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Crímen político

A 31 años reabren la causa por el asesinato del diputado Mario Armas

Al diputado del PDP lo mataron de dos disparos en 1986 en una cochera. El jueves declarará un sospechoso en Tribunales.


El sábado 8 de febrero de 1986 al mediodía dos balas terminaron con la vida de la persona a la que 133.975 santafesinos le pusieron el voto cuando terminó la última dictadura cívico-militar. Mario Domingo Armas, de 71 años y diputado del Partido Demócrata Progresista (PDP), cayó muerto en el tercer piso del edificio de cocheras de Paraguay 842. El cuerpo quedó al lado de su Ford Falcon color vino tinto. El reloj y la billetera estaban con él y despistaron a la Policía, que se quedó sin argumentos para justificar un robo violento. Luego probó con la hipótesis de un ajuste de cuentas entre amantes y por último con la idea de un crimen político. Hubo tres demorados, pero ningún acusado. Después de 31 años el expediente del caso Armas sumará una nueva página. El próximo jueves un hombre entrará a los Tribunales provinciales para declarar. El hijo de Armas, bautizado Mario Lisandro por el líder del PDP, cree que puede ser el asesino.

A un año de cumplir la edad que tenía su padre al morir, Mario Lisandro Armas recibió un llamado del diputado del Frente Social y Popular (FSP) Carlos Del Frade. Le dio el nombre de quien pudo haber disparado el arma calibre 22 en el edificio de seis pisos de cocheras. Mario Lisandro decidió convertirse en el detective que no fue en 30 años, cuando eligió criar a sus cuatro hijos y esperar que la Justicia trabajara. Fue a Tribunales, encontró el expediente intacto, pero algo en su propia declaración, que hizo en la comisaría una hora después del asesinato, le devolvió un recuerdo. Había dicho que horas antes del crimen alguien tocó la puerta del estudio jurídico que compartían con su padre en la peatonal Córdoba, entre el Palacio Minetti y la Bolsa de Comercio. Abrió y no había nadie. Por una ventana alcanzó a ver a un hombre de traje marrón y maletín beige salir del edificio. Pensó que era un cobrador de los libros que coleccionaba su padre. Mario Lisandro siguió leyendo el expediente y vio una anotación en tinta, en el folio 49. Marcaba la declaración de un testigo que minutos antes de los disparos subió en el ascensor de la cochera. Declaró que no lo hizo solo. Lo acompañaba un hombre de traje marrón y maletín beige.

Mario Lisandro sabe que el crimen de su padre prescribió y son escasas las posibilidades de que pase a la Justicia federal como un caso de lesa humanidad. Foto: Pablo Soria.

Desde enero de este año Mario Lisandro encontró apoyo en el más joven de sus cuatro hijos. Una semana después del asesinato de su padre, su esposa le había dicho que estaba embarazada. Mario a secas, sin segundo nombre, nació en 1986 y lo acompañó este 2017 en la búsqueda. Padre e hijo encontraron al testigo: Gerardo R., de 76 años. Lo llevaron a la Fiscalía NN del viejo sistema penal y allí repitió lo que había visto hace 30 años. Contó que había ido a buscar su auto a la cochera, porque le había instalado un estéreo en un local que funcionaba a mitad de cuadra. Cuando estaba por tomar el ascensor un hombre que encajaba con el perfil del diputado Armas cerró la puerta y subió. Gerardo apretó el botón y esperó que bajara. “Momentito”, pidió permiso un hombre y entró. Gerardo lo vio de espaldas: traje marrón, un corte de pelo raro y un maletín beige en la mano. Cuando el hombre se bajó, le alcanzó a ver un bigote fino color caoba. Gerardo siguió hasta el piso superior, puso en marcha el auto y bajó por las rampas en caracol. Antes de llegar a la planta baja escuchó el eco de dos estallidos. No les prestó atención y por la tarde viajó con su familia a la bonaerense Bahía San Blas. A la semana volvió a Rosario para declarar ante el jefe de Policía de Santa Fe, quien interrumpió la charla para llamar al entonces gobernador José María “Tati” Vernet y decirle que habían dado con una pista clave.

El 13 de agosto de 2017 fue domingo de elecciones. Mario Lisandro despertó con el hombre de traje marrón y maletín beige en la cabeza. Repasó mentalmente las notas periodísticas que mencionaban el nombre que le había dicho Del Frade a principios de año. Pensó que era la misma persona. Manejó hasta la Facultad de Humanidades. Bajó y miró el padrón. “Ya votó esa persona”, le respondió el presidente de mesa cuando preguntó. Aprovechó para ver la dirección que figuraba en el registro y, como era cerca, caminó hasta la puerta. Era un estudio jurídico y si bien estaba en la peatonal le pareció un callejón sin salida, porque no era la casa del sospechoso. Mario Lisandro sólo tenía la certeza de que ese hombre había votado. Estaba vivo.

La última noticia sobre ese hombre la había tenido cuando lo sobreseyeron en la causa por el asesinato de los militantes Adolfo Cambiaso y Eduardo Pereyra Rossi. La Justicia lo había procesado por ser parte del grupo que los secuestró del bar Magnum de Córdoba y Cafferata en 1983. Eduardo “Tucu” Costanzo, ex personal civil de Inteligencia del Ejército, declaró que esa persona había hecho de campana en la vereda con una pistola en la mano. “Es un hombre que era del estudio de Cerruti”, deslizó Constanzo en el programa radial Trascendental. Costanzo pasó a ser un arrepentido el año que Cerruti murió: 2011. Cerruti era abogado, se llamaba Héctor y en ámbitos judiciales lo conocían como el Padrino. Los rumores eran que ponía y sacaba jueces en la Justicia santafesina. También que había apoyado la candidatura de José María Vernet, el primer gobernador santafesino en el regreso democrático de 1983. Vernet era el contador del estudio Cerruti.

“Armas molestaba en la designación de jueces porque estaba en la comisión de Acuerdos, pero nunca me dijo que lo habían amenazado”, dijo Mario Lisandro a El Ciudadano. Para el hoy diputado provincial del PDP Gabriel Real, quien trabajó con Armas en la Legislatura, el móvil del asesinato fue político. “Era implacable. No iba a transar con la corrupción del gobierno justicialista que después fue descubierta”, describió el legislador, quien cada aniversario del crimen recuerda en la Cámara el caso.

Armas fue el segundo legislador asesinado en tiempos de democracia. Al primero lo conocía bien. Fue el senador del partido donde militaba desde los 16 años: el santafesino Enzo Bordabehere. El 23 de julio de 1934, cuando Armas tenía 9 años, Bordabehere recibió un tiro que buscaba a Lisandro de la Torre durante una pelea en el Congreso. Un ex comisario disparó para tratar de callar la denuncia del PDP sobre fraude y evasión impositiva de un frigorífico que manchaba a los ministros del general presidente Agustín P. Justo, Federico Pinedo y Luis Duhau. El ex comisario era hombre de confianza de los ministros y fue condenado.

A un año de su búsqueda, Mario Lisandro sabe que el crimen de su padre prescribió y son escasas las posibilidades de que pase a la Justicia federal como un caso de lesa humanidad por las vinculaciones políticas de la víctima y su presunto victimario. Igual se ilusiona porque el hombre que le dijeron pudo haber sido el asesino aceptó presentarse el jueves próximo 14 a las 10 para una declaración informativa, que se toma a quienes no está definido si serán formalmente acusados o quedarán como testigos, en los Tribunales provinciales.

Mario Lisandro está jubilado y mudó el estudio que compartía con su padre.

Cada vez que va al centro vuelve al lugar donde lo mataron. Guarda su auto en el subsuelo del edificio de cocheras de Paraguay 842.