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Campaña siniestra para impedir el rescate de migrantes

La migración no es un problema que los países puedan tratar de forma aislada. Debe abordarse colectiva y humanamente. El pasado 7 de diciembre, Médicos Sin Frontreras se vio obligada a detener las operaciones de búsqueda y rescate en el mar Mediterráneo


Tripoli - Libia

Joanne Liu*

La migración no es un problema que los países puedan tratar de forma aislada. Debe abordarse colectiva y humanamente. El pasado 7 de diciembre, Médicos Sin Frontreras (MSF) se vio obligada a detener las operaciones de búsqueda y rescate en el mar Mediterráneo. Una campaña concertada y siniestra de obstáculos administrativos, significó que el barco en el que estábamos trabajando –el Aquarius– ya no esté autorizado para salir del puerto, mucho menos para rescatar a las personas que corren el riesgo de ahogarse en el Mediterráneo.

La semana pasada, 15 personas, varadas en un bote en la costa libia, murieron de sed y hambre. ¿Cuántas más pueden estarse ahogando o muriendo, sin que nadie lo sepa?

Ciudadanos y alcaldes de Europa se han movilizado para recibir a las personas rescatadas y mostrar su humanidad. Mientras tanto, los gobiernos europeos se negaron a proporcionar capacidad de búsqueda y rescate y han saboteado los esfuerzos de otros para salvar vidas.

 

Enfrentar políticas migratorias

Desde las fronteras de Sudáfrica y México, hasta las costas de Malasia, Indonesia y Europa. Desde Libia, pasando por Nauru y el Mar Rojo, los equipos de MSF se enfrentan a la brutalidad de las políticas migratorias actuales.

Estamos sorprendidos por la magnitud de la violencia y el sufrimiento infligido a las personas. Sobre todo aquellas que están atrapadas en un limbo legal por las restricciones estatales; aquellas que están atrapadas por las detenciones arbitrarias; aquellas que han sufrido abusos de los traficantes.

Debemos enfrentar la realidad porque las políticas inhumanas diseñadas para impedir la migración no detienen a las personas en movimiento. Estas políticas fortalecen a los funcionarios corruptos y a las bandas criminales que se benefician de las personas vulnerables.

 

Despojados de esperanza

Ya sea que estas políticas estén simplemente desinformadas, o sean la manifestación de una colusión deliberada con corrupción y criminalidad, el resultado es el mismo: no logran detener a la migración y matan a las personas. He presenciado escenas angustiosas. Algunas de ellas de personas que estaban en los centros de detención de Libia el año pasado. Gente desesperada, en habitaciones sucias, atrapadas y despojadas de cualquier esperanza. Hombres y mujeres me hablaron de la extrema violencia y explotación que sufrieron durante sus viajes. Las mujeres me hablaron de que fueron violadas y, luego, obligadas a llamar a sus familias para pedirles dinero. Menores no acompañados y mujeres embarazadas, encerrados en sótanos suplicando por su libertad. Las víctimas de esta violencia siguen atrapadas en Libia, en centros oficiales de detención y en cárceles clandestinas a las que no podemos acceder. Entre enero y octubre de este año, la guardia costera libia devolvió a más de catorce mil refugiados y migrantes que intentaban huir a través del Mediterráneo. Eso significa que hombres, mujeres, niños, sobrevivientes de tortura y explotación son regresados a centros de detención en donde no existen los derechos humanos básicos.

 

Contradictorio

Observamos un comportamiento contradictorio en los gobiernos europeos y en la Unión Europea: mientras los funcionarios admiten que no se debe retornar a las personas a Libia, conspiran contra las operaciones de búsqueda y rescate. Formulan políticas, capacitan y equipan a guardias costeras para obligar a las personas a regresar. Estuve en México y Centroamérica, donde las personas huyen de la violencia y las amenazas en sus países sólo para ingresar en un espeluznante ciclo de explotación y abuso. Las personas que viven allí están conscientes del sufrimiento que experimentarán al emprender el camino. Pero incluso el conocimiento de tales riesgos no los disuade. Las mujeres y niñas buscan anticonceptivos, porque asumen que serán violadas durante sus viajes. En México, el 68 por ciento de la población migrante atendida por MSF reporta haber sido víctima de violencia durante su tránsito hacia los Estados Unidos. Un tercio de las mujeres reportan haber sido abusadas sexualmente. Una cuarta parte de las consultas médicas de MSF para migrantes y refugiados en México están relacionadas con lesiones físicas o traumas intencionales.

 

Políticas que matan

Es la misma historia en todos los lugares donde las personas se encuentran en movimiento. La violencia extrema o la desesperación en sus hogares hacen que valgan la pena los riesgos. Es la elección del sobreviviente, una que nadie debería tener que hacer. En octubre, a MSF le dieron 24 horas para salir de la isla de Nauru, abandonando a muchas personas en las garras de una crisis de salud mental. De los refugiados y solicitantes de asilo que atendimos en Nauru, el 30% había intentado suicidarse y el 60% lo había considerado. En Lesbos, Grecia, una cuarta parte de los niños que asisten a nuestras sesiones de terapia grupales se autolesionaron, tuvieron pensamientos suicidas o intentaron suicidarse. Nuestros equipos hablaron sobre la emergencia de salud mental pero nada cambió. Estos son los costos humanos de las llamadas “exitosas” políticas para restringir la migración. Son políticas que deshumanizan a quienes buscan seguridad o una vida mejor. Son políticas que matan. Vemos campañas para criminalizar a quienes huyen de la violencia y la pobreza, representándolos como algún tipo de virus que debe terminarse y contenerse. Las políticas actuales están empujando a los migrantes hacia el abuso y la explotación.

 

Tomar partido

Para nosotros, salvar vidas no es un crimen. Ayudar a las personas necesitadas no es un delito. Sin embargo, en todo el mundo, nuestros proyectos médicos se encuentran con obstáculos burocráticos, acoso legal e incluso violencia. Aquellos que buscan ayudar a las personas en movimiento fueron difamados, intimidados y amenazados. A pesar de esto, muchas personas y comunidades en todo el mundo están tomando partido por las políticas humanas y actuando para reducir el sufrimiento. Vimos personas que le dan la bienvenida a los migrantes a sus hogares. Los hemos visto organizar comedores comunitarios para alimentar a quienes están huyendo. No podemos ser ciegos ante la violencia que sufren quienes se desplazan. No podemos ignorar su desesperación. No podemos fingir que no sabemos lo que está sucediendo. Tomemos partido por las políticas humanas. Tomemos partido contra la criminalización de la migración. Contra la criminalización del acto de salvar vidas. La migración no es crimen. Salvar tampoco.

 

*Presidenta internacional de Médicos Sin Fronteras (MSF)

 

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