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Ballenero japonés partió en dos a barco ecologista

Los seis militantes verdes, que pertenecen a la agrupación Pastor de los Mares, resultaron ilesos.

Aguas peligrosas. La nave ecologista tras el brutal impacto del buque japonés.
Aguas peligrosas. La nave ecologista tras el brutal impacto del buque japonés.

Un ballenero japonés partió en dos un trimarán de alta velocidad utilizado por ecologistas australianos para hostigar a los cazadores de cetáceos al chocar contra él en la Antártida, incrementando la tensión en aguas del Océano Austral.

Los seis tripulantes del “Ady Gil” salieron indemnes, señaló ayer en un comunicado la asociación de defensa de la vida marina Sea Shepherd (Pastor de los Mares).

Los militantes ecologistas aseguran que la colisión no fue provocada pero Japón acusó al grupo de comportamiento “sumamente peligroso”.

“Parece que el Ady Gil se hundió y las posibilidades de recuperarlo son muy escasas”, informó la asociación, que afirmó que el ataque fue filmado.

“El Shonan Maru Nº2 se puso en movimiento de repente y embistió deliberadamente el Ady Gil, arrancándole ocho pies (2,4 metros) de la proa”, agregó el texto.

El “Ady Gil”, un trimarán futurista negro de fibra de carbono y kevlar con capacidad para alcanzar los 93 km/h, batió recientemente el récord mundial de la vuelta al planeta. Su misión consistía en hostigar a los balleneros japoneses para entorpecer su avance.

Con anterioridad, la tripulación del “Ady Gil” había lanzado bombas fétidas contra el ballenero nipón.

La Agencia Pesquera Japonesa asegura que el “Ady Gil” se acercó demasiado al “Shonan Maru Nº 2” y redujo bruscamente la velocidad cuando cruzaba por delante de él. “Estos actos de sabotaje que amenazan a los barcos balleneros de nuestro país y a su tripulación son sumamente peligrosos”, señaló en una declaración.

“Es totalmente imperdonable”, añadió.   En los videos divulgados tanto por el buque japonés como por los activistas se ve chocar a los dos barcos mientras el ballenero apunta con cañones de agua.

“Los balleneros japoneses provocaron una escalada muy violenta del conflicto”, declaró Paul Watson, responsable de la campaña anual de la asociación ecologista.

La destrucción del “Ady Gil” representa “una pérdida sustancial para nuestra organización”, admitió Watson, estimándola en casi dos millones de dólares.

Pero, prosiguió, “se equivocan si se imaginan que los dos navíos que nos quedan van a retirarse del santuario ballenero en el Océano Austral”.

“Libramos una verdadera guerra y no tenemos la intención de ceder”, agregó Watson, que es también capitán del “Steve Irwin”, principal navío de la organización.

“Sus actos se asemejan más que nada a un comportamiento criminal”, denunció en un comunicado el Instituto japonés de investigación de cetáceos.

Bajo el pretexto de investigación científica, Japón no respeta la moratoria internacional de caza de ballenas en vigor desde 1986, suscitando en particular la ira de Australia y de Nueva Zelanda.

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