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“A pesar de todo, se puede hacer ciencia en la Argentina”

Así lo asegura Luis Quesada Allué, titular del Instituto Leloir, quien visitó Rosario invitado por el Día del Investigador Científico.


Invitado por el Consejo de Investigaciones de la UNR, estuvo en Rosario, a propósito del Día del Investigador Científico, el doctor Luis Alberto Quesada Allué, investigador principal del Conicet y jefe del Laboratorio de Bioquímica y Biología Molecular del Desarrollo de la Fundación Instituto Leloir (FIL). “El rumbo de la política científica en Argentina. Visión estratégica en la formación de recursos humanos”, eligió como tema para su disertación, precedida por la titular del Consejo de Investigaciones Universidad Nacional de Rosario, María Alejandra Lapalma, y el rector de la UNR, el arquitecto Héctor Floriani.

El disertante expuso su visión del estado de la ciencia en el país; partiendo del presupuesto, según su opinión, de que el 80 por ciento de la población y de los periodistas, el 99 por ciento de los políticos y una gran proporción de universitarios tienen una visión optimista sobre el estado de las ciencias en la Argentina. “Yo intento mostrar otra visión, recurriendo a datos inobjetables”, sostuvo el investigador.

Quesada Allué sostiene que la Argentina cuenta con núcleos de investigación que se destacan por sus trabajos, pero no es todo. La totalidad del país no llega a lo que esos pocos núcleos de excelencia han conseguido y sostienen. Esos núcleos coinciden con centros de excelencia ubicados en Buenos Aires, Córdoba, Mendoza y Santa Fe. Al respecto da a conocer su hipótesis, la que presenta como “un modelo de ciencia y tecnología que se asemeja a un modelo de oasis; pequeños grupos de producción sofisticada; aislados”.

“Hay otro modelo que alcanzó en un momento un alto grado de diversificación y variedad”, sostiene Quesada Allué, y enfatiza: “Es el que involucra a muchos centros y a muchos recursos formados y sostenidos por un sistema que, actuando en red, se apoya en un plan estratégico; modelo que lleva adelante Israel, por ejemplo. La ciencia en Argentina se acerca al modelo «oasis»: hay núcleos de excelencia, hay núcleos de productividad; pero configurando una suerte de islotes desconectados”.

Uno de los datos objetivos a los que se refirió el disertante muestra que “los grandes centros o núcleos, en 2003, tenían más del 73 por ciento de la financiación del Estado” para ciencia y técnica.  “Los núcleos son Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y Mendoza; las 13 provincias restantes tienen tan sólo el 27 por ciento. Mientras que en 2010 la diferencia se amplió: 76 por ciento a 24 por ciento. Esos núcleos concentran el 84 por ciento de los investigadores”.

Paradojas

Quesada Allué sostuvo que en la Argentina existen dos grandes paradojas. La primera es la que marca que aún teniendo el presupuesto más alto en educación, los números referentes a los resultados en el nivel secundario son muy bajos. Por esta misma causa y agregando otras, el investigador sostuvo que el 70 por ciento de los estudiantes que inician la universidad abandona sus carreras.

Para abonar su hipótesis recurrió a otras fuentes; sosteniendo que las pruebas Pisa colocan a los alumnos secundarios de la Argentina en el puesto 59º en el mundo, siendo que lo invertido en relación con el PBI hace que Argentina ocupe el lugar 31º.

La segunda paradoja es que, mientras el sistema científico tecnológico argentino se percibe como floreciente, esgrimiéndose una mirada optimista, con edificios que se inauguran, nuevos laboratorios, mayor cantidad de científicos, más subsidios y más proyectos; en realidad los datos demuestran que la Argentina atrasa más, no sólo con respecto a los países del norte sino tomando en cuenta los países vecinos. Como ejemplo, el disertante sostuvo que el país tiene menos graduados que España, Brasil y México; y que Chile ya lo está alcanzando.

Se gasta mucho en comparación con los resultados que son no satisfactorios.

Santa Fe, un oasis

—Usted ha marcado en su charla una diferencia entre Santa Fe y el país en materia de investigación científica…

—En Argentina, y en ciencia, hay un enorme vacío de federalismo. Santa Fe recibe menos dinero del que le corresponde. Santa Fe es una excepción; y en ciencia y tecnología se distingue. Es un sistema dinámico que  recibe fondos insuficientes, sin respetar los plazos, en un país con inflación. Sin embargo, la provincia con fondos propios, con empresarios comprometidos, ha encarado incentivos y proyectos que la distinguen del resto del país. Existe en Santa Fe un sistema científico propio. Se trata de un sistema dinámico adaptado a sus necesidades productivas.

—¿Es posible hacer ciencia en Argentina?

—Sí. De hecho no somos pocos los que la hacemos y con una ecuación positiva entre lo recibido y el producto de nuestro trabajo. Obtenemos buenos resultados pese a lo magro de la inversión y al maltrato que recibimos. Escollos burocráticos, demora en entrega de las remesas, etcétera. A pesar de todo se puede hacer ciencia en Argentina. Algunas de las áreas más castigadas por falta de apoyo y exceso de burocracia, como son las áreas agronómicas y las áreas de biología básica, son las que más nos han hecho destacar en el ranking mundial. El problema siguen siendo los fondos; estamos tan lejos del 1 por ciento del PBI que no se puede pensar siquiera en desarrollar políticas sofisticadas. Estamos muy mal; a pesar de que, desde el Ministerio, se afirme lo contrario”.

Cabos sueltos

—¿Quién tiene que hacer la divulgación científica?

—Ser buen científico no implica ser un buen comunicador. Necesitamos periodistas que sepan extraer de los científicos las respuestas a cuestiones trascendentes para que sean entendidas e incorporadas a su cotidianidad por la gente. Pero deben especializarse en entender lo que hace el científico y poder trasmitirlo. El periodismo científico ayuda a que la gente entienda. Ayuda en las campañas públicas; ayuda a prevenir salud y a prevenir sobre efectos en el ecosistema. El periodismo científico ayuda a concientizar a la población; favorece la alfabetización de la ciencia y es un paso hacia la democratización del conocimiento.

—En el campo de la investigación científica, ¿hay más mujeres que hombres?

—Hay más investigadoras, especialmente becarias; en posdoctorado hay una relación 70/30 entre mujeres y hombres. Comparado con otros países nos da una sensación de ciertos progresos en la cuestión de desigualdades ancestrales. Pero existe un aspecto más oscuro del problema, y es que hay muchos varones que en medio de su carrera comprueban que no pueden mantener una familia ni llevar una vida digna con los salarios de investigadores y emigran a otras actividades o al sector privado. Hay muchos doctorados realizando otras tareas, con lo que esto significa en cuanto a pérdida de recursos para el país que hizo un enorme esfuerzo para ayudar a formarlos.

—¿Investigación básica versus Investigación aplicada?

—Es un tema de moda y aún existen demasiadas discusiones al respecto. Fui discípulo de Leloir y en su laboratorio hacíamos investigaciones básicas. Leloir, como premio Nobel que fue, siempre se interesó por encontrar respuestas a preguntas fundamentales para la humanidad. Donde peor está nuestro país en materia de investigaciones científicas es, justamente, en la implementación de tecnología, que consiste en tomar toda la investigación y desarrollar un producto que además sea posible de ser comercializado con ventajas competitivas. Es en este aspecto, justamente, que Santa Fe se distingue.

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