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Ambrose Bierce: un pionero de la ironía política y del terror

Décimo entre 13 hijos, la rebelión contra una familia opresiva lo lanzó a una vida llena de aventuras que luego plasmó en letras.


Ambrose Bierce fue un periodista y escritor norteamericano cuyos relatos se caracterizan por su agudeza e ironía. Junto a Herman Melville se destaca como uno de los narradores más importantes de la literatura estadounidense con un estilo singular y punzante a veces escéptico o nihilista.

Ambose Bierce nació en una cabaña en Horse Cave Creek, en el condado de  Meigs, estado de Ohio, el 24 de junio de 1842 y creció en el condado de Kosciusko, Indiana.

Según uno de sus biógrafos, Bierce fue el décimo de trece hijos. “Sus padres, Marcus Aurelius y Laura Sherwood Bierce, granjeros de honda fe calvinista, les dieron a todos ellos nombres que empezaban con la letra «A»: Amos, Andrew, Augustus, Ambrose… Mientras que Marcus Aurelius, agricultor sin fortuna, adolecía de un carácter extravagante y apático, prefiriendo pasar el tiempo en la lectura bíblica y de Lord Byron, fue la madre, mujer temperamental y dominante, quien se encargó de sustentar a toda la familia”.

“En aquel ambiente puritano –continúa– lleno de represiones y prejuicios, casi todos los hermanos adquirieron un carácter difícil y sinuoso. De este menoscabo no se libró Ambrose, en quien se fue fraguando hacia su propia familia un odio visceral del cual, por razones que se desconocen, sólo libró a su hermano Albert. Durante estos años de formación, otro de los hermanos, en rebelión contra aquel autoritarismo doméstico, se fugó de casa para acabar como actor y forzudo de feria, mientras que una hermana acabó sus días devorada por caníbales en África, a donde había huido para ejercer de misionera”.

“Todavía adolescente, Ambrose tuvo amoríos con una mujer de más de 70 años, a quien más tarde él mismo definiría como “culta y todavía atractiva”. Poco después, en 1859, Bierce ingresa en la Escuela Militar de Kentucky, donde su estancia se truncó prematuramente a causa de un accidente, supuestamente intencional, que acabó incendiando el establecimiento “.

En el ejército de la Unión

Durante la Guerra de de Secesión, Ambrose Bierce luchó en el ejército de la Unión a favor de la abolición de la esclavitud.

“En 1861, con sólo 19 años, se alistó como voluntario. La participación en esa contienda le ofreció el espectáculo de una humanidad estúpida y cruel, y tras la experiencia en el frente quedó estremecido por la capacidad de los hombres para «buscar ávidamente la manera de masacrar a sus semejantes con mayor eficacia».

“Comenzó la campaña como oficial topógrafo para determinar los campos de batalla apropiados en la brigada del general Willian Hazen, perteneciente al ejército de Ohio (luego ejército de Cumberland) del general Buell. Ese mismo año, luchó en la batalla de Shiloh, experiencia terrible que utilizó más tarde en algunos de sus cuentos”.

En 1864, estuvo con su unidad integrada al ejército de Sherman en la campaña de Atlanta, combatiendo en Rocky Face Ridge, Resaca, y Kennesaw Mountain. Fue herido de gravedad el 27 de junio, pero en septiembre de 1864 estaba de nuevo combatiendo: luchó en la batalla de Franklin, y por eso fue ascendido al grado de capitán en campaña (brevet), y en la batalla de Nashville, siendo días después licenciado, en 1865.

Finalizada la guerra fratricida, le confiaron la administración de los bienes abandonados y capturados en Selma, Alabama.

Periodismo y literatura

Retirado de la actividad militar, Ambrose Bierce comenzó su labor periodística en San Francisco, colaborando con notas en  The Argonaut, The Overland Monthly y New Letters, donde en 1868 lo designaron director. En esa época trabó amistad con Mark Twain, a quien admiraba por su estilo “fluido y expeditivo”, según sus propias palabras.

Entre los años 1872 y 1875, Bierce vivió con su esposa, Mary Ellen, en Londres, Inglaterra, donde continuó escribiendo. A a su retorno a los Estados Unidos, se estableció nuevamente en San Francisco, convirtiéndose en columnista y editorialista del periódico San Francisco Examiner, propiedad de William Randolph Hearst. Era ya en esa etapa de su vida el escritor más célebre de la costa occidental. En 1889, se trasladó a Washington, pero su relación con los diarios de Hearst continuaría hasta 1906.

Las primeras narraciones breves de Bierce fueron escritas durante su residencia londinense. Aparecieron en diversas revistas y le crearon fama de escritor cultor de un humor caústico y mordaz. Un comentarista de su obra señala: “Su estilo se caracteriza por el constante uso de la ironía. Misántropo, expresó su pesimismo en cuentos y relatos cortos que no se hacen excesivas ilusiones sobre la bondad esencial del hombre y la mujer. También compuso en 1899 «Fábulas fantásticas» y «Esopo enmendado», críticas corrosivas de la corrupción política estadounidense. De regreso a San Francisco se convirtió en el árbitro de los círculos políticos y literarios. Hizo gala de su humor macabro en «The Monk and the Hangman’s Daughter» (1892) y de ingenio satírico en su libro de versos «Shapes of Clay »(1903).

“Bierce –afirma un crítico– es considerado heredero literario directo de sus compatriotas Edgar Allan Poe, Nathaniel Hawthorne y Herman Melville. Cuentista de primer orden, le debemos algunos de los mejores relatos macabros de la historia de la literatura: «La muerte de Halpin Frayser«, «La cosa maldita», «Un suceso en el puente sobre el río Owl», «Un habitante de Carcosa», «Un terror sagrado», «La ventana tapiada». Bierce es el escritor que gran parte de la crítica literaria lo junto a Poe, Howard Lovecraft y Guy de Maupassant en el panteón de ilustres cultivadores del género de terror. A través de sus contundentes filigranas se evidenció como maestro absoluto en la recreación de tensas atmósferas desasosegantes en medio de las cuales detona repentinamente un horror «físico», absorbente y feroz”.

Misterioso final

En 1913 Ambrose Bierce viajó a México, siguiendo a las tropas de Pancho Villa. Se supone que murió en el sitio de Ojinaga en 1914, aunque su misteriosa muerte es aún un enigma: su cuerpo nunca fue hallado.

El escritor Carlos Fuentes inmortalizó a Bierce en su célebre novela “Gringo Viejo”, protagonizada en la película homónima por Gregory Peck.

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