Tecnología

La nube tiene poder concentrado

El Club de los Cinco: ¿quiénes son los dueños de internet?

El libro de la periodista especializada en tecnopolítica Natalia Zuazo revela entramados ocultos tras una tecnología que se presenta como democrática en su acceso y uso. Nada es lo que parece, afirma. Rescata una experiencia de Santa Fe como ejemplo contra la concentración del poder digital


En el libro Los dueños de internet, Natalia Zuazo analiza el monopolio que en los últimos años generaron los propietarios de las grandes plataformas tecnológicas y las consecuencias de esa situación en nuestra vida cotidiana, a la vez que propone redes de protección contra esos avances y leyes para regular su poder.

En el libro, editado por Debate, la autora explica cómo lograron esa concentración económica Google, Microsoft, Facebook, Apple y Amazon. A ellos los engloba en lo que llama El Club de los Cinco. “Concentran tanto poder que la economía, la sociedad y las decisiones del futuro pasan por ellas”, advierte.

Zuazo, periodista especializada en tecnopolítica y autora de Guerras de Internet, su primer libro, consideró que el gran problema de este tiempo “es la desigualdad, porque hay recursos y avances tecnológicos pero esos avances están privatizados”.

Lo que sigue es una entrevista concedida a la agencia Télam:

—¿Cuál es la configuración que se produjo de Internet en los últimos años?
—En los 90 y principios de 2000 se planteaba que una tecnología como Internet nos iba a permitir expresarnos y comunicarnos más e iba a impactar en que hubiera más desarrollo y en que viviéramos mejor. Si bien se mejoró en muchos aspectos hoy estamos en otro momento de Internet: la concentración llegó a tal punto que hace solo cuatro años, en 2014, había 35 empresas que se repartían nuestros usos y consumos, pero ese número de empresas se ha reducido generando monopolios, lo que hace que los beneficios sociales de ese avance estén concentrados en pocas manos. Hoy, de los ocho hombres más ricos del mundo que concentran el 50 por ciento de la riqueza, cuatro son dueños de empresas de tecnología, lo que significa que esas empresas se volvieron otro mecanismo de concentración económica. El gran problema de nuestro tiempo es la desigualdad, porque hay recursos y avances tecnológicos para que la gente viva más, pero esos avances están privatizados y el Estado como representante de lo público ha perdido iniciativa. Dejó de ser un Estado innovador en el sentido de ser responsable y creador de tecnologías para repartirlas públicamente.

—¿Cómo se generaron esos monopolios y qué peligros conllevan?
—En el caso del monopolio de la información lo caracterizo en Facebook, donde hay alguien que está ordenando la información del mundo por nosotros y a su vez está comerciando con ese orden de la información, lo cual no es distinto a lo que hacen los medios habitualmente. La diferencia es que Facebook no dice cómo funciona el algoritmo -que consiste en una fórmula matemática- y ordena la información de una manera oscura, poco transparente y al mismo tiempo hace negocios con nuestros datos personales vendiéndolos a otras empresas e incluso ha afectado el rumbo de campañas electorales con manipulaciones de información. En el caso de la educación lo que sucede es que los monopolios terminan determinando la política: el producto tecnológico se convierte en la política educativa y lo que se pierde en el medio es la dirección política de la educación. Estas empresas tienen una ideología -dicho en palabras del CEO de Linkedln que es parte de Microsoft- que expresa que los chicos hoy tienen toda la información en Internet y que lo único que tienen que hacer es aprender las herramientas de Internet para usar esa información. Sin embargo los especialistas de educación en la Argentina y el mundo nos dicen otra cosa: hay que profundizar en el conocimiento duro de lengua y matemática para que la información no solo se encuentre sino que se encuentre críticamente, se reordene, se pueda llegar a miradas distintas. En el caso de Google, empresa que tomo para hablar de la Big data y de la inteligencia artificial, este aprendizaje automático a través de algoritmos está llevando a que se tomen decisiones que generan más desigualdad. En el caso de Uber lo tomo como excusa para determinar qué relación tenemos con la tecnología en las ciudades y hablar de la tecnología y la precarización laboral.

—¿Por dónde considerás que pasa el cambio que lleve a revertir esos monopolios?
—El cambio es político, y empieza por preguntarnos cómo politizamos la tecnología, lo que significa preguntarnos para qué fin social la queremos. Hoy estamos en una relación entre la tecnología y la política en que las empresas de tecnología muchas veces deciden sobre la política. Lo que tenemos que hacer es recuperar la capacidad de tomar el control, y cuando digo politica me refiero no solo a los políticos y funcionarios sino también a los ciudadanos: involucrarnos con distintas herramientas para modificar eso y decir cómo queremos hacerlo. Para mí el Estado debe ser emprendedor y politizar la tecnología, y eso va a cambiar el futuro.

—¿De qué manera?
—Planteo retomar el control de nuestros datos, que es lo que está haciendo la Unión Europea. Que haya reglas para que las empresas sean transparentes acerca de lo que hacen con los datos y multas si no lo hacen de manera transparente. Otra cuestión es restringir las posiciones monopólicas a través de la ley. Otra idea es negociar con las empresas, nadie está en contra de la tecnología, pero debemos decirle a esas empresas qué esperamos de ellas. Por ejemplo decirle a Uber que debe pagar cargas sociales o impuestos.

—¿Qué propuestas para revertir ese orden monopólico se dan en la Argentina y otras partes del mundo?
—En la provincia de Santa Fe existe Santalab, un laboratorio de innovación ciudadana que funciona como una interfaz de colaboración entre el Estado, las organizaciones, las empresas y los ciudadanos y desarrolla proyectos donde se prioriza el bien común y no lo privado. Y en Latinoamérica y España también hay iniciativas que se llaman tecnología de innovación ciudadana. Estas experiencias tienen poca difusión porque las empresas invierten grandes cantidades de dinero en marketing.

 

La autora

Natalia Zuazo es periodista especializada en tecnopolítica y consultora en estrategia digital. Es licenciada en Ciencia Política (UBA) y Magister en Periodismo (Universidad Torcuato Di Tella). Directora de Comunicación y Estrategia de una agencia especializada en tecnologías y contenidos digitales para política, medios y organizaciones públicas y privadas.

Desde hace una década, escribe sobre el cruce de política y tecnología en la revista Brando y en Le Monde Diplomatique Edición Cono Sur, donde también edita la sección Debates del Futuro. Colabora con en el Área Digital de la Asociación por los Derechos Civiles (ADC). Coordinó el proyecto digital de la Revista Anfibia y fue editora de noticias online en Clarín.com y Crítica, entre otros medios. Da clases y charlas sobre medios, política y tecnología en distintas organizaciones.

En 2015 publicó Guerras de internet. En 2018 salió el segundo, Los dueños de internet.

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