Rosario, viernes 31 de julio de 2026
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Rosario, viernes 31 de julio de 2026

A 60 años de “Blues Breakers With Eric Clapton”, el blues en una de sus expresiones más luminosas

John Mayall y Eric Clapton no se conocían demasiado cuando se unieron para grabar un álbum en 1966, pero “Blues Breakers With Eric Clapton” puso en evidencia la destreza de ambos para el blues, les catapultó sus carreras y llevó al autor de “Layla” a formar el poderoso trío conocido como Cream
A 60 años de “Blues Breakers With Eric Clapton”, el blues en una de sus expresiones más luminosas

Uno de los discos más señeros del blues británico pertenece a un insigne representante del género en ese país, el cantante, instrumentista y compositor John Mayall. Se trata de Blues Breakers with Eric Clapton, título surgido del nombre de la banda que capitaneaba Mayal y la destacada intervención en casi todos los tracks de un guitarrista que daría que hablar, Eric Clapton, quien era un joven de veintitantos a mediados de la década del 60. La participación de Clapton en ese portentoso disco llevaría a que una mañana los paredones en la periferia del centro londinense aparecieran grafiteadas con la leyenda “Clapton is God”.

Hacía muy poco el guitarrista había abandonado The Yardbirds, la fabulosa banda que contaba entre sus miembros a Jimmy Page y Jeff Beck, surgida hacia 1963, y que había irrumpido de manera tajante en la escena británica. Clapton dejó el grupo tras la grabación de “For your Love” en julio de 1965, en desacuerdo a lo que consideraba como una desviación de la génesis del grupo, que iba tomando un rumbo más pop.

El autor de “Layla” había tenido una aproximación a los fastos bluseros de Mayall, puesto que su corazón estaba puesto en esa rítmica y buscaba profundizarla. Junto a Mayall y los Bluesbreakers ya había grabado las exquisitas “I’m Your Witchdoctor” y “Telephone Blues”, esta última producida por Page, en el verano de 1965, y luego había partido a Grecia con una banda formada en el vértigo de una contratación y que se conoció como The Glands.

Por su parte Mayall era para entonces un festejado cantante de blues, pianista y eximio armoniquista que había grabado un álbum lanzado con su nombre y un disco en vivo que incluía al bajista John McVie, a solo un año de cofundar Fleetwood Mac con sus futuros compañeros Bluesbreakers, Mick Fleetwood y Peter Green. A fines de 1965, luego de una efímera experiencia, Clapton volvió al ruedo blusero de Mayall y luego de varias presentaciones en teatros y salas se sintieron preparados para grabar el que sería el primero de los dos discos que compartirían, pero que resultaría suficiente para convertir al guitarrista en un referente ineludible para todos aquellos que encontraran en el blues y en el rock su forma de expresión.

El sonido alcanzado por Clapton en ese disco, manipulando su Gibson Les Paul Standard, de 1959, y extrayendo un rotundo sonido desde su  amplificador Marshall, haría la delicia en las escuchas de otros violeros, pero, como suele pasar con los originales en cualquier expresión, su imitación resultaría casi imposible. Entre las canciones más destacadas del disco –por lo demás todos los temas suenan poderosos e imbatibles– figuran “All Your Love”, de Otis Rush; “Ramblin’ On My Mind” de Robert Johnson, casi un tributo a su mayor inspirador (donde Clapton sería además el vocalista principal); el cadencioso tema de Mayall “Key to Love”, con una cortina de magníficos vientos, y la versión del “What I’d say”, de Ray Charles, en la que Clapton se luce con el tremendo riff –algo que ya ejercitaba en The Yardbirds– de “Day Tripper”, de The Beatles, anticipación de otra colaboración con el cuarteto de Liverpool, la mítica y genial “While my Guitar Gently Weeps”.

Aunque sin dudas, el mejor solo de Clapton para este  disco, puede escucharse en “Have you Heard”, otra de las canciones compuestas por Mayall. En “Hideaway”, de Freddie King, –B.B.King confesaría más tarde que esa versión lo flasheó– se vale de amenazantes cortes de notas como introducción a una notable escala blusera hasta el fin de la canción.

Además del propio Mayall, Clapton y McVie, la banda que grabaría Blues Breakers with Eric Clapton incluyó al baterista Hughie Flint para completar el cuarteto, y luego se agregó una sección de trompeta sobre algunos pasajes, lo que consiguió amplificar ese tradicional blues de  Chicago, y generar un clima original, al mismo tiempo que mantenía  sus raíces firmemente intactas. Fue un verdadero y hábil despliegue rítmico que pondría al álbum entre los mejores exponentes de su especie, a tal punto que uno de sus grandes admiradores fue Jimi Hendrix.

Esa formación prometía mucho, pero no llegó tan lejos y Mayall y Clapton volvieron a grabar juntos solo una vez más. Fue en 1971, en el disco “Back to the Roots”, con un seleccionado que además de Clapton y el jefe Mayall incluía a Mick Taylor, Harvey Mandel y Jerry McGee en guitarras; Larry Taylor y Steven Thompson en bajo; Keef Hartley y Paul Lagos en la batería; Don “Sugarcane” Harris al violín, y Johnny Almond en saxofón y flauta, todos experimentados instrumentistas de rock & blues.

Pero era evidente que Clapton buscaba algo diferente, algo tal vez que lo situara en el centro de la escena, y eso en formaciones como la de Mayall era casi imposible, puesto que todos eran grandes competidores y tenían afanes parecidos. Poco después del lanzamiento de Blues Breakers With Eric Clapton, el inmenso bajista Jack Bruce se unió por un breve lapso a Bluesbreakers. No pasaría mucho tiempo antes de que él y Clapton –que tuvieron rápida sintonía desde que se conocieron y compartían gustos e influencias– comenzarían a dar forma a Cream junto a un antiguo socio musical de Bruce en la Organización Graham Bond, el enérgico batero Ginger Baker. Ese power trío fusionaría con innovadora imaginación el blues, el rock y la psicodelia en la escena londinense y, poco tiempo después, mundial.

Vistos los vaivenes de Mayall y Clapton, pero sobre todo en la grabación de Blues Breakers with Eric Clapton, un disco inaugural que llevó el blues a una de sus expresiones más luminosas, sobre todo en la apropiación de su tradición para llevarlo a alturas impensadas, podría decirse que la unión de dos de los, a esta altura, legendarios músicos, abrió una nueva puerta al universo blusero y rockero, pero sobre todo quedó marcada la enorme influencia que Mayall ejerció sobre el autor de “Tears in Heaven”, quien reconoció no pocas veces el carácter de figura paterna en la música que desarrollaría a lo largo de su carrera.

Grabado el 22 de julio de 1966 y con su vertiginosa trepada en los rankings, Blues Breakers With Eric Clapton sería uno de los discos más escuchados de ese año en el Reino Unido –trepó al top 10 en casi todos los rankings–, lo que  impulsaría la carrera de Mayall y encendería la de Clapton, cuya desembocadura en Cream lo situaría, también, como uno de los guitarristas y bluseros más respetados en Estados Unidos.

La expresión fluida y cálida a la vez de su Gibson Les Paul, sentaría un precedente para muchos guitarristas en el mundo –y eso que Clapton solo contaba con 21 años en esa época– que todavía hoy, a 60 años de su salida, siguen agradeciendo en cualquier rincón del mundo.