Fuerte Apache fue ocupado por vecinos y se transformó en un símbolo de la resistencia, del reclamo para obtener viviendas dignas, con un líder natural conocido por todos como Flecha Junco.

Decenas y decenas de oportunidades sus piquetes se hicieron sentir en la zona sur de la ciudad, y cada tanto también frente a sedes de organismos oficiales en el centro rosarino. Y en cada ocasión Osvaldo Flecha Junco repetía la misma frase: “No nos dan nada porque no estamos con algún partido”, y repetía que no estaban “ni con el socialismo ni con el peronismo”.

Ayer, en el marco de la inauguración del Centro de Atención Primaria de Salud 20 de Junio, en el corazón del asentamiento, el gobernador Hermes Binner y el intendente Miguel Lifschitz presidieron el acto de firma del contrato con la firma Del Sol Constructora SRL para levantar 91 viviendas y la correspondiente infraestructura, incluidas en el Programa Federal 2, con una inversión de 8.692.999,60 pesos y un plazo de ejecución de 18 meses. Fue un paso trascendente a seis años del derrumbe de aquel esqueleto de edificio semiabandonado que un día colapsó tal como venían previendo ingenieros y dependencias municipales que advertían a las familias del peligro en el que se encontraban.

Después del acto y cuando ya no quedaban funcionarios en el lugar  El Ciudadano dialogó con Flecha Junco, mientras en el humilde local del centro comunitario Fuerte Apache se iniciaba la preparación en dos grandes ollas del guiso de fideos que se serviría un rato después a entre 55 y 60 familias. Con la cara tiznada tras ocuparse del fuego, Junco fue muy claro: “Voy a estar tranquilo cuando duerma en mi cama y en mi casa”. Y aclaró: “Ya nos prometieron muchas veces las casas”.

Tanto Junco como otros hombres y mujeres que lo escuchaban precisaron que la lucha por las viviendas la iniciaron antes de 2001. Pero el año clave fue 2004, precisamente en enero, cuando hacía pocos días que Miguel Lifschitz había asumido su primer mandato como intendente. Previo al derrumbe y ante el inminente colapso de la estructura ocupada, se firmó un acta compromiso entre los vecinos de Fuerte Apache, el Servicio Público de la Vivienda (SPV) y la Secretaría de Promoción Social por la cual la Municipalidad se comprometía a ceder tierras para que la Dirección Provincial de Vivienda y Urbanismo provincial construyera unidades habitacionales. Como contrapartida, las familias que se alojaban en la estructura se comprometían a dejar el lugar para permitir su demolición.

Seis años después los vecinos esperan ver pasado mañana el inicio de las obras, aunque están dispuestos a esperar algo más de tiempo. “Si en un mes no empiezan volveremos a prender fuego frente a la Municipalidad”, advirtió Junco a este diario.

Junco no se privó de realizar otros reclamos, y adelantó que continuarán la pelea porque las viviendas que se construirán son 91, “pero acá viven 130 familias”. Y enfatizó: “Queremos casas para todos”.

Las futuras viviendas se levantarán en el predio limitado por Lamadrid, Paraguay, Anchorena y Flammarión, con dos prototipos. Las unidades de planta baja contarán con dos dormitorios, baño y cocina con estar y comedor; mientras que las viviendas que se construirán como dúplex poseerán cocina con estar-comedor en la planta baja y baño y dos dormitorios arriba.

El nuevo barrio tendrá red de agua potable, cloacas, gas natural, alumbrado público, electricidad domiciliaria y pavimento. Se realizarán veredas y arbolado y se instalarán cestos para los residuos.

Ayer, mientras esperaban sus futuras casas, niños y adolescentes jugaban dos picaditos de fútbol. En un futuro allí estarán sus nuevas viviendas.

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