Ciudad

Acciones plásticas

Al rescate de los objetos y las historias íntimas que cargan

Diana Ivern presenta “Rastros”, una muestra con una serie de trabajos que entrelazan su itinerario familiar, la es-critura y todo tipo de materiales encontrados e intervenidos a partir del juego con cada textura que los compone


Maite Acosta

Especial para El Ciudadano

 

Diana Ivern se reconoce dispersa, inquieta. Recuerda cuando era chica y husmeaba entre las cosas de su familia. Hoy parte de ese espíritu persiste: al recolectar objetos de la calle que le atraen porque “le gusta la historia que cargan”; al elegir los bordados del ajuar de su abuela, esos que ella misma confeccionaba pero en los que no aparece su nombre o iniciales bordadas sino las de su marido. “A lo mejor esta muestra puede ser una manera de traer al presente a las mujeres de mi familia”, señala.

Diana juega con las letras de su apellido, que en un orden diferente y con el cambio de la V por la B, son las mismas que lleva el apellido de su amado Antonio Berni. Este artista rosarino desarrolló un conjunto de obras, muchas de ellas desde la práctica del collage, que dejaron una huella importante, tanto en la historia y en la identidad del arte de la ciudad como en el del país todo. Lo identitario, el collage y las huellas tienen gran relevancia en esta muestra, ya que la artista hace un año y medio decidió mirar hacia atrás, repasar su historia familiar: “Hay un habitar ancestral, un habitar natural, un lugar donde ocultarse o refugiarse. Volvemos a construir el nido”, dice Ivern.

 

Un mundo mágico y esotérico

Podría ser también como un homenaje, una dedicatoria amorosa a sus padres, hijos, abuelos. La figura del padre, por ejemplo, encarna la alquimia y las referencias a la filosofía. Si bien era bancario, Ivern lo recuerda como un personaje que usualmente preparaba brebajes y estaba vinculado a un mundo mágico y esotérico. La serie de objetos del día domingo está particularmente vinculada a esta idea, son siete tablas en las que se intercalan figuras planetarias, texturas y los nombres de los días. Cada uno de los trabajos, ya sean pinturas, bordados, objetos, están acompañados por palabras que se materializan de diferentes maneras: bordadas sobre las telas, pintada en maderas, impresas en papel. Ivern dice que escribir le ayuda a pensar la construcción de cada obra. Se reitera la idea del útero y las formas circulares, orgánicas, naturales. Predominan los colores cálidos y blancos y se genera contraste entre lo delicado del detalle de los bordados con las pinceladas gestuales. Sobre los muebles y ropas usadas, por las texturas, la autora dice: “Conservo muchas carpetas, puntillas y otras piezas de mi familia. Las considero tesoros. Elijo madera y telas recicladas, investigo rastros de nosotras, rastros que, en mi opinión, dejan cicatrices en los cuerpos y en los objetos de uso. Me enfoco en las texturas para seguir las huellas que el tiempo, las circunstancias y las acciones dejan en la superficie de la vida. Lo tangible y lo femenino de generaciones pasadas construye el refugio que habito. Estas huellas pueden estar cubiertas, borradas, gastadas, pero aparecen al raspar sus superficies escritas en palimpsestos”.

 

Palimpsestos holográficos

En el texto de sala que acompaña la muestra, escrito por la antropóloga Ana María Llamazares, se mencionan los “Palimpsestos holográficos”, como un manuscrito que conserva huellas de otra escritura anterior en la misma superficie, pero borrada expresamente para dar lugar a la que ahora existe: “Esto no sólo puede interpretarse como un gesto de apropiación; es también, y por sobre todo, un ritual para revivirlos y así rendirles un homenaje, pues en esas antiguas culturas los antepasados no se evocan tanto por su nombre como por el sonido de su voz o por el contorno de su mano. Lo holográfico refiere a la parte que contiene al todo, a la belleza de lo pequeño que nos habla de lo eterno, al fragmento que no ha perdido su capacidad de reflejar lo infinito”. En relación a este trabajo con el linaje materno, Ivern se encuentra también con el ADN mitocondrial y su importancia en relación a la memoria y lo colectivo: “Este ADN sólo se hereda de las madres, por lo que cada descendiente, hijo o hija, tiene exactamente la misma secuencia de ADN mitocondrial que su madre. La genetista Mary Claire King pudo proporcionar secuencias casi únicas para cada familia. Así desarrolló la secuenciación del ADN mitocondrial para las abuelas, una herramienta que hoy en día se utiliza ampliamente, una marca oculta en la biología que liga directamente a las abuelas con sus nietos”.

 

La fuerza de lo colectivo

Diana Ivern se dedicó durante muchos años a la docencia, y también es directora del caMp, el Centro de Apertura Multicultural Pichincha, espacio que desde la intersección de las calles Jujuy y Suipacha, y bajo la figura de una asociación civil sin fines de lucro, activa desde 2003 todo tipo de eventos y talleres vinculados al arte en sus distintas expresiones. Un grupo de artistas en ese momento apostaron a lo colectivo, a generar movimiento desde la unión de diferentes experiencias. Algunos de sus integrantes también se reúnen todos los meses para trabajar en relación a la propuesta de cada muestra que se realiza en el caMp. A las acciones que generan desde lo que les sugieren las obras las llamaron “heterotopías”. Otra vez lo lúdico e interdisciplinario como clave para la acción.

 

Un puente

Repasando la historia de este espacio y todo lo que se generó en este tiempo, se hace fuerte la idea de puente. “En una tirada de cartas mayas se me nombra como hacedora de puentes. Y creo que sí, siempre hice eso, conecté personas. Encuentro sentido enlazando mundos, generando espacios de relación y creación colectiva. Creo que es importante buscar quienes somos. Aspiro poder ver cada vez más hacia dentro. Entiendo que la realidad es una, y la diferencia está en la mirada. Nuestras creencias son las que proyectan nuestro mundo, y el único modo de transformarlo es cambiando nuestra mirada interna”.

 

Cuándo, cómo dónde

“Diana Ivern. Rastros”.  caMp (Centro de Apertura Multicultural Pichincha, Suipacha 94).

Lunes y miércoles, de 17.30 a 19 / Martes, Jueves y Viernes de 18.30 a 21.

 

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