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A qué se debe el gran éxito de Putin y cómo logró mantenerse tantos años en el poder

Vladimir Putin se ha convertido en el líder político que más tiempo gobernó Rusia luego de la caída de la URSS. Ante la incertidumbre y los desequilibrios mundiales, la mayoría de los rusos, o una gran parte al menos, volverían a elegirlo. Hay otras razones y son variadas y disímiles


Rocío Berardo**

Vladimir Putin se ha convertido en el líder político ruso que más tiempo gobernó el país luego de la caída de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

Se convirtió en el Primer Ministro de la Federación Rusa por primera vez en 1999, cuando Boris Yeltsin anunció su dimisión. Putin ha ocupado la presidencia en tres períodos: 1999-2004,2004-2008, 2012-2018, siendo reelegido para el cargo nuevamente en 2018, cuya administración duraría hasta el 2024.

Duraría, debido a que recientemente el máximo líder ruso ha promovido un cambio en la Carta Magna del país para permitirle permanecer en el poder durante dos mandatos más.

Además, esta modificación haría la presidencia más fuerte. Este paquete de cambios, luego de ser aprobado por el Tribunal Constitucional, será sometido a consulta popular, la cual fue pospuesta como consecuencia de los impedimentos que plantea el covid-19 tanto en Rusia como en el resto del mundo.

Los rusos quieren más Vladimir

El mensaje es claro: ante la incertidumbre y los desequilibrios, la mayoría de los rusos, o una gran parte al menos, quieren más Vladimir. Esto puede explicarse de la siguiente forma: cuando Putin accedió al poder en 1999, Rusia pasaba por un proceso de desestabilización.

El presidente Yeltsin había implementado una serie de reformas que habían debilitado al Estado, llegando al punto en el cual éste dejó de ejercer ciertas funciones propias; por ejemplo, numerosas regiones y repúblicas rusas poseían su propia legislación, que a veces contradecían a las instituciones federales.

Por otro lado, también se veía cuestionado el control que el Estado debía ejercer sobre los beneficios obtenidos de la renta de materias primas, lo cual supone una de las principales fuentes de ingresos de la Federación.

Las privatizaciones llevadas adelante por Yeltsin, dieron origen a diversos mecanismos de evasión de impuestos y tasas por parte de las grandes empresas. Ante esto, muchos rusos consideraban que su país estaba en riesgo: o de estallar, o de no poder recuperarse de las consecuencias de la disolución de la URSS y las radicales reformas que sobrevinieron de la mano de Yeltsin.

Democracia dirigida

Sumado a esto, Estados Unidos y sus aliados practicaban una política ofensiva hacia Moscú para reducir la influencia de ésta sobre su zona de predominio heredada de la Guerra Fría.

En ese momento Putin llega al poder. Y con ello, el rápido crecimiento económico y estabilidad política, con la restauración de las instituciones rusas en las diversas regiones de su territorio, la recuperación del control de la renta obtenida por las materias primas del país y la reconstrucción de la industria rusa.

En este marco podemos hablar del término democracia dirigida, que puede ser bastante útil para ilustrar los consecutivos mandatos del líder ruso: un gobierno democrático en el cual el presidente tiene un poder muy fuerte, incluso con tintes autoritarios.

La arquitectura de este tipo de democracia en Rusia tiene como base la idea de un presidente y un gobierno cercano a su pueblo, muy diferente al modelo gubernamental de la Unión Soviética.

Otro factor a tener en cuenta acerca de este modelo, es la idea de crear un método de gobernar en el cual si un ciudadano tuviera un problema, acudiría a sus gobernantes.

Tal vez esta idea fue implementada para desestimar las críticas que recibe el presidente y su gabinete, acusados de los altos niveles de violencia y persecución política existentes en Rusia.

Reconstrucción patriótica y temor al enemigo

Otra cuestión a tener en cuenta cuando pensamos en la permanencia de Putin en el poder, es la desconfianza hacia occidente y sus valores, no sólo por parte del gobierno, sino también por parte de la población.

La disolución de la URSS y los años posteriores fueron tiempos muy traumáticos para la población de la Federación Rusa, consecuencia, en gran parte, de la humillación sufrida por parte de los países aliados a Estados Unidos durante la Guerra Fría.

Tal vez podemos afirmar que por ese motivo, tanto Vladimir Putin como la mayoría de los rusos, son fervientes nacionalistas. Tienen como objetivo reconstruir la Rusia grande que alguna vez fue y volver a ubicarla en el escenario internacional como una potencia competidora de occidente. Y Putin trabajó por ese propósito.

El buen precio que mantuvo el petróleo, el desarrollo de una dependencia por parte de Europa del gas ruso, entre otras cuestiones, hicieron que Rusia vuelva al plano económico internacional como un país fuerte.

Y la dureza de Vladimir es admirada por gran parte de la población del país que lidera, y muy despreciada por Occidente. Pero lo que molesta a los aliados del otro lado del globo, es que Putin no es un títere como lo fue Yeltsin.

Los reclamos por violaciones de derechos humanos, fraude electoral, intromisiones en asuntos internos de otros Estados, entre muchas otras acusaciones por parte de Estados Unidos y sus socios, serían soportados si el presidente del país más grande del mundo fuera pro-occidental.

Pero no es el caso, y la reconstrucción patriótica y el temor al enemigo siguen siendo factores de suma importancia en la sociedad rusa, heredera del trauma postsoviético, que mantiene el histórico fundamento de que Rusia es única.

Además, Rusia mantiene ciertas costumbres muy arraigadas, siendo las principales la religión ortodoxa, cuya importancia perdura en el tiempo; los campesinos, que siguen siendo numerosos y tradicionalistas; y por último, el estatismo exacerbado, ya que en Rusia el jefe de Estado (ya sean los antiguos Zares o actuales presidentes) tiene un poder que se encuentra muy concentrado en manos de ese único hombre, sumado al acostumbramiento de los rusos a ser dirigidos por líderes autoritarios, lo cual es una tradición difícil de olvidar o soltar.

Pero esta intolerancia y falta de libertad por parte de los dirigentes deben ser probablemente consideradas como una tradición rusa, más que como un legado de la época comunista, como bien dijo Bertrand Russell.

Pese a que, en general, la gente a lo largo y ancho del mundo cree que las privaciones de libertades a niveles alarmantes tienen su origen en el estalinismo, la realidad es que ya desde el momento en que Rusia era gobernada por los Zares (hace ya varios siglos), éstos utilizaban la fuerza para conseguir sus objetivos, privando a los ciudadanos de opinar.

Veinte años en el poder con posibilidad de perpetuarse

A pesar del ocaso del modelo putiniano, hay otra cara del régimen que no siempre es tan mencionada. La crisis económica, política y social que implicó la caída del sistema soviético, con consecuencias directas como la huída de capitales y la baja del precio del petróleo (esencial para la economía rusa), se superó completamente a partir del año 2010.

Sin embargo, la situación no retornó al pasado anterior a la crisis: el “contrato social” implícitamente establecido durante el gobierno de Putin –la sociedad no se metía en política, a cambio de que el gobierno le garantizara una mejora del nivel de vida– sufrió una importante erosión.

En los últimos años, varias protestas o descontentos en la población salieron a la luz,  por ejemplo: en 2005, el gobierno promulgó una ley que afectaba amplios sectores sociales, ante lo cual se llevaron a cabo manifestaciones masivas, demostrando que el gobierno no podía hacer su voluntad como quisiera, principalmente cuando se trataba de beneficios ya adquiridos por la población.

Por otro lado, las transformaciones económicas sufridas por el país, dieron lugar al surgimiento de una nueva clase media, que comenzó a manifestar su descontento con el régimen político, específicamente con el autoritarismo y la corrupción.

Esto se pudo ver en diversas concentraciones multitudinarias, en las que la gente reclamando abarcaba un gran espectro político, desde la extrema derecha al anarquismo.

Esto se puede explicar debido a que el mandato de Putin se modeló de manera tal que dificultó enormemente la emergencia de una oposición gubernamental unificada, principalmente porque las personas contrarias a su mandato han sido encarceladas o perseguidas, decidiendo exiliarse.

Por estos motivos, Putin logró mantenerse durante 20 años en el poder, y tal vez logre incluso perpetuarse, a pesar de ciertos altibajos y siendo un líder controversial y de gran peso político, no sólo en su país sino a nivel mundial. Sin duda, será recordado por años, o quizá siglos.

**Estudiante de la Licenciatura en Relaciones Internacionales (FCPOLIT-UNR) y miembro del Grupo de estudios sobre Rusia de Rosario (GERR) y Grupo de Estudio sobre la Unión Europea (GEUE)

 

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