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ciclo de par en par

Canciones y cuentos para contar historias


Hernán Casciari es escritor y periodista. Publicó varias novelas como El pibe que arruinaba las fotos y Más respeto que soy tu madre, que más tarde adaptó al teatro Antonio Gasalla, y creó la mítica revista Orsai. Sus cuentos son reconocidos a nivel mundial, muchos traducidos a varios idiomas. Nació en Mercedes, vivió en Barcelona y actualmente reside en Buenos Aires. Hasta 2010, fue columnista de opinión de El País (España) y La Nación (Argentina) y desde 2012, lee versiones cortas de sus cuentos en las radios argentinas Vorterix y Metro. En 2015 sufrió un infarto en Montevideo, tuvo que dejar de fumar y como no puede escribir sin “echar humo”, dejó también la escritura. Su “muleta” fue el teatro, la forma que encontró de seguir trabajando en algo que su mente no asocie al cigarrillo. Así surgió Una obra en construcción, en la que sube al escenario con su familia e invitados especiales a contar historias. Después vino Tragedias en el que el escritor leía sus cuentos más trágicos acompañado por el músico Zambayonny. Y ahora decidió armar dupla con Fabiana Cantilo para llevar adelante Comedias, un espectáculo más “luminoso” en el que la cantante, acompañada por los músicos Marcelo Capaso y Cay Gutiérrez, se sienta a escuchar los escritos más cómicos de Casciari para después interpretar sus temas.

“La primera vez que hicimos este espectáculo con Fabiana no le había dicho qué cuentos tenía pensado hacer, para que ella se divirtiera sobre el escenario. Entonces, en un punto, los pensé para que le gustaran a ella. Son cuentos luminosos, divertidos, que hacen juego con las canciones de Fabiana”, contó Casciari a El Ciudadano en una amena y extensa charla en la que adelantó: “Es un ciclo y tengo previsto hacerlo con otros cantautores que me gustan. Los convoco porque es la música que escucho; los invito a compartir un espacio en el que una canción y un cuento se conjugan para contar una sola historia”.

—¿Conocías a Cantilo?

—Antes de esto no. Solo escuchaba su música. La había visto una vez que la invité a mi espectáculo (Una obra en construcción), pero nada más. Ahora, hace un tiempo que estamos compartiendo escenario, y tenemos cosas en común. Ella es alucinante, su personalidad, es muy divertido escuchar sus anécdotas.

—¿De dónde surge la idea de estos cruces?

—Intento subir al escenario a gente que me cae bien sin decirles muy bien para qué. Tienen una especie de guión, pero recién en el camarín, se enteran de qué se trata. También lo hago con mi familia todo el tiempo.

—Te abocaste al teatro a partir de que sufriste un infarto y como tuviste que dejar de fumar ya no podías escribir ¿Sigue siendo así?

—Sí, es pura y exclusivamente por eso. Cuando tuve el infarto, en 2015, y el médico me dijo que ya no podía fumar, intenté escribir un cuento y me di cuenta que no me generaba ningún placer si no sacaba humo por algún lado. Entonces me inventé otras actividades creativas que no requieran estar sentado. Y estoy haciendo eso: radio y teatro, que son dos actividades que no había hecho antes y que mi cerebro no relaciona con fumar.

—¿Sos una persona ritualista?

—Absolutamente, pero lo descubrí ahora, no sabía que estaba tan preso de ciertos rituales. Me di cuenta cuando, después del infarto, me puse a escribir un cuento y cuando quise corregir, empecé a tantear el tabaco. Me di cuenta que no podía corregir sin fumar. Ahora, después de un año y pico, estoy encontrando rituales nuevos como las caminatas matinales que me prescribió el medico. Empecé a encontrar en eso una frecuencia de ritual y me empieza a servir, pero supongo que va a tardar. Mientras tanto, el teatro es una muleta excelente.

—Hace ya varios años supiste leer un cambio de época y un cambio en el hábito de lectura ¿Qué te atrajo del weblog y los podcasts?

—Cuando lo vemos con el tiempo y los años, da la impresión de que hay una estrategia en todo eso. Me lo preguntan mucho los chicos en la facultad, porque queda anotado como que fui pionero de cierta cosa. Pero no pasa por ahí, sino que contar cuentos tiene que ver con que la gente esté prestando atención, y si la gente presta atención a otro formato, tenés que ir a ese formato a contarlo, no hay más que eso. Me doy cuenta que una novela de 600 páginas no es el lugar en el que está todo el mundo. Y si el mundo está en otro lado, hay que ir a ese otro lado a contar la historia. Me voy moviendo pero no porque crea que el futuro está por ahí sino porque los ojos de los otros ya están mirando esa otra cosa. Nunca noté que me estuviera moviendo por estrategia ni por futurología, sino que me iba moviendo también como lector.

—¿Cómo vez esa mutación hoy, incluso en los grandes medios de comunicación?

—Me da la impresión que los proyectos más pequeños tienen más posibilidades de moverse rápidamente. Un ratón se da vuelta mucho más rápido que un elefante y se da cuenta donde está el precipicio mucho antes, justamente por ser ratón y ser ágil. La agilidad te la da el ser pequeñito, las grandes compañías mastodónticas que estaban muy bien en el siglo XX, en el siglo XXI, tienen grandes desventajas, sobre todo porque no se pueden mover.

—Tu escritura es, en gran medida, autorreferencial ¿Cómo se da esa relación entre la realidad y la ficción?

—Creo que tiene que ver con mi pereza. Encontrar una historia en lo que me pasó en la infancia o la semana pasada hace que no tenga que imaginarme tanto ficciones absolutas sino que pueda pararme frente a escenarios conocidos con personajes que realmente sé cómo hablan. La autoreferencialidad en la literatura es hija de la pereza y está muy de moda, pero al mismo tiempo, y ya por otra vertiente de análisis, también es real que la enorme verdad que genera internet, la televisión y los relities hacen que sea mucho más divertido empezar la narración con un “yo” porque genera la posibilidad de que sea cierto aunque no lo sea. Queriendo o sin querer, estoy arriba de la ola de lo autoreferencial. No sé si me podría bajar alguna vez porque estoy muy acostumbrado.

Messi ya no es un perro

En Rosario se está viviendo el furor Lionel Messi. El astro más importante del fútbol mundial está en la ciudad en la previa de lo que será su casamiento, el próximo 30 de junio,en el City Center. Entre los escritos de Hernán Casciari, uno de los más conocidos y recordados, es “Messi es un perro”, en el que describe al futbolista como un jugador de años atrás al que sólo le importa la pelota y el partido. Pero de todas maneras, parece que ese Messi ya no existe. “Ya, después de su paternidad, no encaja con el cuento. Siempre me dio la impresión que cuando tuvo su primer hijo y mucho más cuando tuvo el segundo, cambió su actitud adentro de la cancha. La primera vez que se levantó de una patada y se puso frente a frente con el defensor mirándolo serio y cejijunto, era porque había tenido un hijo dos semanas antes. Estoy seguro que fue así. Antes de eso no hacía nada, bajaba la vista cuando le pegaban y seguía caminando”, asumió el escritor sobre su descripción acerca de un “muchachito” que tampoco encaja con el mediático casamiento que se realizará en una semana en Rosario. “Es que se le pidió tanto que sea «maradoniano» que finalmente ahí está”, completó.

Plataforma Lavardén

(Mendoza y Sarmiento)

Este viernes a partir de las 21.30

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