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Educación y trabajo

A setenta años del decreto de gratuidad en el acceso a la universidad pública

En estos días, exactamente el pasado 22 de noviembre, se cumplieron 70 años del decreto Nº 29.337, que estableció que la universidad pública sea gratuita en Argentina, lo que permitió el acceso de miles de familias trabajadoras a la educación superior


En estos días, exactamente el pasado 22 de noviembre, se cumplieron setenta años del decreto Nº 29.337, que estableció que la universidad pública sea gratuita en Argentina, lo que permitió el acceso de miles de familias trabajadoras a la educación superior. Tanto o más importante que la reforma de 1918, esta “segunda reforma”, no alcanza el mismo espíritu de celebración que aquella al interior de la comunidad universitaria. Quizá al ser una medida que surgió desde el gobierno del entonces presidente Juan Domingo Perón no es percibida como una gesta universitaria, aunque es justo reconocer que el estatus de la gratuidad en el acceso a la universidad es un derecho adquirido que difícilmente pueda retrotraerse, ya que la sociedad lo ha incorporado en su más íntima fibra. Resulta pertinente recordar este hito en un suplemento sobre trabajo porque como se ha dicho, gracias a esta medida, las trabajadoras y los trabajadores han podido acceder a la educación superior, y es dable también hacer algunas reflexiones al respecto para situar mejor sus propósitos y beneficios. A propósito de este hecho, circuló en los medios sociales (redes, blogs, foros) un fragmento del documental “Actualización política y doctrinaria para la toma del poder”, filmado en 1971 y realizado por Fernando Solanas y Octavio Getino, donde Perón explica en una forma por demás de sencilla, que a algunos se les hace difícil entender, el alcance de esta medida. En esos años en Argentina, señala Perón, la población estudiantil era de cuatro millones de jóvenes, de esos cuatro millones solo trescientos mil accedían a la escuela secundaria, y nunca más de cien mil a conseguían ingresar a la universidad. El decreto permitió que la universidad “se llenara de hijos de obreros, donde antes estaba sólo permitido el oligarca, porque era quien podía pagar los altos aranceles”. El término gratuidad universitaria quizá no haga justicia al verdadero sentido de la medida, no arancelada, sostenida por el Estado, o sostenida socialmente. Da una idea más cabal de lo que realmente significa porque grafica el esfuerzo social para mantener el acceso de toda y todo aquel que quiera estudiar en la universidad.

Cuatro millones en vez de cien mil

La autonomía, la libertad de cátedra y el cogobierno, fruto de la reforma de 1918, han sido importantes para dar identidad al sistema universitario argentino, realmente único y particular a escala mundial. Y es precisamente el decreto de gratuidad lo que inscribe a la universidad en un proyecto nacional. En primer lugar por la democratización del conocimiento y de acceso a la educación superior que supone, pero además, como señala Perón, en el documental citado es un crimen formar sólo cien mil profesionales cuando se pueden formar cuatro millones para el desarrollo nacional. Hoy vemos como en nuestro país hermano, Chile, los jóvenes reclaman, entre otras demandas, algo que ya hace sesenta años se instaló en Argentina mediante este decreto: el derecho a la educación, mientras el gobierno que se va (Cambiemos) insistió con su discurso sobre setenta años de fracaso. Pero la realidad no se puede esconder, fue la universidad pública y gratuita la que otorgó tres premios nobel en ciencias a Latinoamérica. Hoy frente a la esperanza que convoca un nuevo gobierno esperamos que se profundice el vínculo de la universidad pública con la comunidad para fortalecer el proyecto de Nación y de Patria Grande.

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