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Cortes de ruta

Brasil: desabastecimiento en 7º día de huelga de camioneros

Protestan contra el alza del precio de los combustibles, aunque el gobierno afirma que el país está "en camino a la normalización". Para tratar de limitar los daños, las autoridades comenzaron el viernes a escoltar a camiones-cisterna para acceder a las refinerías


Camiones bloquean la ruta en la localidad de Regis Bittencourt, a 30 km de San Pablo.

Brasil enfrentaba graves problemas de abastecimiento este domingo, en el séptimo día de huelga de camioneros contra el alza del precio de los combustibles, aunque el gobierno afirma que el país está “en camino a la normalización”.

Para tratar de limitar los daños, las autoridades comenzaron el viernes a escoltar a camiones-cisterna para acceder a las refinerías, luego de que el presidente, Michel Temer, autorizara el despliegue de las fuerzas de seguridad, incluido el ejército, para despejar las rutas.

Según el último informe de la Policía federal de transporte, 586 rutas continuaban parcialmente bloqueadas en el país en la noche del sábado. Prácticamente todas las estaciones de servicio no disponían de combustible y los alimentos frescos desaparecían de las góndolas.

“Vamos en camino a la normalización (…) no es rápido”, dijo el ministro de Seguridad Institucional, Sergio Etchegoyen, en rueda de prensa. Pero el tiempo apremia en este país que intenta salir de una recesión histórica, donde el 60% del transporte de mercaderías se realiza en camiones.

En los cinco primeros días de conflicto, la huelga costó más de 10.000 millones de reales (unos 2.800 M USD) a la economía brasileña, según el cotidiano Folha de S. Paulo, que copiló estimaciones de los principales sectores de actividad.

Universidades cerradas

Temer autorizó por decreto el sábado la requisa de vehículos privados “necesarios para el transporte de mercaderías consideradas esenciales por las autoridades”.

“Brasil no será rehén [de ningún sector] y el gobierno del presidente Temer está decidido a utilizar todos sus recursos para garantizar esto”, advirtió el ministro de seguridad pública Raul Jungmann.

La prioridad es dada a aeropuertos, termoeléctricas, reanudándose el abastecimientos de insumos en centros de salud, donde la paralización afectó el sistema de traslados para trasplante de órganos.

En Rio, el sistema BRT –colectivos articulados introducidos durante los Juegos Olímpicos de 2016 que transitan por carriles exclusivos– fue parcialmente interrumpido por falta de combustible. Líneas de autobuses en varios estados también habían dejado de funcionar en la mañana del sábado debido a la falta de abastecimiento, pero se reactivó en la noche, gracias a la llegada de camiones cisterna. El domingo operaban a 20% de su capacidad.

Las universidades públicas ya anunciaron que el lunes permanecerán cerradas.

En la mayorías de las grandes metrópolis brasileñas, solamente un servicio de emergencia de buses funcionaba el domingo a fin de ahorrar combustible para el lunes, cuando se reanude la jornada laboral.

En al menos ocho de los 27 estados del país, algunas estaciones de servicio comenzaban a ser reabastecidas, pero inmediatamente comenzaban a formarse filas kilométricas de vehículos.

La situación continúa siendo crítica en algunos aeropuertos: en 14 de ellos escasea el queroseno. El de Brasilia recibió los primeros camiones-cisterna en la tarde del sábado, pero en la mañana del domingo ya habían sido anulados tres vuelos.

Todos contra el gobierno

Pese a todos los inconvenientes, el movimiento de los transportistas es apoyado por buena parte de la población, que critica el manejo de la crisis por parte del gobierno de Temer, el presidente más impopular en décadas.

A menos de cinco meses de la presidencial de octubre, la huelga concita cierta simpatía, tanto de la derecha como de la izquierda.

Situado en segundo lugar en las intenciones de voto, el polémico candidato de la extrema derecha, Jair Bolsonaro, favorito de muchos choferes, se declaró “100% en favor de los camioneros”, pero contra el bloqueo de rutas.

Parlamentarios del Partido de los Trabajadores del ex presidente de izquierda Luiz Inacio Lula da Silva, actualmente encarcelado por corrupción pero a la cabeza de los sondeos, también expresaron su apoyo a los transportistas, atribuyendo a la política del gobierno de Temer el incremento del precio del combustible.

Los combustibles registran fuertes aumentos recientemente, a causa del incremento de los precios del petróleo y de una nueva política comercial de Petrobras, que se alínea desde fines de 2016 con la cotización internacional.

Bajo la presidencia de Dilma Rousseff (2011-2016), delfina de Lula, los precios de los combustibles eran controlados por el gobierno. En 2016, la mandataria fue destituida por maquillar las cuentas públicas y sustituida por el conservador Michel Temer, su vicepresidente.

Manifestaciones de apoyo a Lula

Manifestaciones en apoyo al ex mandatario Luiz Inacio Lula da Silva, encarcelado desde abril por corrupción, se desarrollaban este domingo para reivindicar su candidatura presidencial en octubre, pese a la condena de que es objeto.

“Todo Brasil está unido con una sola voz: ¡Lula presidente!”, proclamaba el diputado Paulo Pimenta, en una reunión de decenas de militantes en Brasilia.

Convocados a través de las redes sociales con el hashtag #MaisCandidatoqueNunca las convocatorias se sucederán a lo largo de la jornada, tanto en metrópolis como Rio o Sao Paulo como en ciudades del nordeste, región pobre de la que proviene Lula, de 72 años.

La cuenta de Twitter del Partido de los Trabajadores (PT), fundado por Lula a inicios de los 80, mostraba por ejemplo fotos de un grupo de militantes navegando en un río cercano a Mossoro, en Rio Grande do Norte (nordeste), en una embarcación llamada “El barco de la democracia”.

Uno de los principales mitines se realiza en Curitiba, ciudad del sur en la que el expresidente purga una pena de 12 años de prisión.

Acusado de haber recibido un apartamento frente al mar como soborno para favorecer a una constructora en una licitación pública, Lula niega el cargo y se declara víctima de un complot para impedirle presentarse a la elección presidencial.

Aunque encabeza la intención de voto, la ley brasileña le impide ser candidato a causa de su condena, no obstante lo cual todavía puede apelar el fallo.

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