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Panorama económico

Balanza de pago de Argentina: la falla externa del modelo

Esta semana el Indec publicó el informe sobre la Balanza de Pago de Argentina, documento que resume sistemáticamente el registro de las transacciones económicas entre residentes y no residentes del país; en este caso, actualizadas al primer trimestre del año 2019


Esteban Guida (*)

Especial para El Ciudadano

Esta semana el Indec publicó el informe sobre la Balanza de Pago de Argentina, documento que resume sistemáticamente el registro de las transacciones económicas entre residentes y no residentes del país; en este caso, actualizadas al primer trimestre del año 2019.

La inquietud sobre los últimos números del sector externo viene del interés que existe por conocer el resultado de las medidas que el Fondo Monetario Internacional le está exigiendo al gobierno argentino para reparar el desastre provocado por su gestión, explotada en abril del año pasado. El objetivo es concreto y no repara en cuestiones sociales: reducir el déficit externo para liberar las divisas que se necesitan para devolver la plata que el país recibió de los prestamistas internacionales.

Ante la publicación de estas estadísticas, algunos medios ponderaron el dato referido al superávit de la balanza comercial (registro de las exportaciones e importaciones de bienes y servicios del país), hecho en sí positivo si se tiene en cuenta la imperiosa necesidad que tiene el país de obtener divisas de manera genuina, sea para el pago de sus compromisos externos como para la adquisición de los bienes y servicios necesarios para el crecimiento y desarrollo nacional.

Pero la posición externa total es otra y diferente. Una mirada parcializada puede llevar a conclusiones equivocadas y aportar un mal diagnóstico, como punto de partida para saber si el actual esquema económico sirve o no para mejorar la vida de los argentinos, en un año en el que las elecciones presidenciales podrían definir la suerte del mismo.

En el acumulado de los tres primeros meses del año, el Indec reveló que la cuenta corriente argentina registró un déficit de 3.849 millones de dólares. Es la cuenta corriente (y no la balanza comercial) la que refleja la posición de ahorro (o desahorro) del país con respecto al resto del mundo, por lo que resulta pertinente para analizar las cuentas externas del país. Por lo tanto, el dato positivo resulta de uno de los componentes de la cuenta corriente, la balanza comercial, que fue superavitario en 855 millones de dólares, producto del resultado positivo del intercambio de bienes por u$s 2.562 millones, menos el resultado del intercambio de servicios, que fue negativo en u$s 1.706 millones.

Pero dentro de la cuenta corriente también se registró un déficit de 4.987 millones de dólares en los ingresos primarios, donde ponderan los pagos en concepto de intereses de deuda adquirida por el sector privado y el público. Específicamente, los ingresos primarios reflejan “el rendimiento que perciben las unidades institucionales por su contribución al proceso de producción o por el suministro de activos financieros y de recursos naturales a otras unidades institucionales, en forma de renta”. En palabras más sencillas, los ingresos primarios comprenden los salarios netos que personas físicas perciben por el trabajo que realicen para un no residente y la renta neta (utilidades, dividendos reinvertidos y/o intereses) que se genera por diferentes inversiones (de cartera o directas).

En números, al tercer trimestre del 2019, los ingresos primarios netos (es decir, créditos menos débitos) registraron un déficit de 4.087 millones de dólares, donde los pagos del Gobierno General treparon a 3.612 millones, egreso que el superávit comercial logró compensar sólo en parte.

Si se compara el resultado de la cuenta corriente actual con el de igual período de 2019, se observa que el déficit pasó de 9.369 millones a 3.849 millones de dólares. El resultado de este año representó, aproximadamente, la mitad de lo registrado doce meses atrás. Al ver este número, se puede observar que la devaluación (los bienes extranjeros se encarecieron) y la recesión (cae el consumo de bienes importados) lograron revertir momentáneamente el déficit de la balanza comercial. Pero este cambio de tendencia en el intercambio comercial es resultado de una fuerte caída en las importaciones y no por una mejora en la competitividad, puesto que las exportaciones cayeron un 2,3% en términos interanuales.

Fuera de la cuenta corriente, la cuenta de capital registró un superávit de 32 millones de dólares, mientras que la cuenta financiera cerró en menos 4.935 millones de dólares.

Se observa entonces que las necesidades de financiamiento externo que tiene el país continúan presentes y resultan por demás significativas, en gran medida para compensar la salida de dólares que deviene del pago de intereses y su dependencia del capital foráneo. En otras palabras, a pesar del superávit comercial logrado por la caída de las importaciones como resultado de la devaluación y la recesión (resultante de las medidas aplicadas por el gobierno) el desahorro del país con respecto al resto del mundo se explicó, en mayor medida, por el pago de intereses de deuda.

En definitiva, se observa que el modelo resulta inviable en sí mismo, y no por factores externos como se esgrime todavía el oficialismo.

Las alternativas que tiene el macrismo, si quiere seguir con el actual modelo económico, incluso acelerando las medidas económicas faltantes y necesarias, no son muchas. Ya no puede seguir solicitando financiamiento externo, porque el Fondo lleva prestado más del 60% de su cartera a la Argentina y los privados, por su parte, dejaron de asistir al país voluntariamente en abril de 2018. Alternativamente, una cantidad de fondos tan grande como la necesaria para financiar un par de años más este modelo de insolvencia crónica, está en manos de argentinos, sea en el país o en el exterior. Se sabe que en el año 2016 se blanquearon aproximadamente 100.000 millones de dólares (que no ingresaron al circuito económico) y algunos estiman que además existen por lo menos otros 100.000 fuera del sistema formal (no declarados).

Está claro que Mauricio Macri nunca recurriría al aporte de los argentinos que tienen la riqueza fuera del país (dentro o fuera del circuito formal) porque eso significaría que su familia tendría que ser la primera en mostrar sus fraudulentos números.

Por resultar un modelo insolvente, de déficit crónico del sector externo, recesión económica, empobrecimiento y destrucción del aparato productivo, se hace imperiosa la necesidad de un replanteo estructural de la economía argentina. Ya no hay lugar para retoques de maquillaje, el cambio será desde las bases o no será nada.

 

(*) Fundación Pueblos del Sur [email protected]

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