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HISTORIAS COOPERATIVAS

Aprender haciendo: Lo Mejor del Centro

El restaurant conocido como “La parrilla del centro”, ubicada en plena zona céntrica, tuvo un arduo peregrinaje para ir consolidándose como cooperativa luego de la retirada patronal. Ahora ya llevan 13 años de esta nueva vida y uno de sus principales integrantes revisa pasado y presente


Daniela Barreiro / Fotos: Franco Trovato Fuoco

“Hay cosas que uno puede contar que quien no pasó por el proceso de armar una cooperativa no te lo cree”, dijo Roque, uno de los mozos históricos de la parrilla Lo Mejor del Centro, ubicada en Santa Fe 1166, antes de empezar a recorrer la historia de esta cooperativa que ya lleva 13 años de vida. Los tres primeros meses fueron largos. Antes ya se olía que las cosas iban de mal en peor. Ninguno de los 15 trabajadores que eran en ese entonces podía imaginar la posibilidad de autogestionarse, tal como los encuentra este presente, que los tiene cumpliendo 13 años como cooperativa y habiendo transformado a Lo mejor del Centro en una marca registrada, no sólo de buena comida y buenos precios sino también de empeño y trabajo.

Menudos para nosotros

“La primera charla la tuvimos en un bar, pensábamos en el alquiler del lugar, en las garantías, todo parecía imposible”, siguió contando Roque, uno de los trabajadores que integran la cooperativa y uno de sus mozos históricos. “Fueron los clientes los que nos dieron las garantías”, contó con mucha alegría. “Se acercaron de todos los partidos políticos, de la municipalidad. La transición duró tres meses, durante los que estuvimos siempre acá, nuestras familias venían a comer, hacíamos como una olla popular entre nosotros. Me acuerdo que comprábamos pollos, preparábamos los menudos para nosotros y luego los hacíamos a la parrilla para vender”. Eran esos que antes, cuando había un dueño, se sentaban en las mesas de la parrilla a comer, los que ante el revés del destino que sufrieron los trabajadores, les empezaron a traer mercadería. “Te regalaban un pollo a la mañana y a la noche te lo venían a comprar cocinado”, dice Roque aún con asombro. “Otros te daban dinero pero no querían que se lo devuelvas sino venir a comer por esa plata cuando volviéramos a abrir. Son cosas que si no las viviste no las podés creer”, dice quien con el tiempo agregó a su oficio de mozo el tratar con cada uno que venía a hacer algún trabajo de reparación porque no lo habían hecho nunca: “Está bueno porque uno crece. Cuando empezamos no teníamos idea de cómo hablar con alguien que venía a hacer un trabajo. Pero no quedaba otra que hacerlo, y aprendimos”.

Mentalizar a los compañeros

Después de los primeros tres meses de lucha, negociaciones y búsqueda de apoyo, Lo Mejor del Centro volvió a abrir sus puertas y a los seis meses les fue otorgada la preciada matrícula. “Después vino el trabajo de mentalizar a los compañeros que somos una cooperativa. Hubo a quienes les costó más, que no querían venir porque ahora eran dueños. Pero sos responsable de tu propio trabajo. Así que tuvimos que hacer muchos cursos que son esenciales para mentalizarte de cómo funciona esto. Que quien está a tu lado es exactamente igual que vos en tanto tiene la misma responsabilidad de trabajo”.

Para Roque, lo más importante es una buena administración. “Podés trabajar mucho pero si administras mal no funciona”, dijo, y sobre la forma en la afrontan los avatares de la crisis económica actual, apuntó: “Este año renovamos el alquiler y fue durísimo, el año más sudoroso de todos. Ahora buscamos precio para no subirle los costos a la gente, compramos marcas de vino accesibles pero que mantengan la calidad”. Y continuó: “Ahora estamos bien”. Los trabajadores de la parrilla se reúnen en asambleas periódicas, aunque la mayoría de los debates se dan a la hora de comer. “Es el momento en el que estamos todos”, aseguró. “Tenés que estar en todas. Por ejemplo, si hacés una buena compra podés trasladar un buen precio a los clientes”.

Buscarle la vuelta

Hoy la parrilla sigue teniendo una relación excelente con los clientes. “La gente viene y está muy contenta cuando se llena. En invierno se llena todos los fines de semana, hay gente haciendo cola. Para muchas familias de gente joven que viven en los alrededores esto es como el club de su casa. Vienen con los chicos y los largan con los patines, ¡tenés que tener un cuidado!”. Es que a Roque le toca, al mismo tiempo, transitar entre las mesas y buscar la forma de mantener calidad y precio. “Se siente la crisis pero le buscamos la vuelta para seguir ofreciendo calidad y que la gente no se espante”, confiesa. “La cooperativa te impulsa a seguir adelante, aunque el gobierno no te deja hacer mucho por todo lo que te pide. Renegamos mucho con la habilitación”, contó Roque, quien también manifestó su preocupación por la jubilación: “Mientras seamos jóvenes está todo bien, pero después se complica”, señaló, haciendo referencia a que a la hora de jubilarse los cooperativistas reciben el monto mínimo previsto por ser monotributistas.

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