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Beba desapareció de la plaza donde dormía con sus padres

Tiene poco más de un año y, tras desconocerse su paradero durante 17 horas, anoche fue encontrada

Nair reapareció “justo después del noticiero”, dijo anoche un funcionario judicial.
Nair reapareció “justo después del noticiero”, dijo anoche un funcionario judicial.

Por: Ana Laura Piccolo

Nair tiene casi un año y medio y los últimos meses vivió junto a sus padres en el banco de una plaza ubicada enfrente de la antigua estación de trenes Rosario Oeste. Pero ayer, su mamá Brenda, de tan sólo 16  años y con un embarazo de ocho, y su papá Diego, de 27, denunciaron que la niña “desapareció del cochecito” alrededor de las 4.30 de la madrugada en momentos en que dormían. Desde entonces la pequeña fue intensamente buscada y los investigadores no descartaban ninguna hipótesis sobre su paradero hasta que anoche, poco antes de las 22, un matrimonio avisó que la había encontrado en Camilo Aldao al 3800, no lejos de donde había desaparecido, por lo cual anoche prestaba declaración en la seccional 6ª, dijeron voceros del caso, que recayó en el juzgado de Instrucción a cargo de María Luisa Pérez Vara. Las mismas fuentes informaron que la niña deambulaba por el lugar “con una mamadera”, aunque se investigaban los dichos de la pareja que dijo haberla hallado.

Hacía varios días que la joven pareja vivía junto a su pequeña niña en la plaza Ciro Etchesortu, ubicada en Paraná y 3 de Febrero. Se mudaron allí luego de ser desplazados de un refugio que habían improvisado en el interior de la vieja estación de trenes que los cobijó unos dos meses, luego de ser echados de una pensión del barrio.

Según dijeron los padres de la nena a los investigadores, durante las noches se turnaban para dormir. Sin embargo, pasada la medianoche del lunes y luego de comer una pizza que les había alcanzado un vecino, a ambos los venció el sueño. Unos 20 minutos antes de las cinco de la madrugada, Brenda se despertó y notó que no estaba el cochecito, que alcanzó a divisar a unos diez metros, frente a otro de los bancos que bordea la plaza. Pero cuando se acercó a buscar a su hija descubrió que ya no estaba.

En el lugar del hecho se hizo presente la fiscal Viviana Cingolani, a cargo de la oficina de imputados no individualizados, además de la Agrupación de Unidades Especiales, Seguridad Personal, efectivos de la seccional 6ª y la Sección Perros de la UR II, quienes  trabajaron en forma conjunta con el objetivo de hallar a la niña denunciada por sus progenitores como “robada”.
Una de las primeras medidas tomadas fue rastrillar el lugar, y para ello participó uno de los dogos de la sección Perros, que antes olfateó el cochecito de la bebé y prendas de sus padres. También los investigadores tomaron declaraciones a familiares de la pareja y a vecinos que los conocían.

A partir de los dichos de los padres, ambos debieron pasar por el Instituto Médico Legal, adonde les tomaron muestras de sangre, y también se enviaron a analizar restos de la pizza que habían comido la noche previa a la desaparición de la niña. Esta última medida se ordenó luego de que Brenda insinuara que no terminó de comer la pizza porque tenía un gusto raro y que se durmió de forma inmediata. También con el correr de las horas, la Policía visitó distintos domicilios del asentamiento conocido como Villa Banana, ya que el papá de la beba dijo que había vivido allí hacía algún tiempo.

La adolescente de 16 años, madre de Nair, está embarazada de 8 meses. (Foto: Marcelo Manera)
La adolescente de 16 años, madre de Nair, está embarazada de 8 meses. (Foto: Marcelo Manera)

 
La vida afuera
 
Pese a vivir en condición de indigentes el aspecto de Brenda y de Diego no lo aparenta. Según aseguraron familiares, casi a diario visitaban las casas de sus padres para asearse y alimentar a Nair. El mismo lunes había visitado la casa de la mamá de Brenda, en Gutenberg y Servando Bayo, quien dijo a los investigadores que discutía con su hija porque no aceptaba que viva en una plaza con la pequeña y un embarazo avanzado. Varios testimonios dieron cuenta de que Diego tenía problemas de conducta y que el sábado anterior había protagonizado una discusión con su cuñado. Sufre de epilepsia y a veces no toma la medicación, dijo un vocero policial quien deslizó que el joven también consumía estupefacientes. “Vivían de prestado, en la calle”, dijo la hermana de Diego en medio de lágrimas. “Todos los días almorzaban en la casa de papá”, dijo la chica, quien también vive con su padre en San Juan y Matienzo.

Un vecino dijo que el lunes vio pasar a la adolescente junto a su hija varias veces por calle Paraná. “Iba y venía con el cochecito”, dijo el muchacho que le alcanzó la pizza la noche del lunes y que no entendía por qué la Policía había ido a buscarlo. “Habíamos comprado una pizza con un amigo, ellos pasaron con el cochecito y mi amigo dijo que los conocía, que vivían en la plaza, entonces les trajimos pizza”, dijo. En tanto, una leyenda en la entrada de la vieja estación advierte: “No esperemos que otros hagan lo que nosotros no somos capaces de hacer”.

Una historia de sufrimiento y dolor

Decenas de policías y periodistas se concentraron ayer alrededor del banco de la placita adonde pasaba las noches la joven pareja. Un enorme perro y un cochecito eran el centro de la escena mientras que Brenda, la joven mamá, parecía no entender todo lo que sucedía a su alrededor. La Policía ya se había llevado a su pareja, que se mostraba desconsolado y no paraba de llorar, y ella quedó parada a un costado y respondía a todas las preguntas con una desconcertante tranquilidad. Para algunos, la adolescente estaba en estado de shock y para otros ocultaba algo. Pero una fuente de la pesquisa dijo un dato más que conmovedor. A los nueve años murió su papá, y cuando tenía 11 perdió a un hermano de 26 en Córdoba. “Su frialdad debe ser porque está acostumbrada a sufrir”.

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