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Billy Tipton, el pianista trans que pasó inadvertido en una época de furiosa intolerancia

Dotada pianista de jazz, Dorothy Tipton no podía tocar en bandas en los EE.UU de los años 30 porque las mujeres no eran aceptadas. A los 20 años se fajó los pechos, se vistió de hombre y pudo tocar y tener su propia formación. Sus mujeres e hijos descubrieron su identidad biológica tras su muerte


A los diez años, en 1924, Dorothy Lucille Tipton tocaba el piano, el órgano y el saxofón con inaudita destreza en su Oklahoma natal. Era 1926 cuando su familia se mudó a Kansas City donde la niña fue perfeccionándose e inclinándose por el jazz, música que escuchaba un tío suyo que vivía en la misma casa y que de joven había tocado en una big band.

El tío Frank solía decirle que las dotes que tenía, sobre todo para el piano, las utilizara para convertirse en una concertista, porque allí había un futuro para vivir de la música. Pero no hubo caso, Dottie, como la llamaban, se valió de su habilidad para las estructuras rítmicas y poco a poco todo lo que salía de su piano era simplemente jazz, influenciada por bandas como los New Orleans Rhythm Kings, y orquestas como las de Ted Lewis, Isham Jones, Jean Goldkette; la orquesta de Guy Lombardo, conocida como Royal Canadians y, claro, la más popular de todas en aquellos tiempos, la de Paul Whiteman.

De todas ellas, Dorothy tomaba aquello que enriqueciera su ritmo aunque siempre a partir de hacerlo propio, adaptándolo lo más posible a su modo de interpretar. Así comenzó a destacarse en cualquier evento donde tocase y a los 17 insistió para que su tío Frank le presentara a otros músicos de jazz con la intención de unirse a una banda.

Finalmente Frank aceptó, pero le aclaró que no conseguirían buenos resultados. En el libro Madame Jazz, donde Leslie Gourse escribe sobre las instrumentistas de jazz contemporáneo, afirma que durante los años 20 y 30 había un código no escrito en el universo del jazz que decía que las mujeres no serían contratadas. Y eso fue lo que pasó con Dorothy, más allá de que algunos de los músicos que la escucharon tras el ruego de su tío, hasta la aplaudieron.

Pasar inadvertido en un mundo intolerante para las identidades diversas

Pero Dottie no se daría por vencida y apenas cumplidos los 19 decidió dejar Kansas e instalarse en Wichita –una ciudad medianamente grande en el mismo condado de Jackson–, con otro nombre, ahora masculino, Billy, seguido de su verdadero apellido, y para lo cual modificó sustancialmente su aspecto hasta adquirir finalmente el de un hombre.

Tal vez nadie hubiera reparado en ese cambio si Billy Tipton no se hubiera convertido en el increíble músico que fue y que en febrero de 1989, luego de desplomarse por una descompensación en el suelo de su casa rodante, un médico de emergencia le preguntara a uno de sus hijos –quien lo había llamado y ayudaba con un desfibrilador– si su padre se había sometido a un cambio de sexo en algún momento de su vida.

Probablemente ese hijo, William, no olvidaría jamás la escena del médico quitando faja tras faja del cuerpo de su padre y descubriendo tras ellas un par de pechos femeninos, puesto que al parecer nadie los había visto en 50 años, ni siquiera ninguna de las tres mujeres con las que vivió durante bastante tiempo.

Las reconstrucciones posteriores a su muerte refieren que Billy cuidó de vendar sus pechos sistemáticamente cada día de su vida y que cuando entraba en el baño de las casas donde vivió, y donde solía cambiarse, todos recordaban que siempre cerraba celosamente sus puertas. Evidentemente, Billy Tipton había logrado guardar en el más íntimo secreto su condición biológica de mujer y supo cómo pasar inadvertido como hombre en un mundo todavía furiosamente intolerante para aceptar identidades diversas.

Casi seguramente las motivaciones fueron –al menos las principales–  dos: la de una elección de identidad sexual determinada y la posibilidad de obtener reconocimiento en la profesión que amaba –la de músico– y a la que entregaría su vida como pianista de jazz.

El talentoso pianista que rechazaba contratos

En Suits me. The Double Life of Billy Tipton, la biografía del músico que escribió Diane Wood Middlebrook, la investigadora cuenta que según la mayoría de músicos del género que entrevistó, el pianista trans era dueño de un singular talento, pero que tal vez por propia decisión haya evitado la sobreexposición que le hubiera significado avanzar en su carrera.

Kenny Richards, bajista del Billy Tip Tipton Trío, que el pianista formó en 1951 y con el que grabó dos álbumes, Sweet Georgia Brown y Billy Tipton Plays Hi-Fi on Piano, aseguró que su potencialidad como instrumentista era enorme y que él mismo lo había visto rechazar ofrecimientos de contratos importantes sin entender nunca los motivos, al igual que ofertas de sellos para que grabaran otros discos, y que eso generó discrepancias en el seno de la banda.

Como ejemplo mencionó el millonario contrato ofrecido por Walter Liberace, un pianista y showman estadounidense, donde cobraría tres veces lo que usualmente recibía para trabajar en Reno, Nevada, en los shows que daban en los restaurants y clubs vinculados a los casinos, donde se ganaba buen dinero.

En la misma entrevista Richards subraya: “No tenía idea que fuese mujer y eso que pasábamos mucho tiempo ensayando, no lo supe hasta el día que murió”. Sin embargo, en el mismo libro, otro bajista que había tocado con él en los setenta, Wayne Benson, dijo que siempre había sospechado que Billy ocultaba algo y que no pocas veces, en ciertos movimientos o tics, sobrevolaba cierto aire femenino. “En realidad no me sorprendí demasiado cuando se descubrió lo de Billy, sí en el sentido que se me aclararon ciertas dudas que tenía respecto a su identidad, como cuando a uno le cae la ficha de algo que suponía”.

Una persona fantástica, maravillosa, generosa

El otro aspecto increíble de la historia de Billy Tipton es la relación que supo tener con sus mujeres sin que ellas se percataran jamás de su identidad biológica. Algo que surgió luego de su muerte fue que a todas les había dicho que de niño había sufrido un terrible accidente por el que se había quebrado varias costillas –de allí el uso permanente de fajas– y que además eso mismo le había ocasionado un impedimento sexual para tener relaciones convencionales.

Una de las tres mujeres –también tuvo otras relaciones esporádicas– con las que tuvo una relación duradera fue Betty Cox, a quien conoció cuando esta apenas tenía 18 años y con la que se casó al poco tiempo. En una entrevista para el libro de Diane Wood Middlebrook, la mujer había asegurado que por los efectos colaterales que a Billy le había dejado el “accidente”, ellos tenían sexo de un modo distinto y la mayoría de las veces a oscuras.

“En esa época las mujeres solíamos usar una bata y la luz siempre estaba apagada cuando tenías sexo”, dijo, y agregó: “Probablemente yo haya sido inocente cuando era joven, ahora 40 ó 50 años después, se pueden ver travestis todo el tiempo y puedo aceptarlos obviamente como mujeres. Por qué no se dio así con Billy no lo sé, pero hoy tengo los mismos sentimientos y afecto que tuve por el amor más fantástico de mi vida. Me gustaría decirle a todo el mundo lo increíble que fue Billy como persona, confidente y amor. Billy es todavía un «él»”, confió Cox.

Con otra de sus mujeres, Kitty Kelly, una bailarina de striptease apodada la Venus Irlandesa, y quien sería una de sus parejas más importantes, un hecho muy curioso favoreció el ocultamiento de la identidad de Tipton. Kelly había padecido una enfermedad que le impedía tener sexo convencional, por lo que esto suponía aún más libertad para Tipton en el sentido que ambos decidieron que sus relaciones íntimas tuvieran determinadas características.

“La verdadera historia sobre Billy Tipton no tiene nada que ver con el género. Nosotros gozábamos del sexo inventando nuevas formas. Él fue una persona fantástica, casi maravillosa y muy generosa”, declaró al periódico Los Ángeles Times. La pareja deseaba tener hijos, por lo cual adoptó a tres niños: John, Scott y William –este último “descubriría” a su padre en el momento de su muerte–, quienes se refirieron a su progenitor como alguien muy afectivo y preocupado porque sus hijos pudieran desempeñarse en lo que deseaban.

“Es el único padre que conocí. Él estaba siempre ahí para nosotros. Teníamos una relación cercana. Íbamos a ver películas, éramos buenos amigos, salíamos o simplemente nos sentábamos a conversar sobre lo que queríamos hacer y nos alentaba a lograrlo haciendo hincapié en que debíamos tener confianza en nosotros. Nunca se me pasó por la cabeza que fuera una mujer”, confesó William, entrevistado por el New York Times. Kitty y Billy se separaron en 1981 cuando sus hijos eran adolescentes. Luego del divorcio, los tres jóvenes se fueron a vivir con su padre.

Las disparidades sobre Billy

Luego de su muerte Tipton se convirtió en una inspiración e ícono trans.  El documental No Ordinary Man (Aisling Chin-Yee y Chase Joynt, 2020) explora su personalidad y apunta la influencia del músico como una guía sobre la transmasculinidad. Lo hace a través de entrevistas con activistas, actores y especialistas y pone en paralelo la experiencia del pianista con la de personas trans en la actualidad, tomando como referencia la inspiradora historia de Tipton, quien logró adaptarse, pasar desapercibido y sobrevivir en una época en donde la tolerancia hacia personas transgénero era inconcebible.

Su biógrafa Middlebrook profesa una idea un tanto diferente cuando sostiene que el caso de Billy permite explorar y discutir la pregunta sobre cuánto de lo que se llama femenino y masculino es resultado de la biología y cuánto es producto de una actuación siguiendo las normas culturales.

Y explica que Billy fue un gran observador de estos dos mundos y un experto para actuar incluso entre las personas más íntimas, algo que hizo por más de 50 años: “Billy demostró por sus logros que el género, a diferencia del sexo, es en gran parte una representación. Ella fue el actor y él el personaje. No creo que haya pensado que había nacido en el cuerpo equivocado, esa es una narrativa contemporánea. La historia de Billy pone en evidencia una apuesta audaz para ganar cierto grado de reconocimiento en un mundo dominado por hombres”.

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