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Boxeo

Alfredo Prada: el rosarino más famoso y protagonista de la rivalidad más grande del boxeo argentino

Su peleas con el Mono Gatica pasaron a ser cuestión de estado y contaban incluso con el interés de Perón y Evita. Pero el Cabezón era mucho más que un extraordinario campeón: también fue un deportista muy inteligente, un trabajador humilde y sobre todo un amigo fiel


El mundo del boxeo está lleno de hechos extraordinarios y personajes de lo más pintorescos. El rosarino Alfredo Prada entra a la perfección en ambas categorías, ya que su caso fue de lo más atípico. Su infancia no fue sencilla y con apenas cuatro años tuvo que lidiar con un impedimento físico que le afectó la motricidad de la pierna y el brazo derecho. Afortunadamente conoció el arte del “tome y traiga” que lo ayudó a recuperarse físicamente y lo acompañó toda su vida, elevándolo a grandes éxitos desde que se hizo amateur.

Primero fue campeón en Santa Fe y luego realizó un selectivo para viajar a Buenos Aires, donde se consagró campeón nacional. Y posteriormente, en la etapa rentada, se alzó nuevamente con la corona Argentina y también con la Sudamericana de los livianos. Incluso combatió cinco veces en Estados Unidos. Su destino estaba ligado al boxeo, aunque no fue por las burlas a su renguera o la pobreza de su familia. Nada de eso. Prada se calzó los guantes por amor.

La historia cuenta que su vida dentro del ring nació una tarde que vio a una compañera de la escuela, de la que estaba perdidamente enamorado, mirando con atención unos carteles que anunciaban un festival de box. Así, a los 15 años, pensó que si ella lo viera pelear y su nombre escrito en los afiches, seguramente se enamoraría de él. Lo cierto es que nunca más dejaría el boxeo y ese destino lo transformaría en figura del Luna Park, despertando la pasión de miles de fanáticos que ovacionaban sus peleas contra “El Mono” Gatica.

Todo por el boxeo

Nacido en Rosario el 10 de marzo de 1924, Alfredo Prada es considerado uno de los mejores pugilistas de la historia argentina. En su carrera profesional realizó 99 combates con un récord de 81 peleas ganadas, 36 de ellas por nocaut, 13 empates y apenas cinco derrotas.

Una vez radicado en Buenos Aires para perseguir su sueño de ser profesional, la vida en la gran ciudad fue tan difícil como rutinaria: se levantaba las 4 para cumplir una jornada laboral que empezaba a las 6 y culminaba a las 14 en los talleres de la compañía inglesa de ferrocarriles de Boulogne. De 16 a 20 entrenaba en el Royan Boxing Club, un gimnasio ubicado en el sótano del Luna Park, donde Don Manuel Hermida le enseñaba a boxear.

Pasaron 55 combates como amateur hasta que le llegó la hora tan soñada: el 30 de abril de 1943 debutó como profesional en el mítico estadio porteño, enfrentando al ítalo argentino Aquiles Aquesta, a quien derrotó por puntos.

Podría decirse que tanto Gatica como Prada fueron dos hombres inspirados por la superación, pero a la vez diferentes en sus historias de vida. El Mono nunca pudo pasar de primer grado en la escuela, ya que de chico se vio obligado a tener que ayudar a su padre como vendedor ambulante y canillita, teniendo que defender a trompadas en más de una oportunidad su cajón de lustrabotas. Prada era hijo de un capataz ferroviario y si bien de niño tuvo que lidiar con una incapacidad física que le impidió caminar correctamente por mucho tiempo, tuvo la suerte de poder asistir al colegio.

Ambos podrían haberse rendido por el camino ante semejantes dificultades, pero en vez de eso eligieron avanzar y lograron ser grandes deportistas. A los dos los uniría una época muy especial, fuera y dentro del ring: el surgimiento del peronismo, el cual tuvo ribetes propios en este deporte, siendo un período de antinomias de “argentinos buenos y argentinos malos” y cuando no era así, la división se inventaba.

La rivalidad no fue solo deportiva. Desde las tribunas la mitad del público alentaba a Gatica y la otra mitad a Prada. Estas peleas se convirtieron en un espectáculo seguido por multitudes de un lado y del otro. Esta simpatía se traslada a la familia de Evita, que apoyaba a Gatica, mientras que al parecer Perón tenía más simpatías con el boxeo del rosarino Prada.

Quizá por eso la división deportiva fue tomando cada vez más un tinte político, de carácter clasista, en el cual Gatica representaba a los denominados “cabecitas negras” y al peronismo obrero, mientras Prada era identificado con la clase media denominada “los contreras”, los cuales desbordaban el Ring Side.

Sus duelos con Gatica

La primera vez que se cruzaron dentro de un ring fue como amateur, la noche del 29 de septiembre de 1942. El escenario fue el estadio de la Federación Argentina de Box. Este primer encuentro fue el comienzo de una famosa rivalidad y todo se debió a un desarrollo accidentado en la cuarta vuelta, en la cual Gatica acusó un golpe bajo y dio avisó que no podía seguir combatiendo. Minutos después se procedió a la descalificación de Prada. Para cuando el médico verificó que había sido un golpe legal al hígado ya era tarde para Alfredo, quien a la salida lo fue a buscar a Gatica y se agarraron a trompadas en plena calle.

Como nadie había quedado conforme, quince días después se concretaba el desquite en el mismo escenario. La victoria fue por puntos para Prada, en 5 rounds. Así nacería la rivalidad más famosa de la historia del boxeo nacional, en la cual se enfrentarían otras 4 veces, con saldo más que parejo: 3 victorias por lado.

Los enfrentamientos eran muy duros, un clásico de la noche porteña, y a pesar de la marcada rivalidad, Prada admiraba la velocidad mental y reflejos de Gatica, quien disponía de una gran variedad de golpes y sabía trabajar muy bien en el cuerpo a cuerpo.

Volvieron a medirse el 31 de agosto de 1946 en el Estadio Luna Park, ante unas tribunas bastantes nutridas, con triunfo para Gatica por puntos, quien festejó junto a su enorme legión de hinchas, que esa noche recorrieron con bombos y estandartes la calle Corrientes como un bautismo de la famosa rivalidad que se inmortalizaría en la historia del boxeo argentino.

Pero eso no podía quedar así nomás: tanto las hinchadas como los protagonistas ansiaban volver a enfrentarse y así fue que el 12 de abril de 1947 ya estaban otra vez en el mismo ring en la que sin duda fue una pelea para la historia.

Nadie recuerda con precisión si fue una certera izquierda o un cabezazo de Prada, pero Gatica abandonó la lucha en la sexta vuelta. Una hora después era internado en el hospital Ramos Mejía, donde el médico diagnosticó que el Mono había sufrido la fractura del maxilar inferior derecho y hundimiento de algunas muelas.

Algunos ya daban por terminaba la carrera de José María Gatica y con esto el famoso pleito con Prada. Pero no fue así. El Tigre, como lo denominaban sus seguidores a Gatica, se repuso perfectamente y el 18 de septiembre de 1948 ya estaban otra vez en el ring del Luna Park en una batalla terrible, muy pareja, que se definió por poco a favor del Mono –una caída de Prada fue decisiva- por puntos al cabo de los doce rounds estipulados.

Pero el Cabezón era de aquellos que sabían esperar y cinco años después se midieron por el título argentino de los livianos. Prada estaba en su mejor forma y Gatica todo lo contario: estaba en bastante mal estado y apenas si dio en el peso. Asistieron más de 23.000 personas al Luna Park y otras tantas almas se quedaron afuera. Se dice que el lugar estaba tan lleno de gente y era tal la rivalidad entre hinchas que un sargento de policía subió sobre sus hombros a Prada y con su pistola 45 en la mano iba abriendo camino. Y ocurrió lo que tenía que ocurrir: Prada lo destrozó en seis rounds. Fue el 16 de septiembre de 1953 cuando terminaría el pleito y virtualmente la estupenda carrera de José María Gatica.

En 1951 Prada protagonizaría un combate en el Luna Park con Sandy Saddler, el campeón mundial peso pluma estadounidense, quien realizaba su visita al país y derrotaría a Prada con un espectacular nocaut que lo dejó cruzado en la soga, justo frente al entonces presidente Juan Domingo Perón, como un soldado que cuelga en las alambres de púa después de ser acribillado.

Luego, recuperado de una grave lesión, decidió realizar su último combate por el título sudamericano, el 17 de noviembre de 1956, enfrentando al chileno Andrés Osorio, en la cual se consagró campeón. Tras la victoria, saludó a la gente, tomó el micrófono y expresó: “Señores, como ya anuncié previamente, este es el último combate. Dejo de boxear y le agradezco mucho al boxeo. Dejó el boxeo antes de que el boxeo me deje a mí. Quiero seguir siendo Alfredo Prada”. Y así lo hizo hasta su fallecimiento el 25 de mayo de 2007 en el barrio porteño de Núñez.

Especial para El Ciudadano de Ever Palermo, ex boxeador amateur y autor de “Rebeldes de uniforme” y “Puños Rosarinos: tierra de campeones”, libro declarado de interés Municipal y Provincial.

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