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Bruce Springsteen corre por su vida a toda prisa

En su monumental autobiografía, el músico echa luz sobre sus 40 años de carrera, en los que vida y obra estuvieron fuertemente marcados por cuestiones como el racismo, su padre alcohólico y revelaciones tempranas como Elvis y Dylan


A tono con algunos de sus colegas, es decir, grandes músicos de predicamento mundial que hacen muy bien lo que hacen más allá de cualquier preferencia o inclinación de las escuchas, el norteamericano Bruce Springsteen alumbró una monumental autobiografía de casi 500 páginas en la que repasa sus 40 años de carrera artística. Lleva por título Born to Run (Nacido para correr), el mismo de su tercer disco de estudio y del tema que da nombre a ese registro. Por lo que surge de sus páginas, ese título está con relación a que el músico considera que su existencia tuvo –y tiene aún– cierta vertiginosidad y una velocidad propulsada por los aconteceres de la composición dictada por las urgencias de un mundo en permanente mutación. Y, claro, del efecto que esa mutación produce en las vidas individuales, entre las que está la suya, recorrida ahora en lo que su memoria reconstruye, fiel al detalle a veces y otras solazándose con momentos que lo marcaron fuerte. Algo del estilo de sus canciones se cuela en Born to Run, un modo de decir expandido en un proceso más cerca de la confesión de aquellos “males” con los que hay que convivir, pero también abrazado a instancias donde seguir parece no estar tan mal.

BIOGRAFÍA Born to Run Bruce Springsteen Random House / 2016 480 páginas
BIOGRAFÍA
Born to Run
Bruce Springsteen
Random House / 2016
480 páginas

Un ejemplo de lo primero tiene lugar cuando Springsteen cuenta algunas de las fuertes depresiones que sufre desde mucho tiempo, a veces corporizadas en las sensaciones de que cada vez más el ser humano busca cavarse su propia fosa; que el belicismo imperante es parte de su propia constitución y que cuando todo eso cabe en la figura de alguien con poder, generalmente se traduce en masacres. Pero no sólo esto último es el detonante de su reiterada depresión –balanceada con décadas de terapia y medicación–, sino que por momentos no ahorra detalles ni medida de su sufrimiento en la relación con su padre alcohólico, recreando algunos pasajes tempestuosos. Algo de esto, no escrito expresamente, se cuela en los bajones. Born to Run respira honestidad en el planteo narrativo: es como si Springsteen admitiera que es la única forma en que le salen las cosas. La descripción de él como niño entrando en un bar de hombres rudos, borrachos y pendencieros, todos “working men” que luego de la salida de la fábrica se agarran a trompadas a la tercera cerveza,  diciéndole a su padre, ya muy bebido, en voz baja: “Dice mamá que vuelvas a casa”, no tiene desperdicio. Algunas de sus performances sobre el escenario durante cuatro horas parecen haberle ayudado a combatir sus estados depresivos porque como cuenta, “cuando estás reventado no te queda resto para esas molestias clavadas en tu espíritu”.

Racismo, sexo, drogas

Otro de los tópicos que aborda el conocido como El Jefe (The Boss, para todo el mundo) es el permanente conflicto racial en los Estados Unidos, más precisamente la resistencia férrea de muchos sectores de la comunidad para incorporar definitivamente a los ciudadanos afroamericanos. Para ilustrar parte de estas situaciones menciona al saxofonista Clarence Clemons, integrante de su banda E Street Band durante largo tiempo, quien no pocas veces fue interpelado o agredido por su negritud.  “Durante mucho tiempo él estuvo solo y sin importar lo cercanos que fuimos, yo era blanco. Tuvimos una relación tan profunda como la pueda imaginar, pero vivimos en el mundo real, donde experimentamos que nada, ni todo el amor en el cielo de Dios, hace que la gente ignore tu etnia”, escribe Springsteen.  Luego se sucederán en flashes alternativos algunos de sus encuentros sexuales, desde su primer beso hasta su primera vez, donde destaca su timidez inicial; las drogas como contexto permanente durante buena parte de su vida aunque admite haber sido medido con su consumo y lo grafica con algunas escenas de la década del setenta, donde cuenta que “todos querían darte drogas y yo era un joven terco y estaba asustado por lo que podría pasar, siempre les tuve miedo (…a algunas…) como para probarlas”, cita en su libro.

Springsteen cuenta algunas de las depresiones que sufre desde hace mucho tiempo.
Springsteen cuenta algunas de las depresiones que sufre desde hace mucho tiempo.

La revelación

Como era de esperar, describe su deslumbramiento con la música cuando vio tempranamente a Elvis Presley por televisión en un show de Ed Sullivan; lo describe de un modo casi épico porque tiene la impronta de una revelación para el jovencísimo Bruce; allí, en esa imagen del Rey de Memphis calibra la magnitud del poder de la música. Después, ese sacudón primario se concientiza cuando comprende que ni su voz ni su guitarra eran las mejores en un mundo con muchos genios del instrumento y voces incomparables, y a la vez encuentra que su fuerte estará en la escritura, en la composición de canciones. Acto seguido rinde homenaje a su madre, Adele, cuando narra cómo la mujer pidió dinero prestado para comprarle a su niño su primera guitarra, una Kent de 60 dólares. Para él eso es también una revelación y desde ese momento su madre se convierte en un héroe. Ya en la canción “The Wish”, de 1998, cuenta esta historia. Más adelante revela las dificultades que tuvo en la crianza de sus hijos ante la ausencia de referencia paterna y señala que, a su manera, su madre fue señera para pensar algunas actitudes frente a ellos.

Siempre corriendo

En esta línea también pueden leerse fragmentos sobre una infancia humilde, cuando hacía sus primeras actuaciones en público en su Freehold natal, en New Jersey, cuando intentaba lo imposible por dejar atrás la pobreza y tocaba durante varios días seguidos para juntar el dinero y presentarse en otra ciudad, siempre corriendo, escribiendo sus primeras canciones, señalando la primera escucha de “Like a Rolling Stone”,  que lo dejó atónito porque vio allí una imagen real y tangible de su país, y que lo hizo llamar como “el padre de mi patria” a Bob Dylan.

En el epílogo de Born to Run –que le consumió la friolera de siete años de escritura–, El Jefe narra una escena con visos melancólicos a lo Raymond Carver. Se encuentra parado frente a la casa donde nació, en New Jersey. Acaba de bajar de su moto e ilumina la ruta con las luces altas y nota que no hay venados alrededor. Con la vista clavada en el hueco que quedó donde antes estaba el árbol de su niñez, piensa en la suerte que tuvo. En declaraciones previas al lanzamiento del libro, Springsteen explicó a la revista Vanity Fair que su título había surgido “porque esa canción sigue estando en el centro de mi obra… una buena canción crece a lo largo de los años. Es por eso que puedes cantarla con tanta convicción luego de 40 años… tiene más significado a medida que pasan los años”. No es exagerado pensar que con Born to Run, el libro, pueda pasar lo mismo.

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