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Reflexiones

Brasil sigue en debate entre sus dos caras

Un año atrás, 8,8 millones de brasileños se encontraban desempleados y esa cifra ahora alcanza los 12 millones de trabajadores, ante lo que el país se debate entre la euforia de la Bolsa de San Pablo junto con el optimismo de los funcionarios de Michel Temer y las dudas que surgen de los datos de la economía real.


Un año atrás, 8,8 millones de brasileños se encontraban desempleados y esa cifra ahora alcanza los 12 millones de trabajadores, ante lo que el país se debate entre la euforia de la Bolsa de San Pablo junto con el optimismo de los funcionarios de Michel Temer y las dudas que surgen de los datos de la economía real.

En ese contexto, este mes se conoció una información que volvió a preocupar a quienes afirman que la economía en el vecino país “ya tocó fondo” y se apresta a generar un vigoroso rebote, luego de la recesión más profunda y larga de su historia.

En agosto, la producción industrial brasileña cayó tanto como lo que había logrado mejorar muy lentamente los cinco meses anteriores.

Se trata del mayor retroceso en un mes del sector fabril en el vecino país desde hace cuatro años y medio, nada menos: la producción industrial se encuentra ahora en los niveles que tenía en 2004.

El diario The Wall Street Journal listó otros indicadores preocupantes: las importaciones mostraron una caída del 9,2 por ciento en septiembre, en comparación con un año atrás, lo que revela una débil demanda de los consumidores.

También las exportaciones cayeron, en este caso un 2,2 por ciento: ocurre que la revaluación del real brasileño, una de las monedas que más se fortaleció este año, tiene como contrapartida una merma en la competitividad de la producción local.

Esta semana se conoció otro dato preocupante: datos del Banco Central indicaron que la actividad económica cayó en agosto al nivel más rápido en un año.

Esa situación, señaló la agencia Reuters, “aumenta la preocupación de que la economía brasileña no emerja de una recesión que ya lleva dos años”.

A pesar de la euforia en la Bolsa de San Pablo, en los análisis del banco de inversión Goldman Sachs, por ejemplo, se lee: “Esperamos que la economía siga enfrentando vientos de frente por parte de condiciones de financiamiento exigentes, un mercado de trabajo débil, altos niveles de endeudamiento de los hogares, una demanda externa débil y una confianza de los consumidores y de los empresarios todavía contenida”.

A la euforia bursátil se suma el optimismo del nuevo gobierno de Temer, que alienta las “buenas ondas” con declaraciones mientras trata de sumar algo de apoyo a los bajos niveles de aprobación del nuevo presidente.

El ministro de Finanzas, Henrique Meirelles, afirmó en las últimas horas que la economía brasileña está en camino de recuperación y aseguró que lo que se necesita para darle el empujón final es la aprobación de las reformas propuestas por Temer, como el techo constitucional a los aumentos del gasto público.

El Ibovespa sigue en ese contexto imparable: creció a su mayor nivel en tres años, con Petrobras como protagonista, luego de que la empresa afirmara que la producción de crudo y gas creció a niveles récord en septiembre.

¿Qué cara de Brasil será la que termine por imponerse el año próximo? ¿La de la recuperación y el optimismo que por el momento muestra la Bolsa o la de los datos preocupantes del lado del empleo y la economía real?

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