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Nos bailaron

Argentina dio pena en Belo Horizonte

Paliza total. Brasil le propinó un verdadero golpe de nocaut al seleccionado argentino, que mostró su peor versión y cayó sin atenuantes por 3-0 en Belo Horizonte, poniendo más en riesgo la clasificación al Mundial de Rusia 2018.


Paliza total. Brasil le propinó un verdadero golpe de nocaut al seleccionado argentino, que mostró su peor versión y cayó sin atenuantes por 3-0 en Belo Horizonte, poniendo más en riesgo la clasificación al Mundial de Rusia 2018.

Neymar fue el líder del tremendo carnaval que armaron los cariocas en el Mineirao, donde el equipo del Patón Bauza exhibió todas las miserias de un ciclo que desde hace tiempo se anunciaba como terminado.

Con eficacia y precisión, el Scratch apabulló a la Albiceleste en el mismo escenario donde dos años atrás sufrió la inolvidable derrota 7-1 con Alemania en las semifinales del Mundial que organizó, la que marcó el punto más bajo en la riquísima historia de gloria del fútbol brasileño.

Claro que ayer se invirtieron los roles, y el que tocó fondo fue la selección que encabeza futbolísticamente Lionel Messi, el mejor jugador del planeta, para muchos el mejor de todos los tiempos, y que cada vez que se calza el brazalete de la celeste y blanca no puede con la cruz.

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El peso de los más de 40 millones de criollos que le exigen lo imposible. Que se saque de encima a cuatro o cinco tipos y asista a un compañero. Que la cuelgue en el ángulo de tiro libre. O que invente algo de otro planeta y nos salve.

Pero Messi sólo no puede. Hace años que está demostrado. Y como el resto no acompañaba ni un poquito, los resultados saltan a la vista: once partidos por Eliminatorias, apenas cuatro victorias, misma cantidad de empates y tres derrotas, dos de ellas al hilo tras el papelón con Paraguay en el Mario Kempes de Córdoba la fecha anterior. Y mientras tanto, Rusia 2018 sigue siendo una quimera…

Dio lástima Argentina. El equipo de Tité, que llegaba afiladísimo tras hilvanar cuatro triunfos seguidos que lo catapultaron a la cima de la tabla de posiciones, necesitó muy poco para despachar casi sin esfuerzo a un rival muy quieto y que apeló desde el vamos a que Messi frote la lámpara y lo salve de la humillación.

Intentó el rosarino. Apenas arrancó el encuentro hizo amonestar a Fernandinho, tiró paredes, generó varias faltas cerca del arco y la pidió siempre. Lástima que jamás tuvo un socio. Ángel Di María volvió a demostrar que es un ex jugador y Gonzalo Higuaín casi ni se notó que jugaba.

Bauza deberá dar muchas explicaciones en los próximos días si es que quiere mantenerse en el cargo. Y va mucho más allá de la obvia necesidad de imponerse el martes en San Juan ante la Colombia de José Pekerman.

¿Táctica y estrategia? ¿4-4-2 o 4-2-3-1? ¿Messi suelto y el resto acompañando? Puros cuentos. El seleccionado argentino no juega absolutamente a nada y la continuidad de algunos futbolistas ya es insostenible.

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El ánimo de los protagonistas está por el suelo. Si hasta Funes Mori y Otamendi, a lo mejor de los más regulares en los últimos tiempos, dieron pena ayer en Belo Horizonte. Peor aún fue lo de Zabaleta o Mascherano. El lateral del Manchester City le tomó la chapa a Philipe Coutinho en la apertura del marcador (tremendo golazo) y al volante del Barsa lo anticiparon con pasmosa facilidad en el 2-0 de Neymar, quien picó sólo entre cinco defensores criollos y amplió la diferencia justo antes del descanso.

El poco orgullo que les quedaba a los jugadores del Patón los salvó de la humillación total en el complemento. Paulinho, a quien un ratito se la habían sacado en la línea, firmó el tercero de Brasil a los 13 minutos. Y mientras Argentina seguía naufragando en la miseria absoluta, el Scratch le perdonó la vida varias veces.

El 3-0 final no dejó lugar para las dudas: la selección nacional atraviesa uno de los peores momentos de su historia y se está quedando afuera del próximo Mundial. Y eso no es todo: el futuro se avecina aún mucho peor. ¿Habrá tocado fondo en el Mineirao? Ojalá, ya que es difícil imaginar que se pueda jugar peor que ayer.

La corrupción y el desorden, la locura y la violencia que atraviesa nuestro fútbol quedaron completamente reflejados ayer en tierras brasileñas, al punto de poder afirmar sin temor a equivocarse que ni el mejor jugador del planeta puede hacer nada para cambiar este presente. La solución tiene que arrancar desde afuera del campo y no desde adentro donde, dicho sea de paso, también hay muchísimas fallas.

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