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Butazzoni: “Aquí llega lo descartable”

Por Santiago Baraldi. Raquel Butazzoni dirige el Hogar de Madres Solteras Primerizas desde hace más de 25 años y será declarada como ciudadana distinguida por el Concejo, donde ocupó una banca entre los años 83 y 88.

Hija mayor de quince hermanos, Raquel Butazzoni a los 7 años trabajaba junto a su padre en una chacra, en la localidad entrerriana de Viale. A los 14 años en la escuela escuchó hablar del trabajo de Eva Perón por los más humildes y fue, a esa edad, la primera mujer que estuvo al frente de una Unidad Básica en esa ciudad. Pasó su adolescencia entregando juguetes y máquinas de coser, hasta que cruzó el río para instalarse con su marido en Fray Luis Beltrán primero, y barrio Rucci después. Su militancia en la zona norte de Rosario le valió un lugar en el primer Concejo, cuando retornó la democracia, entre 1983 y 1988. Desde entonces está al frente del Hogar de Madres Solteras Primerizas y les da de comer cada mediodía a 250 ancianos sin techo. “Me preguntan cómo hago y la verdad que no sé. Me levanto a las 6 y me acuesto a la 1. Yo trabajo”, dice Raquel con sus jóvenes 75 años, quien tiene 9 hijos, 20 nietos y 11 bisnietos, en la misma casa de Córdoba 3744 donde asiste a 16 madres adolescentes.

—¿Cómo llegan las chicas al Hogar?

—En este momento hay 16 chicas y hemos tenido 40. Trabajamos con los jueces de Menores, a través de Minoridad y Familia de la provincia. Cuando yo salí del Concejo me dediqué por completo al Hogar. Las chicas llegan a mí a través de problemas graves, como prostitución adolescente, drogadicción, fuga o abandono. Los bebés de pocos meses llegan desnutridos, pero por suerte nos esmeramos para sacarlos adelante, porque ése es mi trabajo. Las chicas son derivadas por los jueces, ellos eligen dónde tienen que vivir y las mandan al hogar que creen conveniente. Las personas que están a cargo de las atenciones a adictos en drogadicciones siempre me dicen que somos los únicos donde se contiene a las niñas. Le puse el nombre de primerizas porque muchas chicas tuvieron una primera experiencia como mamá no muy buena. Nosotros les enseñamos a que no cometan una segunda falta y que midan las consecuencias, porque para tener un segundo hijo deben pensarlo bien. También tienen que tomar conciencia de los dolores que les causó ser madres solteras y el no haber recibido el apoyo necesario.

—El Hogar funciona hace más de 25 años; ¿los problemas sociales siempre los mismos?

—Sí, es muy triste. Aquí llega lo descartable: chicas con problemas de droga, problemas familiares terribles, madres que llevan a prostituirse a sus hijas y cuando quedan embarazadas las echan. A una chica le pregunté qué hacía con la plata que ganaba con la prostitución y me dijo que le compraba droga y zapatillas al hermano. Cuando las chicas salen de franco ellas saben cómo se tienen que cuidar; las preparo para hacerles entender que tienen que saber qué hacer, saber que lo primero que hicieron estuvo mal y que no pueden caer en lo mismo. Pero el tema de la droga es tremendo.

—¿Cuál es su relación con ellas una vez que dejan el Hogar? ¿Vuelven?

—Ya se han casado más de 60 chicas, a las que yo les conseguía los vestidos de Marión, que también colabora. Soy testigo de casamiento de varias y madrina de sus hijos. Hay muchas nenas que se llaman Raquel por mí. Me visitan siempre, muchas han salido adelante, están muy bien ubicadas. Una es jefa de personal de la Municipalidad, otra tiene dos peluquerías, hay médicas. El otro día vino con su marido una chica que vive en Salto Grande y pasó a saludar. Estuve muy enferma y se turnaban para cuidarme, no me dejaban sola ni un minuto.

—Usted fue concejal por el justicialismo; ¿cuándo nace su vocación por los demás ?

—Mi papá fue un ejemplo. Él me enseñó que si golpean la puerta y es un linyera puede ser Dios que te pone a prueba; si una mujer con un hijo toca la puerta, puede ser María. A los 14 años en la escuela de mi pueblo, Viale, a 50 kilómetros de Paraná, hablábamos de política, de la obra de Eva Perón. A esa edad estaba al frente de la Unidad Básica pidiendo y consiguiendo cosas para los pobres. Era jovencita y recorría en sulky con el comisario para darle algo caliente a la gente sin techo. Hoy sigo en la misma, dando una mano. Cuando estuve en el Concejo, igual: me iba a las 2 de la mañana. Recuerdo que para fin de año entregaba pensiones, guardapolvos, zapatillas… era una forma de representar a Evita en ese trabajo; conseguí aparatos ortopédicos, viviendas… Yo llevaba dentro de mí la desesperación por hacer cosas. Si alguien necesitaba colchones, los conseguía. En el 84, 85 se me puso lo del Hogar y el Vasco (Horacio) Usandizaga (por entonces intendente) nos ayudó para conseguir la cas; incluso, ya siendo diputado, el Vasco me llamaba para ver si necesitaba algo.

—¿Cuenta con el apoyo de su familia?

—Mis hijos me dan una mano y mi actual marido cocina. Cuando vinimos de Entre Ríos, en el 66, ya había nacido mi último hijo. Mi primer marido era militar y vinimos a Fray Luis Beltrán, porque lo trasladaron a la fábrica de armas. Yo tenía una propaladora, vendía publicidad, pasaba música, animaba casamientos, vendía garrafas… siempre trabajé. Me acuerdo de que cuando tenía algún problema yo pasaba por los parlantes ese bolero que dice «bésame, bésame mucho…» y mi marido sabía que me pasaba algo y enseguida venía.

—¿Las adolescentes reciben algún tipo de formación?

—Vienen maestras a dar clases a las chicas de 18.30 a 21.30, eso es para las chicas que no pueden salir; además hay dos chicas en 4° y 5° año de la Escuela Rivadavia, otra está en 2° año en la escuela Gregoria Matorras. Las que pueden salir van a las escuelas del barrio. Algunas jóvenes no están autorizadas porque pueden fugarse o retomar el camino de las drogas o la prostitución. Cuando una chica ingresa y viene con ese tipo de circunstancias hay que esperar más de un año para que pueda retomar el camino de la calle, así no vuelve a cometer el mismo error. En el caso de que tengan que ir al médico las llevo yo, o la gente del lugar.

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