Policiales

Sangre, balas y muertes

Baigorria: triple crimen con corte más que mafioso

Acribillaron a balazos a tres hombres. Dos de ellos eran hermanos y estuvieron vinculados con un secuestro que orquestó Guille Cantero desde prisión. Estaban en un auto cuando lo sorprendieron y los atacaron


Foto: Alejandro Guerrero

“Los estaban esperando desde hacía un rato largo. No los dejaron ni bajar del auto. Sonaron unos 30 disparos”. Así describió un vecino de Granadero Baigorria la sangrienta escena desplegada frente a su casa: un Chevrolet Corsa gris estacionado en la vereda, con los cadáveres de tres hombres acribillados a las cuatro de la tarde de un lunes. Mientras los fiscales y policías realizaban pericias y buscan pistas del ataque sicario, al lugar comenzaron a llegar familiares de las víctimas. Gritos y llantos silenciaron barrio Martín Fierro.

Gerardo Abregú, alias “Abuelo”, iba al volante. Lo acompañaban los hermanos José y Ezequiel Fernández, conocidos como “Grasita” y “Parásito”, ambos vinculados a un secuestro extorsivo de septiembre pasado en complicidad con “Guille” Cantero desde prisión. Sin embargo, ningún investigador se animaba a confirmar que el ataque fue contra gente de Los Monos ya que entre varias teorías sobre un ajuste narco se barajó un conflicto dentro de la organización.
Lo que no estaba en discusión es que fue un crimen planificado, y que según el fiscal de Homicidios Florentino Malaponte, se realizó por “encargo”.

Algunos vecinos dijeron que los ocupantes de un Peugeot 307 (sin patente ni tazas en las ruedas) rondaron la cuadra las horas previas al ataque. “Estacionaron frente al churrero, después compraron un gaseosa en la verdulería de la esquina (“La Cristina”) y se quedaron estacionados como una hora más. Apenas llegó el Corsa le dispararon”, dijo una mujer. Otra modificó el principio y dijo que los venían persiguiendo. Los investigadores barajaban también que los agresores eran cuatro dentro de un Volkswagen Bora gris claro, con vidrios polarizados y sin chapa patente trasera.

“Bajaron tres ocupantes y dispararon. Luego huyeron por calle Liniers hacia Silvestre Begnis y de ahí a la autopista”.
Lo cierto es que el Corsa llegó con los tres ocupantes pasadas las cuatro de la tarde. Se subió a la vereda de Liniers 2046 y apenas se apagó el motor sonaron entre 25 y 30 disparos. Ninguno alcanzó a salir del auto.

Los vecinos aseguran que las víctimas no eran del barrio y que hacía unos cuatro meses que uno de ellos había alquilado una vivienda interna en la cuadra.

“Fue a las 4.05 de la tarde”, dijeron a coro un grupo de vecinas que no salían del asombro: “Estuvimos todas sentadas en la vereda hasta esa hora; entramos corriendo a las casas porque empezaba la novela de las cuatro. Antes de llegar a sentarnos sonaron más de 20 disparos”, dijeron.

“Este es un barrio tranquilo”, agregó una señora que acusó 30 años de vecina. “Acá lo peor que se ve es una discusión entre borrachos. Nunca vimos algo así. Estas cosas sólo las vemos en el noticiero. Imaginate que acá los chicos juegan todo el día en la vereda”, expresó indignada.

El fiscal Malaponte informó que todas las víctimas tenían el DNI encima y que en el lugar secuestraron entre 25 y 30 vainas servidas calibre 9 milímetros, por lo que no descartó que se haya utilizado más de un arma de fuego. Lo acompañaron a la escena del crimen los fiscales Adrián Spelta y Marisol Fabbro, además del jefe de la Brigada de Homicidios de la Policía de Investigaciones (PDI), Diego Sánchez, con el gabinete criminalístico.

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Los Fernández

Los hermanos  Fernández son tres José Horacio (apodado Grasita), de  33 años,  y Ezequiel Fernández (alias Parásito), de 28, y Nahuel Esteban, de 26.  Este último fue detenido con una ametralladora, tres pistolas 9mm y chalecos antibalas en su casa de José ingenieros al 7600, o sea a dos cuadras de donde vivía la otra víctima, Gerardo Abregú. Nahuel quedó involucrado en el secuestro extorsivo con Guille Cantero. Parásito nunca fue detenido por el caso de secuestro extorsivo (se mantuvo prófugo).  Sin embargo Guille fue procesado pero la Cámara Federal revocó el fallo al considerar que el caso es materia de la justicia provincial. La Fiscalía Federal apeló. Grasita Fernández estuvo preso por el asalto al banco municipal de Empalme Graneros, el 8 de mayo de 2015, que dejó a los asaltantes dos millones de pesos como botín, pero fue luego desvinculad

El secuestro de FR –su identidad se mantiene en reserva por su seguridad-, que fue cometido alrededor de las 19.30 del 9 de septiembre pasado cuando dos captores lo subieron a un auto mientras tomaba algo en bulevar Seguí y Espinillo y lo trasladaron a un galpón. Se habían equivocado de blanco según las escuchas judiciales y como no tenía dinero y el padre de la víctima era carnicero Guille desde la cárcel le pidió un par de kilos de carne.

Fuentes de la investigación revelaron que la Justicia federal de Rosario ya tenía intervenido el celular que Cantero usaba en el penal y las líneas de sus cómplices que trabajan para él fuera de la cárcel y por ello, en esta causa, quedaron registradas las conversaciones antes, durante y después del secuestro.

“De la lectura de las transcripciones telefónicas se desprendía inequívocamente que Guille orquestó, desde su lugar de detención y amén de otras actividades ilícitas, el secuestro extorsivo de FR”, afirmaron los fiscales en su dictamen.

De las mismas escuchas surge que a Cantero lo llamaban por el sobrenombre Tío y que en el hecho participó Parásito. Los fiscales Federico Reynares Solari y Santiago Marquevich mencionan que en las escuchas previas a la captura de la víctima, Cantero y “Parásito” Fernández hablan del galpón donde planeaban ocultar al secuestrado como el lugar donde “si lo escondemos, lo escondemos bien”, y hablan de “los cuatro jugadores”, en clara alusión a los que iban a participar del hecho.

También quedó registrado en las escuchas que a las 19.53, es decir poco más de 20 minutos después de concretada la captura, Parásito se comunicó con Cantero para anunciarle que se habían equivocado de víctima al decirle: “Es otro, nada que ver este, amigo”.

Los secuestradores incluso le dijeron a su jefe Cantero que era parecido al de la foto que les había enviado pero que el DNI confirmaba que tenían a la persona equivocada, a lo que el jefe de los Monos les ordenó que lo lleven “igual” hasta tanto él pudiera averiguar si podían obtener algún rescate.

Los fiscales revelaron en el dictamen que la propia víctima les dijo a sus secuestradores que él “trabajaba en una metalúrgica, jugaba a la pelota y que su padre era carnicero”, ante lo cual en las escuchas quedó registrado que el propio Guille Cantero se le ocurrió la posibilidad de pasar por lo del padre carnicero para pedirle “un par de kilos de asado” como rescate.

“Si bien los captores no llegaron a exigir un rescate por la liberación de FR, lo cierto es que ésa fue su primigenia intención, la cual mantuvieron hasta el final, aun luego de advertir que habían secuestrado a la persona equivocada, lo cual se cristaliza con claridad meridiana en lo manifestado por Guille Cantero, quien, al menos, quería exigirle a su padre dos kilos de asado”, escribieron los fiscales.

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El Abuelo

Gerardo Abregú era apodado “El Abuelo”. Sobre él no pesaba ninguna causa penal, aunque fue el chivo expiatorio de al menos tres homicidios. Uno ocurrió en septiembre de 2015, cuando una pareja de adolescentes, de 16 y 17 años, fue asesinada en barrio Santa Lucía. De acuerdo con fuentes de la investigación, las víctimas viajaban en una moto cuando un par de muchachos, en un rodado similar, se le puso a la par y le disparó al menos nueve disparos. Los chicos baleados fueron trasladados por familiares a un centro de salud de la zona, pero no pudieron sobreponerse a sus heridas y fallecieron mientras eran atendidos. Las víctimas fueron Julieta Sosa, de 16 años, y Diego Alan Durán, de 17, que eran amigos. Por este crimen involucraron a Abregú, pero fue desistida la acusación cuando los testigos no lo reconocieron.

Después lo vincularon con el crimen de Topo Acosta, sindicado como el autor de los disparos que mataron a los adolescentes. Pero la Fiscalía se bajó de la acusación.

También lo vincularon con la muerte de un pibe de 19 años, Juan Alberto Jaime, en 2015 en barrio Emaús. “Lo vincularon y lo desvincularon muchas veces. No tenía ninguna causa pendiente con la Justicia”, dijo un allegado a la causa.

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